LA NIÑA QUE NUNCA VOLVIO
Cuando el sol se ocultaba en los cerros, la única fuente de luz es el brillo lunar, que es insuficiente para poder iluminar los temores de los pobladores tingaleses que constamente eran engañados por el diablo del bosque, conocido comunmente como Chullachaqui o Shapshico.
Era una familia que tenía tres lindas hijas, la mayor tenía 11 años, la segunda 7 y la última 3 añitos, la familia subsistía de lo que su chacra producía, plátanos, yucas, naranjos, y cualquier cosa que creciera para ser vendido. El padre era una persona feliz, al lado de su esposa cuidaban la chacrita, que a parte de brindarles el alimento diario, les proporcionaba un paraiso para pasear.
Pero un día, el padre corto varios racimos de plátanos y se fue a la ciudad para venderlos, bueno, la venta estuvo de mil maravillas y se dispuso a comprar regalos para sus hijas, a la última le compró un hermoso vestido color celeste:
- Este será para mi princesita querida - se dijo.
Entre tanto, la madre encargó a su hija mayor que cuidara de las pequeñas, mientras ella se hiba a la quebrada a lavar la ropa, pasaron varias horas, y las pequeñas empesaron a preguntar por su mamá, y como no la veían se pusieron a llorar, la mayorcita no sabía que hacer, ya que no podía con dos hermanitas llorosas.
y lo peor es que la segunda niña de tanto llorar se puso mal, así que la mayorcita preocupada corrió en busca de su madre querida, pero por la apurancia dejo la puerta entre abierta. Corriendo y agitada llegó en su madre y le contó lo sucedido, así que emprendieron camino de regreso a casa; cuando llegaron grande fue la sorpresa de no encontrar a la ultima, la buscaron en vano ya que no aparecía por ningún lado.
Al llegar el padre, las encontraron llorando, y cuando supo la verdad, se enojó no con ellas sino con la persona que se hizo pasar como la madre de la criatura.
- Haber cuéntame hija, como fue la persona la que se llevó a tu hermanita.
- Pero si fue mi mamá la que vino y se la llevó, yo la ví - dijo la enfermita.
Entonces el padre se en busca de sus vecinos y comenzaron a buscar por el bosque.
- Ese maldito Chullachaqui la pagara caro si lo encuentro - se decía el padre.
La búsqueda duró tres días pero en vano fue, ya que no puedieron encontrarla, recorrieron laderas, árboles viejos, matorrales espinosos, pero ni rastro de la pequeña.
Cansados regresaron a sus hogares, la familia estaba cortada en pedazos, ya que a su winsha, el chullachaqui se los habíaa robado y el vestido celeste quedó enterrado como muestra de su dolor y pesar.
C. P. C. Julio César Pinedo Reátegui