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Carátula
Contenido
Prólogo
Capítulo
I
Capítulo
II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo
VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Galería de fotos
Bibliografía
Biografía de R. Moya E.
Página web
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CAPÍTULO IV
Los Españoles en Piura
01.-
Pizarro en Poechos.
02.-
Martinillo en Poechos.
03.-
El curaca de Poechos.
04.-
Llegan embajadores de Huáscar y Atahualpa.
05.-
El retorno de Hernando Pizarro.
06.-
La llegada de un espía de Atahualpa.
07.-
La rebelión de los curacas.
08.-
La versión de los cronistas.
09.-
La versión de Porras Barrenechea y J.J. Vega.
10.-
La versión de padre Vargas.
11.-
Los mitimaes.
12.-
Juan Pizarro ocupa Pirhúa.
13.-
Pizarro se crea una escolta.
14.-
Fortaleza de
Tumbes y Poechos
01.-
Pizarro en Poechos
Cuando Cieza de León llegó al Perú muchos años
después de Pizarro, hizo también una serie de interesantes
recorridos, habiendo ingresado por la sierra piurana desde el
Ecuador, para pasar a Tumbes y de allí venir a Sullana. El cronista
narra su viaje de la forma siguiente:
“Desde este valle de Tumbes se va en dos jornadas, al
valle de Solana, que antiguamente fue muy poblado y había en él
depósitos y edificios. El camino real de los Incas, pasa por estos
valles entre arboledas y otras frescuras muy alegres; saliendo de La
Solana se llega a Poechos que está sobre el río llamado también
Poechos, aunque algunos lo llamaban Maicabilca por que por bajo del
valle estaba un príncipe o señor llamado de ese nombre; este valle
fue en extremo muy poblado; y cierto debió ser cosa y mucha la gente
de él, según lo dan a entender los edificios grandes y muchos; los
cuales aunque están gastados, se ve haber sido verdad, lo que de él
cuentan y la mucha estimación en que los reyes incas lo tuvieron,
pues en este valle tenían sus palacios reales y otros aposentos y
depósitos; con el tiempo y la guerra se habían consumido todo en
tanta manera; que no se ve, para que se crea lo que se afirma, otra
cosa que las muchas y grandes sepulturas de los muertos y ver que
siendo vivos, eran por ellos sembrados y cultivados tantos campos
como en el valle están”.
Indudablemente, y por el testimonio de todos los
cronistas, era Poechos la población más importante de toda la
región Tallán, que ahora conforman las provincias de Talara,
Sullana, Paita, y Piura.
Al mandar los Incas a construir en ese lugar,
edificios como palacio real, fortaleza, y templo al sol, sin duda
alguna que la habían convertido en capital de una Gobernación, con
un representante en ella. En tiempos de Tupac Yupanqui, había en
efecto un gobernador en Poechos, que fue comisionado por el Inca,
para advertir a los gigantes de Santa Elena, que cesaran en sus
abusos y desmanes contra los pobladores, bajo amenaza de duro
castigo.
El camino del Inca al que se refiere Cieza de León,
no es el principal de la Sierra que pasa por Huancabamba y Ayabaca
rumbo a Quito, sino otro de la costa que unía al reino Chimú, con
la región tallán de Piura y Tumbes, y el sur del Ecuador. De la
gran población que fue Poechos, al igual que de Tumbes Viejo, no
quedan prácticamente rastros y hasta hay dudas sobre su exacta
ubicación.
Pizarro al llegar al valle del Chira, pudo darse
cuenta que los tallanes habían recibido agravios muy duros de
Atahualpa, siendo sus naturales enemigos. Decidió por lo tanto
tenerlos de aliados en su gran empresa de conquistar el Imperio. Ya
aleccionado por el efecto negativo que había causado en Tumbes las
informaciones del comportamiento abusivo de los españoles en Puná;
Pizarro hizo conocer a su gente en Poechos, por bando, que debían
respetar a los indígenas y bajo amenaza de ser castigado, prohibió
toda clase de vejámenes. Si bien es cierto que tales disposiciones
del gobernador, no hicieron desaparecer los abusos, cuando menos se
evitó que pudieran ser mayores.
Cumpliendo con las disposiciones contenidas en las
Capitulaciones de Toledo, Pizarro tomó posesión oficial de la nueva
tierra, en nombre de los reyes, con lo cual evitaba también, que
otro capitán español intentara arrebatarle esas comarcas.
Pizarro que había estado con Balboa en la toma de
posesión del mar del Sur hizo lo mismo en Poechos y con pregón insta
a los caciques y a todos los habitantes a reconocer el vasallaje al
rey de España y entrar en la obediencia a la iglesia. Hay que
imaginar a las multitudes indias perplejas oyendo a tan extraños
personajes, hablar en un idioma que no entendían, hacer gestos y
cumplir ceremonias que les parecerían inusuales; pero que iban a
cambiar tremendamente su rumbo de vida. Menos mal para ellos, que
entre los extraños se encontraba Felipillo el intérprete, que muchos
cronistas aseguran era un indio de Poechos. Este hombre era muy
inteligente, así como avispado y ambicioso y sin escrúpulos y
dándose cuenta que iba a jugar un papel muy importante en los hechos
por desencadenarse; se propuso aprovecharlo todo, en su propio
beneficio. Pero hay que reconocer que siempre ya sea para bien o
para mal, Felipillo recordó su origen tallán. Es por eso que en las
largas pláticas que tenía con sus paisanos, les contaba de las
maravillas y del poderío de España, del rey Carlos V como el más
grande monarca, y el significado que tenía la cruz para los recién
llegados. Sería pues Felipillo el que haría luego conocer a los
tallanes de Poechos los alcances de la toma de posesión llevada a
cabo por Pizarro.
