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HABLEMOS DE LOGICA...
A MODO DE INTRODUCCION
Tal vez lo mas dificil sea decir 1. Comenzamos...
Una vez que damos el primer paso, los otros resultan ya faciles de dar.
No conozco los expectativas de cada uno de Uds, de modo que el primer
paso sera a ciegas... y espero no darlo en el vacio.
Solo quiero comenzar con unas palabras que encontre en el libro del Dr.
Adrian Paenza, Matematicas, estas ahi? Tal vez algunos de Uds ya lo
leyeron. Para quienes no tuvieron la oportunidad, les cuento la frase de
inicio
Los grandes hombres hablan sobre
ideas,
los hombres promedio hablan sobre cosas,
y los hombres pequeños
hablan sobre… otros hombres.
Nosotros hablaremos sobre ideas...
dejemos el resto para los demas.
Y hoy quiero comenzar con una idea...
La de imaginarme que Matematica es facil de aprender... y de enseñar...
y que causa placer en quien ve la belleza que esta encerrada en ella.
Claro que no hablaremos solo de matematica... tambien lo haremos de algo
que a veces lo llamamos "sentido común" y que no es tan comun... al
menos, si no lo cultivamos. Y mucha gente no lo puede cultivar porque ni
siquiera plantó la semilla para que esta crezca.
Para esto, hablaremos de lógica...
Pero sin perdernos en esos intrincados desarrollos que encontramos en
los libros que hablan de una lógica que forma parte de la filosofia...
Bajaremos un poco
mas al ruedo. Veremos la lógica como una técnica que podremos
desarrollar en nuestros alumnos y en nosotros mismos. Hablaremos de
proposiciones, de contingencias, de falacias, de tautologias,
de contradicciones, y tambien hablaremos de aplicaciones en el campo de
la ciencia y de la tecnologia.
1. Comencemos...
Empiezo tomando del mismo libro de Paenza, su historia introductoria que
me parece adecuada para esta ocasion:
Aquí va. El título es: “La mano de la princesa”.
Una conocida serie checa de dibujos animados cuenta, en sucesivos
capítulos, la historia de una princesa cuya mano es disputada por un
gran número de pretendientes.
Éstos deben convencerla: distintos episodios muestran los intentos de
seducción que despliega cada uno de ellos, de los más variados e
imaginativos.
Así, empleando diferentes recursos, algunos más sencillos y otros
verdaderamente magníficos, uno tras otro pasan los pretendientes pero
nadie logra conmover, siquiera un poco, a la princesa.
Recuerdo por ejemplo a uno de ellos mostrando una lluvia de luces y
estrellas; a otro, efectuando un majestuoso vuelo y llenando el espacio
con sus movimientos. Nada. Al fin de cada capítulo aparece el rostro de
la princesa, el cual nunca deja ver gesto alguno.
El episodio que cierra la serie nos proporciona el impensado final: en
contraste con las maravillas ofrecidas por sus antecesores, el último de
los pretendientes extrae con humildad de su capa un par de anteojos, que
da a probar a la princesa: ésta se los pone, sonríe y le brinda su
mano.
La historia, más allá de las posibles interpretaciones, es muy
atractiva, y cada episodio por separado resulta de una gran belleza. Sin
embargo, sólo la resolución final nos da la sensación de que todo cierra
adecuadamente.
En efecto: hay un interesante manejo de la tensión, que nos hace pensar,
en cierto punto, que nada conformará a la princesa.
Con el paso de los episodios y por consiguiente, el agotamiento cada vez
mayor de los artilugios de seducción, nos enojamos con esta princesa
insaciable. ¿Qué cosa tan extraordinaria es la que está esperando? Hasta
que, de pronto, aparece el dato que desconocíamos: la princesa no se
emocionaba ante las maravillas ofrecidas, pues no podía verlas.
Así que ése era el problema. Claro. Si el cuento mencionara este hecho
un poco antes, el final no nos sorprendería. Podríamos admirar
igualmente la belleza de las imágenes, pero encontraríamos algo tontos a
estos galanes y sus múltiples intentos de seducción, ya que nosotros
sabríamos que la princesa es miope.
No lo sabemos: nuestra idea es que la falla está en los pretendientes,
que ofrecen, al parecer, demasiado poco. Lo que hace el último, ya
enterado del fracaso de los otros, es cambiar el enfoque del asunto.
Mirar al problema de otra manera.
Hablar de matemática no es solamente demostrar el teorema de Pitágoras:
es, además, hablar del amor y contar historias de princesas. También en
la matemática hay belleza.
Como dijo el poeta Fernando Pessoa: “El binomio de Newton es tan hermoso
como la Venus de Milo; lo que pasa es que muy poca gente se da cuenta”.
Muy poca gente se da cuenta… Por eso el cuento de la princesa; porque el
problema, como adivina el último de los pretendientes, es que “Lo más
interesante que hay en este país, no se lo ve” (Henri Michaux, “El país
de la magia”).
Muchas veces me sentí en el lugar de los primeros galanes. Así, siempre
me esforcé por exponer las cuestiones matemáticas más bellas, pero la
mayoría de las veces, debo reconocerlo, mis apasionados intentos no
tuvieron la respuesta esperada.
Trato esta vez de acercarme al galán humilde del último capítulo. De la
matemática, según Whitehead “la creación más original del ingenio
humano”, hay bastante para decir.
Por eso este
curso. Sólo que hoy prefiero también yo mirar las cosas de esa otra
manera, y empezar contando un cuento…
Parafraseando a Paenza: La idea es poder pensar libremente, imaginar con
osadía y parar cuando uno llega a algo que lo entusiasma.
Pero buscar esos puntos. No sólo esperar que lleguen.
Estas líneas tienen ese propósito: entusiasmarlos, conmoverlos,
enamorarlos, sea con la matemática, con la lógica o con una
historia que no conocían. Espero lograrlo.
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