DORIA Y LOS TULUMAYOS
En el kilómetro 51, carretera Tingo María-Aucayacu, existe un pueblo del mismo nombre, y por sus riberas pasa el río Tulumayo.
Doria, era un joven que le encantaba las aventuras, y por eso siempre, se sentaba a oscuras de la noche en su campo, y divisaba las estrellas, tratando de ver, que cosas haría al día siguiente. Esta era la rutina que cumplía Doria.
Un 22 de junio, vísperas para San Juan, Doria trataba de razonar donde podría ir a pasar la fiesta de San Juan, y no podía concentrarse. Si me voy a la playa, no habrá nada de emoción, si me voy a la cueva, peor, y si me quedo aquí, será más aburrido - se decía Doria apenado. Eran ya las once de la noche y Doria no podía decidirse, así que se recostó en la pampa, y trato de pensar con los ojos cerrados, para ver si descubría una visión.
Al llegar las doce de la noche, Doria aún no podía descubrir a donde podía irse, al levantarse para ir ya a descansar, descubrió que alguien había prendido fuego en su chacra, así que apresurado corrió, para ver lo que sucedía, y tratar de apagar el fuego, pero no percibía olor a humo en el aíre, ni percibía que el fuego se regara por los alrededores, parecía que alguien había acampado en ese lugar y que había prendido fuego para calentarse.
Así que trato de investigar de quien había sido el usurpador, así que como un tigre que busca a su presa se deslizo por la pampa, y al llegar al lugar, grande fue su sorpresa de encontrar a mucha gente reunida y sólo tapado con Ropa hecha de paja, y que danzaban alrededor de una gran fogata, pero parecía que la fogata no se consumía, por que continuaba tal como estaba.
Atónito empezó a ver, como la gente gozaba de su fiesta, comían en abundancia y bebían, pero siempre danzaban alrededor de la fogata. Fue tanta la sorpresa que decidió acercarse a ellos, y la danza se paralizó, y todos miraban con sorpresa al intruso, por que jamás habían visto persona alguna por ese lugar. Empezaron a conversar entre ellos, pero Doria no entendía nada de lo que conversaban. Un anciano vino, y convido su comida, y como Doria estaba tan hambriento, que sin pensarlo dos veces se lo engulló todo, e invitaron a Doria a la fiesta, danzo con ellos toda la noche.
Había también, un niño que comprendía lo que Doria decía, y le dijo:
– Tú no eres de esta época, por que no usas ropa como nosotros, y tampoco hablas nuestra lengua.
Doria asombrado por lo que escuchaba no podía hablar. Hizo un esfuerzo y empezó a conversar con el niño:
– Yo se que vives en otra época, el Dios fuego nos habló de tu venida y nos dijo que tu sacarías nuestra historia del anonimato - le dijo el niño.
– Pero quien te enseño a hablar en mi idioma – le dijo Doria.
– Bueno es otra cosa que no entenderías – le dijo el niño.
El niño le iba contando todo lo que preguntaba Doria. Al llegar las 4 de la mañana, el niño le dijo, tenemos que irnos por que nuestra fiesta terminó, y se empezó a alejar, Doria gritó:
– Y como se llaman.
– Y una voz dijo: “Somos los Tulumayos”.
Doria no podía creer de lo que había pasado, había estado con los Tulumayos. Al día siguiente muy temprano se fue al lugar donde había estado en la noche, y escarbando encontró varias armas de los Tulumayos, y se juró jamás pisar esa tierra por que era tierra santa. Y es así como Doria pasó a la historia, y jamás quiso tener otras aventuras, y siempre esperaba los 22 de Junios para ver si aparecían los Tulumayos en ese lugar.
C. P. C. Julio César Pinedo Reátegui