LA DIOSA DEL AGUA
(Leyenda)
Cierta vez, cuando dos pobladores pescaban en el río llamado Cueva de las Pavas, encontraron una muchacha de unos 18 años aproximadamente, quien lucía un cabello rubio, ojos azules y un esbelto cuerpo totalmente desnudo, quien dormía placidamente en una de las pozas. Los pescadores más que asustados se sorprendieron de ver tan escultural mujer descansando placenteramente con las caricias de los rayos de la luna llena en aquella noche oscura.
Estos pescadores decidieron volver para contar a los demás pobladores del lugar sobre tan sorprendente hallazgo, y así lo hicieron, además preguntaron si habían visto llegar a tan hermosa mujer, y si así fuese, como es que a esas horas de la noche se encontraba solitariamente en la poza de agua. Los pobladores más incrédulos aún, se enrumbaron al lugar señalado por los pescadores, y allí, si allí, seguía durmiendo apaciblemente.
Pero fue tanto el bullicio y murmuro de estos pobladores que la bella muchacha se despertó y también se sorprendió al ver tanta gente observándola; sin embargo les sonríe y nadando así a la orilla se acerca a ellos y les dice "Hola amigos, soy la DIOSA del agua y vivo aquí, este es mi lugar, y siempre que sale la luna salgo de la poza y disfruto de este ambiente muy hermoso en soledad. Pero ahora me encontraron, deseo hace un pacto con ustedes. Quiero darles este lugar como un paraíso donde disfrutarán muchas cosas bellas a cambio de que me protejan, me cuiden y nunca me hagan daño, y si alguna vez esto sucediere, todos ustedes sufrirán mucho por que yo desapareceré o me convertiré en piedra". Dicho esto, los pobladores pactaron con tan bella mujer, quien al ver que la luna se ocultaba se sumerge en el agua y desaparece.
Al día siguiente los pobladores empiezan a ver muchos cambios en el lugar, así flores hermosas orquídeas sobre los árboles, animales de toda clase como mono, loros, venados, pavas, picuros, añujes, en fin toda especie que convive con los pobladores, se paseaban apaciblemente en dicho paraje, por otro lado el agua estaba inundada de cardúmenes de peces, y los árboles abarrotados de comestibles y agradables frutos silvestres y también con bellísimas mariposas de colores.
En realidad todo el lugar era un paraíso que el poblador de la zona gozaba abiertamente y sin restricciones. Y es así que de esta manera de vivir se prolongó por muchos años, disfrutando del lugar y acudiendo a la poza todos los días de luna llena para observar a la Diosa del Agua, quien descansaba en las diferentes rocas que existían en el lugar.
Pero llegaron dos forasteros, Juan y Luís, que acampaban en la casa de unos de los vecinos y piden alojamiento por solo unos días, ya que están de paso; pero mientras desean descansar y comer para luego proseguir su camino. Estos forasteros en los días que permanecen en el lugar se enteran de la existencia de la Diosa del Agua, sin embargo ellos no creen, pero murmurando dicen: "Habrá que ver para creer". Y es así que ellos siguen a uno de sus vecinos al lugar donde se encontraba la Diosa de aquel riachuelo, y al llegar al lugar se quedaron totalmente sorprendidos al ver a la bella joven recostada y dormida sobre una de las rocas de las muchas que se encontraban allí.
Ignorando que se trataba de una Diosa, a uno de ellos le entra la codicia y dice a su acompañante:" Juan, esa no es una diosa, es una muchacha común. Seguramente es hija de alguno de los pobladores y están tratando de conservarla, así que como nosotros estamos de paso, vamos haciéndola nuestra ¡NO!, le increpa el otro, ahora no, vamos haciendo un plan para mañana, venimos cuando todavía no sale la luna, así cuando ella aparezca nosotros seremos los primeros en verla y la cogemos y la hacemos nuestra".
A la noche siguiente, con el plan que habían trazado, se internaron en la oscuridad de la noche rumbo a la poza donde habían visto a tan bella mujer. Uno de ellos dice:" Lucho, por aquí le hemos visto, es por este lugar que tenía que aparecer". "Así es Juan", le contestó su acompañante, además dice: " Yo me meto al agua y tu esperas tras la roca, y cuando se nos aproxime nos abalanzamos sobre ella". Efectivamente, cuando en la oscuridad de la noche, la luna empieza aparecer iluminando con sus rayos toda la poza, de sus profundidades emerge la Diosa del Agua, y una vez que esta cerca de ellos, se abalanzan sobre ella tratando de atraparla; el que estaba en el agua le coge de las rodillas y el que estaba tras las rocas, le abraza por la espalda.
Como si fuera por arte de magia, en esos momentos aparecen unas luces alucinantes que ofuscan la vista de los forasteros, y durante el forcejeo sienten que la muchacha endurece y que se va agrandando. Cuando reaccionan, atónitos ven que el cuerpo se ha convertido en roca.
Los forasteros asustados por lo sucedido, salieron corriendo despavoridos y llegaron a la casa donde le habían dado hospedaje, cogieron sus cosas y se marcharon apresuradamente del lugar con rumbo desconocido, si que nunca más se supiera de ellos.
Al día siguiente, el de las Cuevas de las Pavas es un bullicio de aves, una loquería de animales, los árboles frutales se empezaron a secar, los frutos y las orquídeas se caen a la ves que los peces huyen río abajo hacia el huallaga; los pobladores no salen de su asombro, no se explica lo que esta sucediendo.
Se junta un buen grupo de lugareños encaminándose a la poza y para sorpresa de ellos, que las rocas tienen otro aspecto, y es así que cuando centran sus miradas, ven el cuerpo de la Diosa del Agua petrificado junto a las demás rocas.
Esta es pues la gran leyenda de la Diosa del Agua, la cual tiene según sus costumbres del lugar, un gran secreto el cual dice:"Aquellas parejas de enamorados o de matrimonio que buscan perdurar o perpetuar su felicidad, tienen que acudir en una noche de luna a bañarse para purificar sus cuerpos, y así lograr la felicidad que tanto anhelan".
Romel López Pérez