"EL SOL DEL PERÚ" - Edición Digital
Director: Carlos Gallardo Guarniz
Buenos Aires,
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EDICIÓN IMPRESA Nº 57
TRIBUNA ABIERTA




PERÚ: PATOLOGÍA SOCIAL Y CORRUPCIÓN POLÍTICA

El 28 de julio del 2001, Alejandro Toledo fue proclamado presidente del Perú, y en la ceremonia dijo: ‘Seré implacable contra la corrupción’. Dijo también: ‘La lucha contra la pobreza demandará todos los esfuerzos de mi gobierno’. Al siguiente día de la juramentación presidencial, se dirigió a la ciudad del Cusco y en lo alto de Machu Picchu (la antigua ciudadela incaica), mando a construir un tabladillo teatral, una especie de circo callejero del siglo XIX. Ahí rodeado por la colorida vestimenta de su rubia esposa y de los elegantes ternos de varios presidentes latinoamericanos, realizó un ritual incaico según él para ‘recibir la fuerza telúrica de los dioses andinos’.
Pero como en Perú la corrupción es tan ancestral que alcanza a los mismos incas, ni la ‘fuerza telúrica de los dioses andinos’ (vieja mitología incaica que se utilizaban para someter a la población) ni otro tipo de milagro eclesiástico detuvo la rueda de la corrupción y de la injusticia que con Toledo ha seguido creciendo como una bola de nieve en plena caída. La realidad es dramática, y una nueva camarilla de mafiosos enlazada con la vieja mafia que dirigía Fujimori y Montesinos a seguido repartiéndose el Perú a tajadas. El hambre y la miseria de los peruanos no han cesado de aumentar de la misma manera que ha crecido una capa social infecta integrada por hampones disfrazados de políticos que se enriquecen a costa de los bienes del Estado.
Era el inicio de este gobierno y en Perú como en el extranjero Toledo fue presentado como un paladín de la justicia, del Estado de derecho, y de la más perfecta democracia. Los partidos de derecha y de la izquierda oficial, se subieron al carro del nuevo gobernante. Y en los mismos términos que habían colaborado con el gobierno de Fujimori y Montesinos, lo hacen ahora con el régimen de ‘todas las sangres’ en manos de Toledo. Esa unidad para el banquete, el robo y la trampa entre los partidos oficiales y el nuevo candidato de palacio de gobierno, debió ser para cualquier analista político una señal que el tal gobierno de ‘todas las sangres’, no era otra cosa que el reencauche del anterior gobierno, pero no fue así. La prensa mercenarizada del Perú, los intelectuales ayayeros y hasta los curas, obispos y el mismo cardenal, cerraron el pico, y guardaron el mismo silencio cómplice que habían practicado durante los 10 años cuando Fujimori y Montesinos hicieron del Perú una torta apetitosa que se distribuyó a pedazos entre una cúpula mafiosa de civiles, militares, empresarios, y toda suerte de malandrín.

 

 

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