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La iniciativa reúne a un grupo de mujeres y hombres
detrás de las cacerolas todos los fines de semana,
para enseñar ese arte culinario peruano que está
nutrido bajo el paraguas de tradiciones tan diversas como
la cocina indígena, española, africana y oriental.
La idea está siendo llevada a cabo por la directiva
de Mujeres Peruanas Unidas Migrantes y Refugiadas,
quienes buscan difundir nuestra variada gastronomía,
a la sazón de generar fuentes de trabajo, a través
de un servicio de catering que brindan a empresas e instituciones
que las soliciten.
Atrás quedó el enfrentamiento con su presidenta.
La directiva de esta organización ha tomado su propio
rumbo, es hija de su propio esfuerzo, del trabajo de hormiga
de cada una de sus integrantes. Recientemente la organización
invitó a El Sol del Perú
para presenciar una clase de cocina peruana. Acudimos al encuentro.
Sábado 8 de la noche, me dirijo al barrio porteño
de Caballito (Av. Rivadavia 4379 10° “C”).
Al entrar, el ambiente expande aromas y texturas de guisados.
Desde la cocina, Gladis Suelpres se calza
el gorro blanco de chef peruana, resaltando en su impoluta
vestimenta una suerte de insignia roja y blanca. Diez mujeres
y dos hombres escuchan con atención las recetas y anotan
los secretos mejores guardados de ancestros y madres de una
cultura milenaria, que quiere mantener su identidad y abrirse
paso en ese enjambre de culturas como es la cosmopolita ciudad
de Buenos Aires.
Entre el alboroto de utensilios y cacerolas, se percibe un
compañerismo que se prodigan las integrantes de la
organización en pos de aprender esa receta de tamales
que pronto van a ser degustados. Entonces hay tiempo para
la conversación: “La carta de intención
de aprender la cocina peruana, señala la chef Suelpres,
fue una idea de Olinda Pérez que dijo enseñemos
a cocinar platos típicos del Perú, entonces
le dije, lo poco que yo sé lo voy a poner de manifiesto,
y así hemos empezado. Y todo el que quiera venir, que
venga”, agrega.
El entusiasmo que le ponen a esta actividad está dando
sus frutos, pues en el poco tiempo que tienen, su mejor carta
de presentación es haber trabajado con el Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados
(ACNUR), donde pusieron a prueba de fuego
toda su capacidad, realizando la recepción que organizó
la dependencia de la ONU a los diplomáticos
de la Unión Europea, que incluyó
a casi un centenar de personas. También tienen en su
haber la elaboración de un catering a la Fundación
Alianza Francesa con motivo de la inauguración
del Cine Europeo en Buenos Aires. Dos logros –además
de una decena de recepciones a empresa diversas- que hablan
por sí solas del trabajo a puertas abiertas realizado
por esta organización de mujeres peruanas, que mueven
al comentario elogioso del que suscribe esta nota
Olinda Pérez cuenta, emocionada, cómo
fue la experiencia de su ópera prima, llevada a cabo
por la directiva de MPUMR:
-El primer servicio que hemos brindado ha sido a ACNUR,
gracias a la señora Rojas, que prácticamente
nos abrió las puertas porque, primeramente, cuando
llegamos al evento, teníamos temor de que lo preparado
por nosotras no les guste, porque era una cosa nueva. Todo
era peruano lo que habíamos preparado. Las personas
invitadas eran todos europeos, entonces cuando llegaron había
mucha gente. El evento era de 10 a 12 del mediodía.
Era la presentación del Proyecto de ACNUR a todas las
embajadas. Todos eran diplomáticos. Nosotras estábamos
con temor porque las bandejas de comida no salían.
Yo decía Uy, a ellos no les gusta ¿qué
irá a pasar? Entonces la señorita que era de
mantenimiento me dijo: Después de las 12 si no comió
nadie, preocúpese. Cuando terminó el evento,
los mozos entraban y salían a sacar las fuentes y todos
entraban y nos felicitaban diciéndonos “¡Pero
qué rico!, ¡qué maravillas son estas!”.
La chef Gladis Suelpres, no podía
ocultar su satisfacción. Y con unos ojos brillantes
que iluminan su rostro, me dice, a modo de orgullo: Habíamos
hecho canapé con rellenos de ají de gallina,
con cremas de aceituna, con crema de morrón y ensalada
rusa. Después habíamos hecho empanaditas con
carne picada a cuchillo, pañuelitos de manzana, alfajorcitos,
niditos y otros pastelitos a base de nueces y pasas de uva
y canela en polvo. Y nuestros tradicionales tamales. Sanguchitos
de pelleto y de pollo, que la verdad, todo el mundo quedó
encantado. Yo salí satisfecha, muy orgullosa de lo
que había preparado con la colaboración de Lourdes
y de Marta Chuquisaca –y agrega- Las cosas, gracias
a Dios, nos salieron bien.
Y ahí fue el despegue, a los dos días las llamaron
de la Comisión Europea para hacer otro catering bastante
grande, esta vez para La Alianza Francesa. Desde entonces
su labor se viene multiplicando, ganándole de mano,
sin proponérselo, a la política de difusión
de la cocina peruana en el extranjero propulsado por el Ministerio
de Relaciones Exteriores del Perú.
-¿Qué platos típicos pueden aprender
la gente que quiere venir acá?
-La semana que viene estamos pensando hacer ají de
gallina, que la gente quizá no lo sabe preparar muy
bien. Y así sucesivamente, otro día podemos
hacer cebiche, cabrito, papa a la huancaína, arroz
chaufa, en fin, las comidas típicas del Perú.
-Las personas interesadas en participar de estos encuentros,
deben llamar al teléfono 4981-8962
o al celular 15-58811263 (Gladis
Suelpres) o al 4585-1993 (Lourdes
Vargas). Las clases teóricas y prácticas
se dan los días sábados en el barrio de Caballito.
Las clases son gratuitas.
Proyecto de Artesanía
La organización tiene preparado otro proyecto, que
es el de artesanía, emprendimiento que lo están
trabajando y tratando de concretar, según adelantó
a El Sol del Perú Lourdes
Vargas, quien dijo que van hacer pura artesanía de
los bailes típicos de la zona centro del Perú.
“Y después tenemos el proyecto de orfebrería,
que es un taller para jóvenes, porque lo que se busca
es dar una salida laboral, realizando este tipo de manualidades.
En dos meses, los jóvenes están aprendiendo
a soldar, y hay trabajo para ello. También se hace
pulido y luego los que quieren seguir pueden hacer joyería
fina; para ello tenemos un maestro que es un orfebre, es un
artista que hace joyería fina”.
El curso comprende todo lo que se trata de cadenas, pulseras,
aros, todas las especialidades. “Hemos visto que
hay mucho trabajo en este rubro, acá en Argentina,
y están necesitando mano de obra, falta gente que sepa
hacer este tipo de trabajo artesanal, porque aquí todo
se hace industrializado con maquinaria, lo que se quiere es
un trabajo de artesano. Estamos trabajándolo con un
poco más de tiempo, a largo plazo, porque necesitamos
comprar sopletes, ambientar las mesas para que puedan trabajar
los chicos”.

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