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| EDICIÓN
IMPRESA Nº 57 |
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DERECHO DE PISO
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| Derecho
de piso |
| Por: Judith Flores - [email protected] |
| Escribanos sus historias a:
Av. Cabildo 2370 Local 86 |
| Derecho de Piso legal |
No
soy abogada ni mucho menos, soy una mujer más
que pongo al conocimiento de los lectores mi caso
que seguro no es el único; también habrá
más de un caballero que le tocó esta
desdicha, pero ustedes siempre son menos. Me llamo
Demetria, tengo 45 años, soy del cálido
norte, Sullana.
Mi familia me dio un nido lleno de amor. Desde mi
adolescencia conocí a un policía que
había sido destacado a esa zona, yo tenía
16 años, estaba en plena primavera de mi vida,
todo era color de rosa, lejos estuve de imaginar que
verdes me habrían de quedar los ojos de los
golpes que ese mal hombre me daba cuando venía
ebrio. Me llevó a Lima, primera sorpresa, tenía
ya una mujer y un hijo, pero como yo era menor de
edad se vio obligado ha casarse conmigo, tremendo
favor que creí me hacía ¡Hoy me
arrepiento!
Quedé tres veces embarazada, él me amenazaba
para que no contara nada a mis padres cuando les escribía.
Lloraba amargamente mi desdicha, a golpes criticaba
mis quehaceres, que si quemé el arroz o que
no planchaba sus camisas. Poco antes de emanciparme
de mi verdugo, pedí un préstamo de dinero
al Banco de Materiales para construir dos habitaciones
decorosas para mis hijos; sin embargo él no
cumplió con el pago a la entidad financiera,
entonces decidí emigrar como muchos.
Hace 10 años de esto, en los cuales logré
trabajar duro para educar a mis hijos, 2 de ellos
en la vida militar y otra estudió educación.
Hice mil malabares para que no sólo no les
falte el pan que Daniel –mi ex marido- les negaba,
pues el hijo de su buena madre, ya tenía a
otra y a otros hijos. La clásica, ¿verdad?.
Tuve suerte en el negocio, mas no así en el
amor. Logré conseguir el traspaso de un quisco
muy bien ubicado a mi nombre, el cual me depara lo
necesario para no lamentar mis necesidades. Me compré
un terreno en la parte norte del Gran Buenos Aires
donde construí una casita para cuando mis hijos
decidan visitarme; sin embargo grande fue mi sorpresa
cuando llegué a Perú y recibí
un cachetazo. Nada más y nada menos que el
mal padre e irresponsable de mis hijos, amparado por
la ley, que lamentablemente, señores, ha sido
legislada, no sé si por un grupo de machistas
insensibles al respecto para con los deberes del padre.
Resulta que me ha demandado a través de su
abogado una pensión y repartición de
mis bienes por el único derecho de ser mi esposo
legalmente, aduciendo él su delicado estado
de salud, que seguro es por la vida mundana que siempre
ha llevado y por ser un don Juan empedernido. Después
que, como lo puedo demostrar, fui yo la que mandé
el dinero con el cual mis hijos comieron, se vistieron
y eduqué, mientras que él se dedicó
a embaucar a más mujeres y hacer más
hijos.
¿Puede haber un abogado que ampare a tamaño
cliente? Y todavía tiene la caradurés
de amenazar con hacer real su pedido a través
del consulado, pues yo me regresé a este país,
que es donde vivo y trabajo. ¿A quiénes
debemos recurrir las mujeres que tenemos estos problemas?
¿Quién nos defenderá? Seguro
que no será el chapulín colorado. A
quién sino a Dios para que ilumine la conciencia
de los que tienen que legislar y a quienes se encarguen
de hacerlo cumplir. Ley que no se pone en el zapato
de muchas mujeres que emigran para velar por sus amados
hijos.
Amparados con la justicia, se comete este agravio
contra aquellos que sólo tratan de vivir como
Dios manda. Trabajar y luchar para salir adelante.
No tengo otra cosa más que decir. Pondré
todo lo que está a mi alcance para no dejar
que me arrebaten lo que con sudor gané. ¿No
les parece?
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