"EL SOL DEL PERÚ" - Edición Digital
Director: Carlos Gallardo Guarniz
Buenos Aires,
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EDICIÓN IMPRESA Nº 57
OPINIÓN

LAS PERUANAS COMO EMPLEADAS DOMÉSTICAS
Gran revuelo causó nuestra edición N° 52 en la que salió publicada una nota que hacía referencia a que dos muchachas peruanas manifiestan que quieren ser más que empleadas domésticas. La nota hacía alusión a que ellas no se conformaban con trabajar sólo de esa manera, sino que se estaban instruyendo a la par de laborar como trabajadoras del hogar. Así, recientemente se recibieron como Operadoras de Office, es decir, adquirieron conocimientos en materia de computación, lo cual les servirá en el futuro para tener una mayor oferta laboral.
Este nota suscitó agrios comentarios hacia El Sol del Perú, pues se pensó que estábamos discriminando y ofendiendo a nuestras compatriotas que ejercen esta digna labor. No faltó algún colega que me sugirió, o más que sugerir, fue un pedido expreso, que dé las disculpas del caso, pues me decía que estaba mancillando la intachable faena laboral de nuestras connacionales.
Nada más absurdo, pues toda mujer, que se tiene un mínimo de consideración, sabe que el trabajo de empleada doméstica para ella resulta degradante, y lo digo en el sentido de que este trabajo requiere de menos capacitación y formación, por antonomasia la mujer peruana aprende desde chica las tareas del hogar; cocinar, planchar, lavar, limpiar; y, tiene en la vida, para cuando sea grande, otras metas y no quedarse con este oficio; y sí requiere de un mayor esfuerzo físico, además en esta labor la mujer sólo se imita a obedecer y a ejecutar las órdenes que le da su patrona. El mismo término se ha hecho degradante, cuando las mujeres nos responden con una tímida vergüenza “trabajo como empleada doméstica”, que es sinónimo de sirvienta –término éste que está vituperado sin razón, pues el vocablo viene de servir (servicio), y todos los que trabajamos brindamos nuestro servicio-.
Que no se confunda aquí el término degradante con el de denigrante, éste es hablar mal de una persona, injuriándola o despreciándola; y aquélla es hacer perder algo su valor, sus cualidades; en fin, deteriorarse, subyugándose la creatividad del que la posee. Es en este sentido, pues, la degradación de la mujer, dado que se degrada aquel que tiene conocimientos, cualidades y no las puede utilizar, pues su entorno no le permite, está coartada, limitada su capacidad cognoscitiva.
Léase bien que aquí no estoy hablando mal de las mujeres que ejercen esa digna y sacrificada tarea del servicio doméstico, pues nuestras compatriotas, marginadas y excluidas del ámbito laboral en nuestro país, emigran al extranjero a ganarse la vida de esa manera, honradamente con la frente en alto. Lo que estoy diciendo es que la mujer peruana posee enormes cualidades y condiciones y que esa labor limita su capacidad de acción; es por esta misma razón que un gran porcentaje de éstas, cuando tienen disponibilidad de horarios se inscriben en institutos de enseñanza o centros de aprendizaje de diversos oficios para ampliar sus conocimientos (como sucedió con las dos jóvenes inmigrantes en nuestra edición N° 52).
Por eso no es casualidad que, conocedores de su enorme habilidad para desenvolverse en esta faceta y, además, de su buena instrucción y alto grado de conocimientos, es que las familias argentinas en Buenos Aires de mejores recursos económicos, llámese de las zonas de La Recoleta, Palermo, Barrio Norte, San Isidro, Olivos, etcétera, prefieren contratar a mujeres peruanas para que realicen el trabajo del hogar de sus casas, preferencia, sin duda, dado a su saber y a su capacidad.
Vale la aclaración entonces, y además, porque nobleza obliga -como recuerda el filósofo y periodista Ortega y Gasset en La rebelión de las masas-. Agreguemos también, ya para terminar, aunque está de más decirlo, pues es ampliamente sabido que muchas mujeres peruanas realizan esta quijotesca acción -cuando acometen la locura y deciden lanzarse al extranjero con ese arrojo de coraje, de hidalguía en busca de sueños utópicos que pretenden hacerlo realidad- con la finalidad de ayudar a sus familiares en nuestra patria, y más principalmente a sus hijos, ya que quieren darle el mejor bienestar y educación para ellos a costa de romperse el lomo, de su sacrificio virtuoso de trabajar como empleadas domésticas en el extranjero.

 

 

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