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Capítulo 8
“He visto mejores trabajos de aficionados, señorita Goldbarg. ¿Esta es la clase de talento que Westminster promueve hoy día? Realmente es un día triste para el mundo de la arquitectura. Me temo que no tengo interés en usted. Que tenga un buen día.”
Mariel se encontraba sentada en la barra bebiendo su tercer martini de manzana desde su llegada hacía ya una hora. No terminaba de asimilar lo que estaba sucediendo, no podía creerlo. ¿Mejor trabajo de aficionados? ¿Un día triste para el mundo de la arquitectura? Mientras más pensaba en la cruel crítica del señor Egan en cuanto a su trabajo, más fuerte quería llorar. Había fallado miserablemente.
“Soy un completo fracaso.” Sollozó, pegando la cabeza de la barra. “¡Ay!” Levantó la cabeza rápidamente. OK, bajar la cabeza así de rápido quizás no había sido la idea más brillante que se le había ocurrido en todo el día, pensó frotando su frente adolorida.
“¿Estás bien, Mariel?” El hombre de cabello rubio platinado detrás de la barra preguntó mientras se le acercaba.
“No, no lo estoy, Mike.” Mariel gimoteó. “Fallé. Soy una tonta, tonta, tonta.”
“Estoy seguro que no es nada grave, Mariel. Y no eres una tonta.” Le dijo, apretando ligeramente su hombro.
“Sí, es muy grave, y realmente soy una estúpida.” Dijo Mariel, acabando con lo que quedaba de su martini de manzana. “Dame otro, por favor.”
“Te daré otro si me dices que hizo que mi Mariel arrugara su hermosa carita.”
“De acuerdo, pero te advierto, es una trágica historia acerca de una chica y su sueño perdido.”
***
“¡¿Qué hiciste QUÉ?!” Mike soltó una carcajada.
“No es gracioso, Mike. Le llamé idiota en su propia cara y no tenía idea que era el mismísimo Kian Egan. Estoy jodida.” Suspiró Mariel. “Ahora nunca podré convertirme en la diseñadora que siempre quise ser.”
“Yo no diría eso.” Dijo Mike, entregándole su bebida. “Tú eres muy buena.”
“Ser buena no es suficiente en este negocio, Mike. Tienes que ser el mejor si quieres que tu trabajo sea reconocido. Y para convertirte en el mejor debes entrenarte con el mejor. Ese trabajo debió haber sido mío.”
“Si eso es lo que crees, ¿entonces por qué no peleas por él?” Mike se encogió de hombros.
Mariel le lanzó una mirada matadora. “¿Te sigues burlando de mí?”
“No.” Mike dijo, colocándose el paño sobre el hombro y recostándose de la barra. “Estoy diciendo que te estás dando por vencida. Si realmente quieres ese trabajo, Mariel, entonces ve y tómalo. Muéstrale que en verdad lo deseas.”
“Mmm, ¿y cómo propones que tome el trabajo?”
“Bien, para empezar, suelta ese martini de manzana y mueve tu trasero de regreso a Egan Designs.”
“¿Tú crees que pueda hacerlo?” Dijo Mariel, dejando su trago sobre la barra.
“Claro que sí.” Mike sonrió. “La Mariel que conozco no huye de las peleas.”
“No lo hace, ¿verdad?” Dijo Mariel enderezándose en su silla. “Los desertores nunca triunfan.”
“Así es.”
“¿Y qué diablos estoy haciendo? Ese trabajo me pertenece.” Mariel se puso de pie de un salto, tomó su cartera y corrió hacia la puerta. “¡Gracias Mike!”
“Está loca.”
***
Mariel apresuró el paso para llegar al edificio donde se encontraban las oficinas de Egan Designs. Ciertamente las cosas habían ido de mal en peor aquella mañana. ¿Quién hubiera imaginado que estaría cara a cara con el hombre que había idolatrado durante años sin tener la más mínima idea de quien era? Y peor aún, ¿quién se hubiera imaginado que se encontraría con él y lo insultaría sin querer?
Definitivamente las cosas habían salid mal, pero tampoco podía permitir que terminaran así. Había trabajado muy duro para ver como su sueño se desmoronaba simplemente por culpa de una información errada. Lo haría cambiar de parecer, a pesar de su opinión sobre ella, y le haría ver que ella era la persona más indicada para trabajar junto a él como su aprendiz. Y al parecer eso sucedería más pronto de lo que esperaba.
Y el destino parecía estar de su parte, pensó Mariel, al ver a Kian salir del edificio en la acera frente a ella. Esta era la oportunidad que necesitaba para hacerle ver que había cometido un error. Ese trabajo le pertenecía.
“Señor Egan.” Mariel lo llamó y se dirigió hacia él.
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