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Eugenia Ariano Deho



               quedará más camino que seguir el “orden” escogido (en base   La “fórmula”, aparte de dejar en la sombra el qué se
               a su propia conveniencia) por el demandante.           entienda por “pretensión accesoria” , es fuente
                                                                                                (39)
                                                                      de equívocos, pues parecería inevitablemente
               8. Sigue. La llamada “acumulación                      (cual causa a efecto) el estimar que la principal
               accesoria”                                             conduzca a la estimación de la accesoria. En
                                                                      efecto, una cosa es decir que la estimación de
               El segundo supuesto de acumulación condicional es aquella   una pretensión “accesoria” esté condicionada
               que el CPC ha llamado “accesoria”, pero a diferencia de la   a la estimación de otra , y otra muy distinta es
                                                                                       (40)
               acumulación subordinada, su tratamiento no es para nada   decir que estimada esa otra se deba estimar la
               diáfano, sino más bien bastante gris. Y es gris porque en el   “accesoria”, pues esta última, aparte de compartir
               LQHIDEOH WH[WR GHO DUWtFXOR    &3&  DO OHJLVODGRU VH OH RFXUULy   la causa petendi de su principal (o, también, que
               señalar que la acumulación accesoria se presenta cuando   la consecuencia de la estimación de la principal
               “habiendo varias pretensiones, al declararse fundada la   sea parte de su causa petendi), puede tener (y
               principal, se amparan también las demás”.              por lo general tiene) una propia .
                                                                                             (41)

               (39)   El cuándo se esté en presencia de una pretensión “accesoria” de otra es por demás incierto. Chiovenda, en su tiempo,
                    tras distinguir entre accesorios en sentido amplio y sentido estricto, señalaba que “Los accesorios en sentido amplio son,
                    JHQHUDOPHQWH  FRQH[RV GH OD GHPDQGD SULQFLSDO WDPELpQ SRU FRPXQLGDG GH WtWXOR  FDSLWDO H LQWHUHVHV   DXQ PiV TXH GH
                    DFFHVRULRV WUiWDVH  HQ DOJXQRV FDVRV  GH SDUWHV GH OD GHPDQGD  &RQH[LyQ SRU PHUD DFFHVRULHGDG FUHHQ YHU DOJXQRV HQ OD
                    acción de daños dependiente de una violación de la propiedad o de posesión cuando es propuesta con la reivindicación o con
                    OD DFFLyQ SRVHVRULD  3HUR D~Q HQ HVWH FDVR KD\ SXUD FRQH[LyQ SRU WtWXOR VL ELHQ DWHQXDGD  (Q OD GHPDQGD GH UHVWLWXFLyQ GH OD
                    cosa a base de la rescisión, pedida simultáneamente, de un acto traslativo, no hay accesoriedad, sino unión de demandas
                    condicionada  «   /D DFFHVRULHGDG QR HV  SRU OR WDQWR  XQ PRWLYR GH FRQH[LyQ SRU Vt PLVPR  VLQR XQD IRUPD HVSHFLDO GH
                    FRQH[LyQ SRU WtWXOR R SRU REMHWR  SRU OD FXDO XQD DFFLyQ VH HQFXHQWUD UHVSHFWR GH RWUD HQ XQD UHODFLyQ GH FRRUGLQDFLyQ R
                    VHFXQGDULHGDG \  SRU FRQVHFXHQFLD  OD SUHVXSRQH H[LVWHQWH´  DVt HQ Principios de derecho procesal civil. Traducción de
                    Casais y Santaló. Tomo I. Madrid: Reus, s/f, pero 1922; p. 712). Por su parte '¶212)5,2, Paolo. &RQQHVVLRQH  GLULWWR
                    SURFHVVXDOH FLYLOH . En: Novissimo Digesto italiano  9ROXPHQ ,9  7RULQR  87(7        S       WUDV UHFRUGDU ODV GL¿FXOWDGHV
                    de la doctrina sobre concepto de accesoriedad antes y después del CPC de 1940, considera que puede precisarse “en el
                    sentido de que demanda accesoria aunque teniendo un contenido autónomo, por lo que bien podría ser accionada ante el
                    MXH] %  SXHGH  VLQ HPEDUJR  VHU SODQWHDGD DO MXH] $ HO FXDO FRQRFH GH RWUD GHPDQGD  FRQ OD FXDO HVWi FRQHFWDGD FRQ QH[R
                    de dependencia y de subordinación”. El tema, al día de hoy, sigue siendo incierto. Así MONTELEONE, Girolamo. Manuale di
                    diritto processuale civile. 6ta Edición Volumen I. Padova: Cedam, 2012; pp. 81-83, partiendo de la premisa de que “la noción
                    GH DFFHVRULHGDG QR WLHQH XQ ELHQ GH¿QLGR FRQWHQLGR WpFQLFR MXUtGLFR HQ JHQHUDO  \ SURFHVDO HQ SDUWLFXODU  SUHVWiQGRVH FRPR
                    consecuencia a interpretaciones inciertas y disformes”, considera demanda accesoria aquella que “pese a tener petitum y
                    causa petendi autónomas, represente una consecuencia lógica y jurídica de la demanda formulada en la causa principal”,
                    DJUHJDQGR TXH ³XQD GHPDQGD SXHGH FDOL¿FDUVH DFFHVRULD  FXDQGR HQFXHQWUD VX IXQGDPHQWR HQ OD SULQFLSDO  SRU OR TXH
                    desestimando ésta por el fondo también aquella cae, pero no viceversa”.
               (40)   Cfr., SATTA-PUNZI, Óp. cit.; p. 51, para quienes “La accesoriedad es una relación de carácter sustancial, por la cual la
                    pretensión que forma objeto de la demanda accesoria, aunque siendo autónoma, tiene su título en la pretensión que forma
                    objeto de la demanda principal, de cuya estimación ella depende”.
               (41) Así, si se pretende principalmente la reivindicación de un bien y “accesoriamente” la devolución (o el valor) de los frutos,
                    si se declara infundada la reivindicación, tal declaración arrastra también la referente a los frutos, pues la reivindicación
                    más que seguramente se habrá desestimado en atención a que el actor no era (o no probó ser) el propietario del bien,
                    por lo que el demandado (poseedor legítimo), no tendría frutos que devolver (o pagar su valor) a nadie. En cambio, si se
                    estimara la demanda de reivindicación, no está dicho que el demandado perdedor, se verá también condenado a devolver
                    ORV IUXWRV SHUFLELGRV  R SDJDU VX YDORU   SXHV HOOR GHSHQGH GH VL  DQWHV GH OD QRWL¿FDFLyQ GH OD GHPDQGD  HO GHPDQGDGR
                    era poseedor ilegítimo de buena fe (artículo 908 CC) o de mala fe (artículo 910 CC). Ergo, mientras que para la estimación
                    de la reivindicatoria no tiene relevancia que el poseedor demandado sea un poseedor de buena o mala fe, bastando
                    simplemente que se determine que es ilegítimo pues el derecho de propiedad le corresponde al actor, para la estimación de




               Revista IUS ET VERITAS, N° 47, Diciembre 2013 / ISSN 1995-2929          206  IUS ET VERITAS 47
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