propuesta Socialista

Por la Revolución Socialista Mundial

  


EDITORIAL

Se acaba el tiempo

Los prepotentes, desesperados, avisados y avispados TLCeístas (que no quieren perder el tiempo porque para ellos el tiempo son colones, dólares ... oro)  están por ganar la batalla.

¡No, como consecuencia de que manejan grandes capitales que volcaron a la publicidad, una publicidad mentirosa que echó mano de los mismos argumentos de su socio Bush ante el terrorismo: el miedo!. ¡Tampoco, debido a que la prensa de todo tipo (esa que reclama enormes libertades para ella y que la niega a sus adversarios y críticos) está totalmente comprometida en los jugosos dividendos que le deparará el tratado!. La razón está, por un lado, en que los no TLCeístas no aplicaron la táctica de unidad de acción; por otro lado, no son antiTLCeístas.

 El frente no TLCeísta es muy heterogéneo. Están los que quieren renegociarlo; los que quieren TLC con otros y no con EEUU; los ilusos que piensan que se pueden fortalecer el ICE, AyA, el INS, el sistema de salud, la educación, etc. y entonces el mencionado tratado no nos afectará. También están los que tuvieron arte y parte en la historia costarricense de los últimos 25 años y hablan de la pérdida del llamado “modelo solidario” y se olvidan que el mismo nunca existió; los que dicen que hará más grande la “pérdida del estado social de derecho” y nunca presentaron batalla ante el continuo avasallamiento; los que llaman a que no desaparezcan el pequeño productor agrario, el pequeño comerciante, el pequeño industrial y no vieron como, en el último cuarto de siglo, ese fenómeno se fue dando de manera sostenible. Tampoco podemos olvidar que hay quienes discuten si lo que está en cuestión es un tratado o un acuerdo; los que opinan que si no se fortalecen las PyMEs todo será monopolio transnacional; y no nos olvidemos de los que sostienen que se puede humanizar la preocupante y triste situación que viven “los que menos tienen” también llamados “los menos favorecidos”  si se lograra recuperar el mundo de los valores perdidos en el tiempo y se entronizara el reinado de la ética y la moral. No podemos negar que, vistos aisladamente, cada uno de esos sectores tiene parte de razón. Tan variado frente pudo enfrentar el reto si, conservando las diferencias, constituían un solo bloque con una sola consigna “el TLC no pasará” y para ello organizaban al movimiento para dar, en la calle, la batalla. Pero, esa unidad de acción no se hizo.

Pensemos tan solo en los grandes sindicatos que hay en el país: del ICE, de la CCSS, de AyA, del INS, de los bancos estatales, de las universidades públicas, de los docentes; agreguemos las federaciones universitarias (en la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional, el Instituto Tecnológico de Costa Rica). Pensemos en todos ellos y en el enorme poder de llegada a la población que tienen. ¿Nos van a decir que se necesitan grandes capitales para explicar a los ciudadanos que se relacionan, de una manera o de otra, con cada uno de los que hemos enumerado, lo que significa el TLC?.

Por otra parte, es poco probable que ante una burguesía que se montó en una realidad que a nadie le gusta y que, hábilmente (aunque con mentiras y ocultando su indudable responsabilidad en la gestación de tal orden de cosas) propone un cambio, se pueda vencer defendiendo lo que mortifica.

 La única respuesta seria es que todo planteo de oposición exige un propuesta alternativa. De lo contrario, la confusión que se genera es el caldo de cultivo en el cual la burguesía que propone un modelo, tiene todas las de ganar.

Es muy difícil decirle a quien no tiene empleo, o que tiene pésimo salario, o indignas condiciones laborales  que el TLC habrá de perjudicarle si en las actuales condiciones lo está. También es muy difícil convencer a un cliente de una empresa pública que sufre las malas prestaciones de servicio, que el TLC lo complicará. Los que van a los hospitales y deben esperar meses para ser tratados, atendidos, operados, etc., no tendrán buenos oídos.

Es tiempo de elaborar una propuesta que sea alternativa al TLC. Pero debe dar respuesta a los casos que nos presenta la vida cotidiana. Debe, consecuentemente, responder al desempleo, al salario de hambre, a la sobreexplotación, al necesario manejo transparente de los recursos financieros de la empresas públicas, a las necesidades acuciantes de los estudiantes y sus familias, a los enfermos, desvalidos y desprotegidos, a los empobrecidos productores. Debe convocar a una gesta nacional por una nueva sociedad,  una nueva República.

Para nosotros esa nueva República debe ser realmente solidaria, debe garantizar el respeto y la tolerancia en la diversidad, debe dar valor a toda ocupación por el solo hecho de ser útil, debe hacer efectiva la justicia pronta y cumplida, debe implantar la democracia como una práctica cotidiana y no un ejercicio electoral cada cuatro años, en la que los ciudadanos presenten propuestas, las discutan, tomen resoluciones, den mandato a sus representantes-delegados y controlen el desempeño de estos.

Dicha nueva República tiene nombre y apellido: República de Trabajadores . Con dos objetivos muy concretos: garantizar a todos los habitantes la satisfacción de todas sus necesidades y seguir desarrollando las fuerzas productivas.

Satisfacer necesidades por cuanto nada de lo humano puede quedar por fuera en nombre de modelos que, con el cuento del mercado, aumentan la división de la sociedad en propietarios y desposeídos.

Desarrollar las fuerzas productivas (hoy estancadas) para poder emplear el libre conocimiento y el uso de la tecnología para lograr más beneficios sin exclusiones, sobre-explotación y represión, que es el verdadero programa  de la burguesía imperialista y sus aliados y socios locales. 

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