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20.08.2003
Puentes

"Porque un puente, aunque se tenga el deseo de tenderlo y toda obra sea un puente hacia y desde algo, no es verdaderamente un puente mientras los hombres no lo crucen. Un puente es un hombre cruzando un puente, che."
Julio Cortázar, Libro de Manuel, Sudamericana, Buenos Aires, 1973

Me gusta parafrasear a Cortázar y pensar -especialmente los que no nacimos en la era de internet- que hay un puente tendido que puede unir nuestro hábito de lectores de libros con las posibilidades de las nuevas tecnologías.

Me gustan, también, los textos que acercan a la tecnología (que ayudan a cruzar los puentes) en un lenguaje llano, sin jergas.

Envío entonces el breve texto: "Un libro de arena" publicado en la revista Telos Cuadernos de comunicación, tecnología y sociedad


INTERNET ES UN LIBRO DE ARENA que estamos comenzando a escribir con dificultad e inevitable torpeza. “El número de sus páginas es exactamente infinito, ninguna la primera, ninguna la última”. Todo el libro está hecho de granos de arena: ceros y unos distribuidos en surcos incontables de partículas imantadas o microincisiones trazados sobre millones de superficies discoidales que están desperdigadas por todos los lugares del planeta: un libro, por tanto, descuadernado, pero que -maravilla de este libro de arena- el lector encuaderna con su acto de lectura.

Confundidos aún por este libro de arena que no se deja coger –por el momento- entre nuestras manos, nos empeñamos en buscarle las hojas, como los libros hechos con papel y tinta. No tiene hojas; y de tenerlas, nos veríamos obligados a aceptar el absurdo de que serían hojas sin reverso. Y si el libro de arena no está formado de hojas, ¿por qué seguir hablando de páginas y tratando el texto como si tuviera la horma de una página? El espacio de escritura y lectura en el libro de arena es la pantalla electrónica, con otras posibilidades y otras exigencias distintas a la página de una hoja de papel. Hay que explorar y explotar las propiedades tan atrayentes que consigue la escritura en un libro de arena y, a la vez, superar con creatividad las dificultades que provoca el paso de la página a la pantalla. Estamos aprendiendo a escribir en este libro único, pero ya se nota el afán de pasar a él todo lo que tenemos: si un día llegamos a saber aprovechar todas sus capacidades, quizá consigamos cumplir el sueño de Mallarmé: “Le monde est fait pour aboutir à un beau livre”. El sueño del libro-mundo, que es un anhelo constantemente recreado en nuestra cultura libresca, podría realizarse en un libro sin hojas, en un libro de arena.

 Publicado por Virginia Avendaño el Agosto 20, 2003 11:52 AM | TrackBack

 

 

 

     
 

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