EL ZAPATERO
Era una tarde cuando el zapatero salía de su trabajo, y se encontró con un amigo, este tenía por esposa a una bella mujer, pero el zapatero se había enamorado perdidamente de ella, sin ver los obstáculos que había entre el y ella, invita a su amigo a tomar en un barcito, y en plena conversación el zapatero dice:
- Ricardo, tu mujer es mi amante.
- ¿Qué dices? – le contestó su amigo.
- Si, si tu mujer es mi amante.
Ricardo no le cree, pero a exigencias del zapatero, Ricardo saca conclusiones y dice:
- Si tú dices que mi mujer es tu amante, entonces ¿Qué tiene ella en su cuerpo y es grande?, solo tú y yo debemos saber, anda dime pues.
- Sabes, en verdad no me he fijado muy bien – contesta el zapatero.
- Si es cierto lo que me dices, yo te la dejo a buenas maneras sin hacer problema alguno – hablo Ricardo.
Al día siguiente cuando Ricardo tiene que ir a trabajar, le dice a su esposa:
- Mujer, no quiero que salgas a ninguna parte, no vas a recibir a nadie, ni señoras, a nadie, ¿entiendes?
- Pero ¿por que esas cosas Ricardo? – le dice la esposa.
Pero Ricardo sin hacer caso se va, en la noche una lluvia torrencial, y su esposa de la mujer no podía regresar a su casa, así que opta por alojarse en casa de un amigo, pero el zapatero estaba pensando en el lío en que se había metido, y una señora que pasaba por su casa toda empapada, le dice:
- Joven, déme hospedaje por favor y yo te devolveré tu favor en otro.
- Y tú ¿quién eres? – le dice el zapatero.
- Solo soy una anciana que necesita donde dormir y busca un refugio.
Viendo el cuadro que tenía la frente, el Zapatero le hace pasar a la casa, y mientras cenaban, la anciana se da cuenta de su tristeza del joven, y le pregunta:
- Y por que estas triste.
- No es cosa de su incumbencia – le contesta.
- Pero derrepente te puedo ayudar joven.
- Bueno, quiero saber que tiene en el cuerpo la mujer de mi amigo.
Y comienza a contarle todo desde el comienzo, entonces la anciana pasada la lluvia, le dice.
- No te preocupes, yo te ayudare, por tu hospitalidad.
Y la anciana recoge hormigas y otros insectos en un frasco y se va a casa de la esposa de Ricardo, toca la puerta y sale la mujer:
- Señora, por favor, ¿podría darme hospedaje hasta que el alba salga? – le dice la anciana – la noche es peligroso para una anciana indefensa como yo, además mi casa esta lejos aún.
- Pero mi esposo me dijo que no recibiera a nadie, pero no importa usted no me hará maldad alguna, por favor pase.
Dándole un lugar para que descase la anciana, se aleja a dormir, y después de unos minutos, la anciana camina hasta la recamara de la mujer y suelta los insectos del frasco, y se va, al ratito la mujer se levanta gritando, la anciana corre hacia ella, y le dice:
- Hija sácate la ropa para ayudarte a sacártelos, además estamos entre mujeres.
Al quitarse la ropa, la anciana se da cuenta que la mujer tenía un lunar tamaño de una moneda en la pierna derecha, terminado el trabajo, la anciana se despide de la mujer y se va directamente a casa del zapatero y le cuenta todo. Al llegar Ricardo a la casa, pregunto si alguien había venido, y ella por temor a su marido, le dijo que nadie había venido.
Un día domingo ambos amigos nuevamente se encuentran, y entre licor y licor, comienza la disputa entre la mujer.
- Y dime – dice Ricardo – ¿ya sabes que tiene mi mujer en su cuerpo?
- Te lo diré si cumples tu palabra, sobre la promesa que me hiciste.
- Está bien – respondió – dime nomás.
- Bueno, tu esposa tiene un lunar tamaño de una moneda en la pierna derecha.
Entonces Ricardo ofuscado por los celos, le agarro a puñetazos limpio al zapatero, luego se fue a casa y le golpeo a su mujer y echándole en un baúl le abandonó en el río, que con el caudal se la llevó lejos de ahí.
El baúl llegó a un pequeño pueblo lejos de ahí, y unas personas que pesaban la sacaron del agua, y cuando la abrieron encontraron a la mujer dentro. Ella de cólera se cortó el cabello y se reclutó en el ejército, y fue aceptada pues todos pensaban que era varón, después de unos meses empezaron a sospechar de que era mujer, y los soldados planearon un desfile, en el pusieron a un lado flores hermosas y al otro lado armamento:
- Si dice, que lindas flores, entonces en mujer – dijeron.
- Pero si dice que lindas armas, entonces es varón.
Pero el plan no salió como ellos quisieron, pues la mujer escucho todo en una conversación de ellos, ya en el desfile, el avió lindas las flores, pero deseándolas con la vista, volteo y dijo ¡Que lindas armas!, y por su forma de expresión y decisión, la nombraron General. Así que como primera medida, mando a recoger a todos los borrachitos del pueblo, entonces ella las bañaba con agua fría uno por uno y preguntaba sus motivos, sino era buena, entonces los encerraba.
Unos días después, la patrulla recogió muchos borrachitos, el General, preguntándoles uno por uno y zambulléndolos en agua fría, fue botándolos, y solo quedaron dos borrachitos sucios y harapientos, estaban dormidos, entonces agarro al primero:
- Como te llamas borracho – Dijo ella.
- Alfonso mi general – respondió.
- Que profesión tienes.
- Zapatero mi general.
- ¿Por que te embriagas tanto?, ¿por que eres borracho perdido?
- General, por que me arrepiento de haber mentido a mi amigo, de que su mujer era mi amante, lo cual no era cierto.
- Y tú – le preguntó al otro – ¿cómo te llamas?
- Ricardo mi general.
- ¿Cuál es tu profesión?
- Profesor mi jefe.
- ¿Por que te embriagas tanto?, ¿por que eres borracho perdido?
- Por que mi amigo me engañó que era amante de mi mujer y yo la boté al río en un baúl, pero la quiero mucho, no puedo vivir sin ella, pero no la encuentro, y pienso que se murió por mi culpa, y por eso tomo mi general.
Entonces ella entre llanto y lágrimas comprendió lo sucedido, les perdonó y salió del ejército y se fue a vivir con su esposo una nueva vida junta y feliz.
Francisca Dionisio Zambrano
D. N. I. Nº 23019425