Cada vez que se acerca el fin de
un proceso, los actores del mismo efectúan
un justo balance de su gestión para no volver
a incurrir en los mismos errores en el próximo
proceso. A poco de llegar el fin de año es
preciso hacer el mentado balance de la gestión
de la colectividad peruana residente en Buenos Aires,
como un todo.
El resultado indudablemente es “negativo”,
salvo escasas excepciones. Lo que da cuenta, a todas
luces, que algo huele muy mal en la dirigencia y los
funcionarios peruanos residentes en la Argentina.
Este hedor putrefacto es el saldo del egoísmo,
xenofobia y la ley de la selva que prima en la colectividad
peruana residente en Buenos Aires.
En muchos casos, la falta de un diálogo franco
y sincero entre los “actores” de la colectividad
los ha llevado a ventilar públicamente
sus diferencias, en forma irresponsable e
infantil, ante la vista y paciencia de las autoridades
peruanas residentes en la Argentina quienes gustan
de la vista gorda.
El caso más grave de esta impotencia psicosexual
permeable a la dirigencia y sus autoridades peruanas,
se vio el pasado mes de octubre. En esta oportunidad
la víctima elegida fue el “Cristo
de Pachacamilla”, cuando a fines de
octubre un grupo de “hermanos” en una
actitud lindante con el “satanismo” manejó
a su antojo y placer la imagen del “Señor
de los Milagros”.
Ni hablar de los “comerciantes” y “empresarios”
peruanos quienes después de lucrar con la “necesidad”
de sus compatriotas nos tratan mal y, para colmo de
males, cuando uno solicita un mejor servicio, es atendido
de mala manera y logra escuchar calificativos xenófobos
de parte de nuestros mismos compatriotas, hoy convertidos
en “comerciantes” y “empresarios”.
A estos “señores” se suman los
dizques dirigentes de las instituciones peruanas.
El súmmum esta vez se desliza en el reflejo
intolerante del denominado Consejo Consultivo
del Consulado General del Perú en Buenos Aires,
donde un puñado de 10 peruanos aduciendo querer
hacer “algo” en favor de sus compatriotas
coparon políticamente dicho ente autárquico
y dejaron traslucir su peor cara intolerante.
En suma, cada cual tiene una verdad moldeada a su
capricho. Esto es similar a la típica creencia
fascista de que no existe la verdad, por tanto no
existe ni el bien ni el mal, y estamos obligados a
hacer el bien “porque Dios lo manda” como
sostiene el jurista del Tercer Reich, Carl Schmitt,
y no “porque Dios es bueno y justo” como
sostienen las religiones monoteístas, y los
grandes pensadores de la humanidad tales como Platón
y G. W. Leibniz.
Si hemos de mejorar como colectividad, debemos aprender
a encontrar rápidamente la “verdadera
vía” (**)
y conocer la justicia, para poder construir
una comunidad peruana que dé sus mejores aportes
por el bien de nuestros hermanos.
Muchas cosas pierde el hombre/ que a veces las vuelve
a hallar;/ y es bueno que lo recuerden:/ si la vergüenza
se pierde,/ jamás se vuelve a encontrar.
Los hermanos sean unidos/ porque ésa es
la ley primera;/ tengan unión verdadera/ en
cualquier tiempo que sea,/ porque si entre ellos pelean/
los devoran los de ajuera
(***)
Buenos Aires, 3 de diciembre del 2004
(*) periodista e investigador,
ex corresponsal de la revista estadounidense EIR,
y ex editor del periódico peruano Solidaridad
Iberoamericana.
(**) Dante Alighieri, “Divina Comedia”,
Libro del Infierno, canto I.
(***) José Hernández, “Martín
Fierro”, capitulo XXXII.
|