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propuesta Socialista Por la Revolución Socialista Mundial |
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Nota
de tapa:
TLC,
Katrina: Barbarización creciente. Nota
de contratapa: A
65 años del asesinato de León Trotsky. Tema central: Katrina. 1. Estados Unidos: Huracán de pobreza 2. Lo que Katrina sacó a flote. 3. Cambio climático: Katrina es sólo una muestra. Panorama
nacional Las
elecciones del 2006: ¿Un deber cívico?. Miguel
Ángel se adelantó al TLC. Campaña
contra las sanciones del MEP a los educadores por paro en defensa de
compañero asaltado. Panorama internacional Desde
la selva Lacandona: El EZLN llama a luchar contra el capitalismo,... Bolivia:
100
clanes familiares son dueños de la tierra. Bolivia:
Capitalismo sí, socialismo para nada. Los
hombres más ricos del mundo. Otros
panoramas Declaración
del POScr:
Los
socialistas y los mal llamados “desastres naturales”. Campaña
solidaria:
O.
Barrantes e I. Angulo amenazados de ser encarcelados. Espacio
permanente de las mujeres:
¡Sí
al dominio de la Libertad! De
nuestros lectores:
Poesía
de Fernando Mora R.
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EDITORIAL |
Se
acaba el tiempo
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Los
prepotentes, desesperados, avisados y avispados TLCeístas (que no quieren
perder el tiempo porque para ellos el tiempo son colones, dólares ...
oro) están por ganar la
batalla. ¡No,
como consecuencia de que manejan grandes capitales que volcaron a la
publicidad, una publicidad mentirosa que echó mano de los mismos
argumentos de su socio Bush ante el terrorismo: el miedo!. ¡Tampoco,
debido a que la prensa de todo tipo (esa que reclama enormes libertades
para ella y que la niega a sus adversarios y críticos) está totalmente
comprometida en los jugosos dividendos que le deparará el tratado!. La
razón está, por un lado, en que los no TLCeístas no aplicaron la
táctica de unidad de acción; por otro lado, no son antiTLCeístas. El
frente no TLCeísta es muy heterogéneo. Están los que quieren
renegociarlo; los que quieren TLC con otros y no con EEUU; los ilusos que
piensan que se pueden fortalecer el ICE, AyA, el INS, el sistema de salud,
la educación, etc. y entonces el mencionado tratado no nos afectará.
También están los que tuvieron arte y parte en la historia costarricense
de los últimos 25 años y hablan de la pérdida del llamado “modelo
solidario” y se olvidan que el mismo nunca existió; los que dicen que
hará más grande la “pérdida del estado social de derecho” y nunca
presentaron batalla ante el continuo avasallamiento; los que llaman a que
no desaparezcan el pequeño productor agrario, el pequeño comerciante, el
pequeño industrial y no vieron como, en el último cuarto de siglo, ese
fenómeno se fue dando de manera sostenible. Tampoco podemos olvidar que
hay quienes discuten si lo que está en cuestión es un tratado o un
acuerdo; los que opinan que si no se fortalecen las PyMEs todo será
monopolio transnacional; y no nos olvidemos de los que sostienen que se
puede humanizar la preocupante y triste situación que viven “los que
menos tienen” también llamados “los menos favorecidos”
si se lograra recuperar el mundo de los valores perdidos en el
tiempo y se entronizara el reinado de la ética y la moral. No podemos
negar que, vistos aisladamente, cada uno de esos sectores tiene parte de
razón. Tan variado frente pudo enfrentar el reto si, conservando las
diferencias, constituían un solo bloque con una sola consigna “el TLC
no pasará” y para ello organizaban al movimiento para dar, en la calle,
la batalla. Pero, esa unidad de acción no se hizo. Pensemos
tan solo en los grandes sindicatos que hay en el país: del ICE, de la
CCSS, de AyA, del INS, de los bancos estatales, de las universidades
públicas, de los docentes; agreguemos las federaciones universitarias (en
la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional, el Instituto
Tecnológico de Costa Rica). Pensemos en todos ellos y en el enorme poder
de llegada a la población que tienen. ¿Nos van a decir que se necesitan
grandes capitales para explicar a los ciudadanos que se relacionan, de una
manera o de otra, con cada uno de los que hemos enumerado, lo que
significa el TLC?. Por
otra parte, es poco probable que ante una burguesía que se montó en una
realidad que a nadie le gusta y que, hábilmente (aunque con mentiras y
ocultando su indudable responsabilidad en la gestación de tal orden de
cosas) propone un cambio, se pueda vencer defendiendo lo que mortifica. La
única respuesta seria es que todo planteo de oposición exige un
propuesta alternativa. De lo contrario, la confusión que se genera es el
caldo de cultivo en el cual la burguesía que propone un modelo, tiene
todas las de ganar. Es
muy difícil decirle a quien no tiene empleo, o que tiene pésimo salario,
o indignas condiciones laborales que
el TLC habrá de perjudicarle si en las actuales condiciones lo está.
También es muy difícil convencer a un cliente de una empresa pública
que sufre las malas prestaciones de servicio, que el TLC lo complicará.
Los que van a los hospitales y deben esperar meses para ser tratados,
atendidos, operados, etc., no tendrán buenos oídos. Es
tiempo de elaborar una propuesta que sea alternativa al TLC. Pero debe dar
respuesta a los casos que nos presenta la vida cotidiana. Debe,
consecuentemente, responder al desempleo, al salario de hambre, a la
sobreexplotación, al necesario manejo transparente de los recursos
financieros de la empresas públicas, a las necesidades acuciantes de los
estudiantes y sus familias, a los enfermos, desvalidos y desprotegidos, a
los empobrecidos productores. Debe convocar a una gesta nacional por una
nueva sociedad, una nueva
República. Para
nosotros esa nueva República debe ser realmente solidaria, debe
garantizar el respeto y la tolerancia en la diversidad, debe dar valor a
toda ocupación por el solo hecho de ser útil, debe hacer efectiva la
justicia pronta y cumplida, debe implantar la democracia como una
práctica cotidiana y no un ejercicio electoral cada cuatro años, en la
que los ciudadanos presenten propuestas, las discutan, tomen resoluciones,
den mandato a sus representantes-delegados y controlen el desempeño de
estos. Dicha
nueva República tiene nombre y apellido: República de Trabajadores . Con
dos objetivos muy concretos: garantizar a todos los habitantes la
satisfacción de todas sus necesidades y seguir desarrollando las fuerzas
productivas. Satisfacer
necesidades por cuanto nada de lo humano puede quedar por fuera en nombre
de modelos que, con el cuento del mercado, aumentan la división de la
sociedad en propietarios y desposeídos. Desarrollar
las fuerzas productivas (hoy estancadas) para poder emplear el libre
conocimiento y el uso de la tecnología para lograr más beneficios sin
exclusiones, sobre-explotación y represión, que es el verdadero programa
de la burguesía imperialista y sus aliados y socios locales.
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