| Para pensar como docentes... |
"No quisiera con mi escrito ahorrarles a otros el pensar, sino, si fuera posible, estimular a alguien a tener pensamientos propios". Introducción a "Investigaciones Filosóficas", Ludwig Wittgenstein (1889-1951) |
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Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica
y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:
Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un
cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física,
pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente
acertada.
Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui
elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía:
"Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro".
El estudiante había respondido:
"Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio".
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con
la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y
completamente.
Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el
promedio de sus estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto
nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera
ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para
que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que
en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.
Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunte si deseaba marcharse, pero me contesto que tenia muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas.
Me excuse por interrumpirle y le rogué que continuara.
En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta:
"Toma el barómetro y lánzalo al suelo desde la
azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronometro. Después se
aplica la formula: altura = 0,5 por A por T2. Y así obtenemos la
altura del edificio".
En este punto le pregunte a mi colega si el estudiante se podía retirar.
Le dio la nota mas alta.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me
contara sus otras respuestas a la pregunta.
--Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, tomas
el barómetro en un día soleado y
mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a
continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple
proporción, obtendremos también la altura del edificio.
--Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? /p>
--Sí, contestó; este es un procedimiento muy básico para medir
un edificio, pero también sirve. En este método, tomas el barómetro y te
sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja.
Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el
numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro
por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método
muy directo.
--Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado,
puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo.
Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad
es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al
descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del
edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula
trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.
--En este mismo estilo de sistema, aatas el barómetro a una cuerda y lo
descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular
la altura midiendo su periodo de precesión. En fin, concluyó, existen otras
muchas maneras.
--Probablemente, siguió, la mejor seea tomar el barómetro y golpear con él
la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí
tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo
regalo.
-En este momento de la conversación,
--Evidentemente, dijo que la
conocía, pero que durante sus estudios sus profesores habían intentado enseñarle
a pensar.
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio
Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo
de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue
fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.
Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de
esta historia, es que
LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.
...Espero que haya gustado. Por cierto, para los escépticos:
esta historia es absolutamente verídica.
De más está decirles que esto me lo envió un amigo.
