"EL SOL DEL PERÚ" - Edición Digital
Director: Carlos Gallardo Guarniz
Buenos Aires,
MENÚ
LINKS EXTERNOS
counter
 
EDICIÓN IMPRESA Nº 57
HILO DIRECCIONAL



Por: Manuel Macchiavello
[email protected]


REBELIÓN EN LA GRANJA
Llegando una nueva estación en el año arribaron, como siempre lo hacían, miles aves; pero, a comienzos de los años 90, la cantidad se multiplicó en proporciones nunca antes vista en la historia de la granja sureña. Llegaron desde una granja un poco alejada ubicada al norte, al borde Océano Pacífico. Aves jóvenes, aves adultas, de todas las condiciones y géneros poblaron la granja sureña con el afán de lograr sus sueños, de conquistar un mundo mejor para sus descendientes.
En esta nueva granja, de la que no pensaban irse por algún tiempo debido a los graves problemas que sucedían en su lugar de origen, desplegaron todas sus costumbres. Respetaban a su nuevo hogar, pero adoraban la granja que los vio nacer. Una de sus arraigadas costumbres era su religión: veneraban al Ave Mayor, aquel que estaba más allá del cielo, aquel que los cuidaba y los vigilaba para que no se descarriaran: era el ojo omnipresente al cual todos sus devotos podían dirigirse para pedir perdón por sus pecados y regresar en paz a sus nidos. Si bien es cierto que nunca vieron al Ave Mayor, su veneración era tal que no había posibilidad a críticas, “el mundo es como debe ser y no hay nada que se pueda cambiar”.
Encontraron una notoria forma de adorar al Ave Mayor: dibujarla y llevar su imagen por toda la granja sureña en un mes específico del año. Eligieron el mes de octubre siguiendo uno de los miles de mitos que nunca tuvieron una explicación lógica pero que existen a través de los años, haciéndose cada vez más fuerte, más respetada, más acrítica. Al comienzo eran pocas las que se unieron al evento de octubre.
Poco a poco, el número fue creciendo hasta movilizar a miles de aves. Ante tal desarrollo, las aves antiguas –las primeras organizadoras del rito- no repararon en otorgar un lugar a las aves nuevas que deseaban colaborar en la dirección de la procesión: todo era manejado por las aves viejas, éstas encontraron en dicha veneración religiosa una importante forma de obtener ingresos, se transformaron en aves de rapiña, aprovechadoras de las circunstancias.
Pasaron los años y apareció una nueva ave que se atribuyó ser la guía de todas las demás, se otorgó el derecho de estar más cerca del Ave Mayor, legitimaba su acción a partir de su vestimenta y del poder que le otorga la Escuadra del cielo que eran aves que volaban más cerca al cielo, al que denominaremos Arzobispado. Esta misteriosa ave era de un color distinta a las demás, era Gris. Se otorgó el título de guía espiritual y, con su ala misteriosa, dirigía al conglomerado a su antojo. Al inicio nadie criticaba, nadie dudaba del mensajero Gris.
Sin embargo, después de algún tiempo –el cual reveló no sólo la turbia actuación de Gris, sino su trabajo en conjunto con las aves de rapiña- algunas aves guerreras, pertenecientes a las aves nuevas, exhortaron a una gran cruzada por la democratización de la organización, de la Hermandad de aves. Lo hicieron imprimiendo sus ideas a través de un papel –como lo hizo, en los tiempos de la Reforma Protestante, el religioso Lutero quien encontró en la imprenta una manera de llegar a un mayor sector la población-.
Las aves nuevas tomaron conciencia de la situación.; afortunadamente, sus voces –en un principio esporádicas y sin eco- se multiplicaron por toda la colonia. Lamentablemente, la lucha se realizó desorganizadamente. La reacción de Gris fue inmediata: aparentar un nuevo orden en la colonia a través de una elección que cambaría la Directiva. Sin embargo, nada se había modificado. En esta ficticia democratización se incluyeron a algunas aves de rapiña que, junto a Gris, mantuvieron el statu quo en la organización.

Esta rémora evitó el normal funcionamiento de la Hermandad de las aves. Esto produjo una marcada dicotomía en la nueva directiva. Gris apelaba a que la organización de la Hermandad de aves, y por ende de la procesión, debería estar a su cargo, ya que es él quien estaba más cerca al Ave Mayor, “si quieren pertenecer a esta Hermandad de aves, deben seguir mis directivas, pues esta es una institución religiosa y deben obedecer las normas que impongo” afirmó en más de una ocasión, dejando bien en claro que no permitiría mayores modificaciones. Así, desapareció la máscara que lo encubría y expuso lo que realmente era: un autoritario.
Las mistificaciones se hicieron más evidentes: cuentas que no cerraban, respuestas vagas y hermetismo en la información interna. Toda la organización avícola se estaba desmoronando. El apoyo no sólo de Gris, sino de la Escuadra del cielo –el Arzobispado- estaba depositada en las aves de rapiña.
¿Qué hacer ante semejante parcialidad?, ¿cómo cambiar la dirección de la situación?, ¿cuáles deberían ser los mecanismos que lleven a una verdadera Hermandad de aves? Las aves nuevas se plantearon estas preguntas. Hicieron reuniones, invocaron a la unión, exhortaron a una verdadera transparencia en las cuentas.
No obstante, sus voces no fueron tomadas en cuenta ya que ellas eran simplemente una parte insignificante de la granja que no tenía posibilidad al voto. Al menos esto fue lo que reflejó la acción de las aves de rapiña, de Gris y de la misma Escuadra del cielo.
Sin embargo, otras acciones pueden ser posibles. ¿Por qué no formar una nueva organización que rompa con la anterior instaurando una nueva Directiva bajo mecanismos democráticos? Hacerlo desde la misma Hermandad de aves es similar a pretender instalar el comunismo en los Estados Unidos: todos los sectores del poder estarían en su contra. ¿Entonces? Definitivamente llegó la hora de derrumbar, de destrozar las casas de adobe y construirlas de cemento. ¿Cómo hacerlo? Formando una nueva Hermandad de aves que no se sujete a los mandamientos de Gris ni de la Escuadra del Cielo.
Ciertamente, dicha empresa será ardua y laboriosa. Pero, si hace más de 10 años un puñado de aves perteneciente a una granja aledaña al Océano Pacífico formó, en la granja sureña, lo que hoy es la Hermandad entonces, ¿por qué no hacerlo nuevamente?, ¿cuáles son los temores que aquejan a las nuevas aves?, ¿realmente desean trabajar en una Hermandad democrática o simplemente quieren seguir perteneciendo a una que no les abre totalmente las puertas? Es fácil trabajar en un proyecto ya iniciado, pero sólo las verdaderas aves guerreras pueden modificar las cosas elaborando un trabajo en conjunto sin depender de más apoyo que –desde ya no es nada insignificante- toda la colonia que espera que estas nuevas aves tomen las riendas de la situación.
Mientras sigan los debates entre todas las aves de la Hermandad, Gris y sus rapiñas se seguirán burlando de los tímidos intentos que hagan las nuevas aves. Igual, ellos seguirán beneficiándose de la apatía de las aves nuevas. Sólo una verdadera acción logrará el beneficio que desea toda la colonia. Los problemas no se resuelven con palabras ni discusiones, y menos aún cuando existe un lado que no escucha. Afortunadamente, las aves nuevas tomaron conciencia de la situación, pero les falta lo más importante: la acción.

 

 

 

Webmistress: Andrea Vila ©2004 -  Todos los derechos reservados -
Hosted by www.Geocities.ws

1