La globalización obliga a la integración de
los países, pero el reto del siguiente milenio es si nos integramos de manera
digna y equitativa o en condiciones de subordinación. Ello dependerá del
desarrollo de la calidad demográfica del país y no sólo de sus cifras
macroeconómicas positivas. Un aspecto fundamental para ello será el desarrollo
y la promoción de la salud de los trabajadores, para que puedan brindar sus mejores
energías y potencialidades.
Cada
día en el Perú, unas 8 millones de personas del total de 24 millones; es decir
uno de cada tres, laboran en diferentes actividades, extrayendo minerales,
capturando la diversidad de peces en los mares y ríos, brindando múltiples
servicios a otras personas, construyendo, comerciando, transformando la rica
naturaleza con que fue dotado este extraordinario país, en una palabra
trabajan.
Sin
embargo, siendo ellos los que permiten la vida de toda la sociedad peruana, de
la nación, muchas veces deben enfrentar condiciones de trabajo adversas, deben
de trabajar en condiciones inseguras, insanas, afectando o poniendo en riesgo
su salud y seguridad.
De
las profundidades de la minas no sólo extraen los ricos minerales, sino también
se exponen al polvo, la humedad, los ruidos de las máquinas y herramientas, a
los derrumbes; los mares y ríos, no sólo traen la riqueza piscícola, sino
también humedad, riesgos de accidentes, aislamiento prolongado; el servicio de luz o agua, que nos beneficia
a gran parte de peruanos, implica riesgo para los que trabajan en estas
actividades; los trabajadores de la calle, incluyendo niños, que nos brindan
servicios de abastecimiento de productos o servicios que consumimos, se exponen
a riesgos callejeros y ambientales; los agricultores que producen la variedad
de alimentos que consumimos diariamente, deben exponerse a plaguicidas, a
accidentes, a jornadas extensas; los albañiles que construyen viviendas,
edificios, carreteras, se exponen a accidentes y enfermedades. Las condiciones
cómo trabaja cada grupo es desconocido al otro, parecen ajenos, indiferentes,
como secretos recónditos.
Estos
son los héroes cotidianos.
Son
los héroes cotidianos que no tienen la fama de los héroes de la guerra, sino el
anonimato de lo diario, de lo que no se conoce, de cuya situación se habla
poco, pero que sin embargo cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, se
enfrentan a factores de riesgos, exponiendo su salud, su seguridad, su vida, y
en esta “guerra no declarada”, esta “guerra en paz”, que es tan antigua como el
hombre, existen bajas y caídos. Enfermos ocupacionales, accidentados en el
trabajo, lamentablemente, muertos en el trabajo.
Lo
paradójico es que estos daños, o buena parte de ellos, son evitables con
medidas preventivas económicas,
ingeniosas, educativas, concertadas. Pero el primer paso es tomar conciencia de
que existe esta guerra cotidiana, no contra ningún agresor extranjero, ni
contra agresor interno, sino contra nuestra propia desidia e ignorancia frente
a esta situación, contra la venda en nuestros ojos.
Las pérdidas son
muchas, se estima que en países como el nuestro puede llegar al 10% del PBI los
costos de los accidentes y enfermedades laborales. La salud de los
trabajadores, entonces, no es sólo de interés de los trabajadores, ni siquiera
sólo de empresarios, autoridades y gobernantes -si bien son ellos los
principales responsables-, sino es un problema de toda la nación, tiene que ver
con las posibilidades de una integración digna en el proceso irreversible de
globalización, tiene que ver con un desarrollo humano y sostenible.
En este trabajo se
intenta mostrar el panorama de la situación de la salud de los trabajadores
peruanos, su situación actual, sus perspectivas futuras. Si lograra
sensibilizar sobre este serio problema nacional, el trabajo habrá cumplido su
objetivo.