FOLCLORE
LA BELLA DURMIENTE
(Leyenda)

El jefe de los tingaleses narraba a sus súbditos, en las noches de luna y alrededor de una hoguera, las grandes hazañas que realizaron sus antepasados.

-        Ese cerro que ven - decía mirando a la Bella Durmiente - antes no existía, ese cerro es una de las hijas del Dios Viracocha, a la que convirtió en esa montaña por desobedecer sus órdenes. Antes todo este lugar era una extensa pampa donde vivían los animales y los hombres en completa armonía, como hermanos. De pronto apareció la discordia y el odio; los animales y lo hombres empezaron una feroz lucha entre ellos. Al ver esto el Dios Viracocha, envió a su hija para pacificar el lugar. Pero entonces le advirtió que no vaya a tener hijos de algún mortal, si así lo hiciera, sería castigada.

La luna se movía lentamente en el espacio. Alumbrando el bosque dormido. El jefe de los Tingaleses seguía contando:

-        En cuanto llegó la mensajera del Dios Viracocha, reunió a los animales y hombres y les manifestó que era vivir mejor en armonía y en paz, que este era el deseo de su padre. Les habló tan dulcemente que todos le hicieron caso, volviendo a reinar la tranquilidad.

Todos escuchaban atentos la narración:

-        En la tribu - decía - vivía un apuesto y esbelto joven, de quien quedó prendada la hija del Dios Viracocha y con la ayuda de la Chicua, llegaron a ser amantes. Por entonces la Chicua era un ave de hermoso plumaje, cuyos ojos brillaban como rubíes. Entonaba un canto melodioso y enternecedor, que cautivaba a quien le escuchara.

Y la luna andaba por el cenit alumbrando la Bella Durmiente, y el jefe seguía contando:

-        Cuando el Dios Viracocha conoció que su hija había desobedecido sus órdenes, aceptando un amante, y que de esa unión había nacido un niño, decidió darle un terrible castigo. Su intención era convertirla en el ser más horripilante de la tierra, peor por ruegos de su esposa, quien le imploró que tuviera piedad de su hija, el Dios Viracocha cambió de parecer, y decidió convertirla en una montaña.

Todos miraban a la montaña atónitos del castigo impuesto a la hija del Dios.

-        Ese día se oscureció - continuó. Empezaron a caer rayos, y los truenos retumbaban en el infinito; la tierra comenzó a temblar y cuando se disiparon las tinieblas, apareció el paisaje que se ve ahora. Su hija quedó transformada en una montaña, y desde entonces se le conoce como el cerro de la Bella Durmiente. Al amante lo convirtió en el feo Chullachaqui, y al hijo de ambos en el Yacuruna.

La hoguera calentaba la noche como queriendo dar valor a los escuchantes, y los polvillos encendidos volaban por el cielo pálido.

-        A la chicua le privó de su vistoso plumaje, y su canto melodioso se convirtió en instigador. La convirtió así, en ave de mal agüero, para que sea temida por los hombres. Alos demás habitantes los dispersó por la selva, formándose así las diversas tribus.

La luna se ocultaba tras el cerro de la Bella Durmiente, cuando el jefe terminaba de contar la historia…


Prof. Saturnino Meza Deza

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