EL PAJARO CARPINTERO
(Leyenda)
Hacia años atrás cuando todo esta parte de la selva no era muy habitada, existía un anciano que tenía su chacrita, pero era tan haragán que la hierba cubría todo sus sembríos de pan llevar.
Y era bien malo, pues por su casa pasaban las personas para ir al pueblo, era el único camino disponible que había, pero este anciano a diestra y siniestra les disparaba, pues pensaba que venían de robarle y que sus productos los llevaban a vender al pueblo. Entonces todas las personas le tenían gran temor, y solo pasaban por el lugar cuando este se emborrachaba, es decir cada tres días.
Su terreno también abarcaba grandes extensiones de árboles madereros; un día se acercó un joven, muy elegante, a la casa del anciano, tenía la camisa de color negro (saco) y otra blanca, y un elegante pantalón del mismo color que la primera camisa. El anciano todo enfurecido agarró su escopeta y le apuntó a la cabeza, con voz amenazante le dijo:
- ¿Tú quien eres?, ¿por que vienes a mi casa, seguro a robarme algo vienes?
El joven mudo por el susto, movió su dedo índice haciendo ver que no era esa el honor de su visita, y con voz entrecortada, le hizo ver que el anciano tenía mucho dinero tirado en su chacra. El anciano sorprendido se preguntó donde había botado dinero, o que quizás alguien había esparcido dinero, pero cuando el joven le dijo que los árboles que tenía en su chacra valían mucho, este abrió los ojos como el del mono cuando ve comida.
- Y cuanto me pagarás por cada árbol - le pregunta el anciano
- Bueno por cada uno te pagaré 10 Intis - le dice el joven
El anciano feliz, echa filo a su hacha y empieza a tumbar cuanto árbol podía, es así que en su primer pago recibe gran cantidad de dinero, feliz, se va al mercado de Tingo María y se compra una camisa manga larga de color roja, y un nuevo pantalón negro, así como un hermoso sombrero de copa ancha, y unas nuevas botas, además claro de sus víveres. Ese día se paseo por todo el pueblo para que la gente viera su nueva vestimenta, y siempre salía con aquella ropa a cortar los árboles.
El anciano estaba feliz por su nueva fortuna, pero en vez de calmar su ira contra las personas, este se encendía, por que pensaba que ahora, le robarían su nueva fortuna, con escopeta a mano andaba por su chacra, es así que un día la señora Camucha por tratar de espantar a sus gallinitas de la chacra de este viejo, recibió un balazo, y fue llevada de emergencia al hospital, por eso todos le tenían miedo a este viejo.
El anciano con el tiempo derribó todos su árboles y había amasado gran fortuna, pero aun quería mas dinero, así que divisó que en el bosque continuó había buenos árboles, incluso de troncos mas gruesos del que había tenido en su chacra, entró y empezó a derribar todos los que pudo, como vio que recibía más dinero, se propuso a derribar todos esos árboles añejos que había.
Así llego cerca de un pantano, donde un inmenso Renaco crecía fervientemente, y su gruesor era más que todos, era bien viejo, según parecía; el anciano vio que su fortuna aumentaría considerablemente con ese árbol y decidió cortárselo. Así que agarró el hacha y empezó a darle duro, el árbol poco a poco iba cediendo a los intensos cortes que le hacía el hacha. Pero llegó la noche y no pudo cortarlo, entonces pensó - para mañana debo terminarlo y seré mas millonario aún - diciendo esto se fue a su casa.
Al día siguiente regresó entusiasmado al lugar del Renaco, pero ¡Sorpresa!, el árbol estaba intacto, como si nunca le hubiesen dado a hachazos. El anciano sorprendido y enojado, empezó a golpear con fuerza, pero estaba vez parecía más duro que antes, a cada hachazo que daba, brincaban las chispas, como si estuviera dándole a un pedazo de acero, la noche se acercó y el Renaco a punto de caer tuvo que ser dejado para el día siguiente, enojado el anciano se retiró a su domicilio.
En la noche el anciano tuvo una revelación, era la madre del Renaco que le decía:
- Que te hice yo para que quieras tumbar mi casa, ¿Acaso yo hago lo mismo contigo?, reflexiona, por que si sigues con esa actitud, te convertiré en otro ser, para que aprendas a cuidar lo que no es tuyo.
A la mañana siguiente el anciano, frunciendo el ceño se fue a terminar el trabajo, pensando - ¿a mi con amenazas? ¡Tonterías! - y se fue. Y de nuevo el árbol estaba intacto - que raro se dijo - y más enojado aún empezó a darle duró, los golpes de los hachazos se escuchaban hasta el pueblo, todos decían, ¡Don Mishaco esta tumbando árboles no vayan por aya!
Cuando estuvo a punto de tumbarlo, del árbol salió una voz que decía:
- Maldito anciano, que no te compadeciste de mis plegarias pues ahora te convertirás en un ave del color de tu ropa, y vivirás de lo que los árboles te den y construirás en ellos tu morada.
En ese momento, salieron unas luces de colores, y bastante humo, que al disiparse, sólo quedó el anciano convertido en un ave de color rojo y negro, chillando voló por los cielos, y en el pueblo quedaron mudos pues los hachazos no se volvieron a escuchar y nunca más supieron del paradero del anciano, sólo un brujo lo pudo reconocer, cuando en sus sueños el anciano le pidió que no lo matasen, pues se trataba de él y que había aprendido a valorar las cosas pero muy tarde, y que su cólera era para los árboles, en especial para el Renaco.
Por eso hasta ahora el pájaro carpintero sigue tratando de tumbar a los árboles con su pico filudo, cosa que jamás lo logrará, además come de los insectos que se encuentran incrustados en la corteza de los árboles, por eso dicen los comentarios, que aun sigue maltratando a los árboles a pesar de su castigo.
C. P. C. Julio César Pinedo Reátegui