Podríamos también decir, que Felipillo contribuyó a
dar un determinado curso a la Historia, que sin él pudo haber sido
otro, en favor o en perjuicio del Perú. Hasta entonces Pizarro había
actuado como guerrero, o jefe de mesnadas, pero ahora tenía que
hacer el papel de gobernador y actuar dentro del campo de la
política. Disponía ya de un territorio sobre el cual gobernar y
creyó necesario organizar una transitoria sede jurisdiccional. Los
caciques de la región entendieron al fin el significado de la toma
de posesión y se le sometieron. El de Poechos no sólo le brindó
muchas facilidades, sino que también lo acompañó en su viaje a
Cajamarca y le proporcionó una gran cantidad de indios auxiliares.
Consideramos que al llegar Pizarro, había en Poechos
dos autoridades. Una era el gobernador Maizabilca puesto por
Atahualpa, con jurisdicción militar en toda la región y el otro era
Huacha Puru, el curaca tallán de Poechos, sin mando militar que se
le había permitido seguir al frente de su curacazgo.
Como corresponde a todo jefe militar y político
precavido, Pizarro dispuso el reconocimiento y la exploración de
toda la comarca. Con tal fin mandó a Hernando de Soto al interior de
la sierra piurana. Al dar Pizarro esta misión a Soto, estuvo
acertado porque se trataba de un experto y valiente capitán de
caballería, que siempre supo responder a la misión que se le había
encomendado. Al tomar esas decisiones tuvo que vencer Pizarro los
reclamos que le hacía su hermano Hernando, por cuyo motivo también
Pizarro le encargaba misiones similares, porque hay que reconocer
que Hernando Pizarro era igualmente un valiente.
Soto tenía sin embargo la ventaja de ser un gran
estratega militar y un buen diplomático, lo que no le impedía a
veces ser bastante duro con los indios; pero sin dejarse ganar por
los arrebatos de ira de Hernando Pizarro.
En esta segunda misión que Pizarro confió a Soto,
éste llegó a las proximidades de Caxas donde los indios estaban en
pie de guerra. Algunos cronistas dicen que la tropilla de Soto fue
de 30 hombres de a caballo, pero otros aseguran eran 60. Los indios
de la sierra azuzados por curacas y jefes atahualpistas estaban
sublevados, por lo cual Soto usando de la prudencia hizo el
consabido pregón de que iba en paz en nombre del rey de España y de
Dios, solicitando sometimiento. Algunos acataron el pedido
amedrentados por los caballos y la estampa de los españoles, pero
otros resistieron, por lo cual los tuvo que atacar y tras breves
escaramuzas vencerlos y tomar algunos prisioneros. Los curacas Icotu
y Cango estuvieron entre los principales prisioneros.
Soto en su incursión en las serranías, narrada por
el cronista Pedro Pizarro, encontró lavaderos de oro, de los que
sacó buena cantidad del precioso metal. Con ese botín, más una
valiosa información sobre el avance de Atahualpa en suelo de
imperio, retornó el capitán español a Poechos, causando gran
contentamiento en Pizarro. Esta excursión hizo a Soto un conocedor
del terreno y por ese motivo meses más tarde, el conquistador le
confiaría una vez más una misión similar, cuando se dirigía a
Cajamarca, y se encontraba a la altura de Pabur. ¿Dónde se
encuentran los lavaderos de oro que halló Soto?¿ Tambogrande, Río
Blanco ?
Francisco Pizarro siguiendo el consejo de sus aliados
los curacas tallanes, manda partidas a explorar el valle con
dirección al mar, pues deseaba conocer si había una bahía apropiada
que sirviera de base de comunicaciones con Panamá, en lugar de
Tumbes (caleta de La Cruz) que no tenía condiciones naturales,
estaba alejada y los indios eran hostiles. Todos los cronistas
están de acuerdo en que la tropilla llegó hasta Payta en donde
encontró a un cacique de ese nombre.
El cronista Miguel de Estete expresa: “Descubriese
todo hasta el mar y por que pareció tener buen puerto y buena
disposición para poblar, el dicho gobernador Pizarro, acordó hacer
allí un pueblo en el mejor lugar y sitio que le pareció para que los
navíos y gente que viniese a la tierra, tuviesen abrigo y parte
cierta donde desembarcar y así se fundó la villa de San Miguel”.
Cuando Pizarro abandonó Tumbes, el derrotado cacique
Chiri-Masa había ofrecido que mantendría la paz y en prueba de ello
le entregó -varios parientes para acompañar al conquistador. Con
todo, Pizarro no confiaba en este jefe indio, y eso fue otra
poderosa razón en el conquistador para no pensar en crear una base
de operaciones en Tumbes, y en cambio al ver el valle del Chira, se
entusiasmó y más aun cuando al regresar los exploradores, le
contaron que Payta era un magnífico puerto natural, muy abrigado y
de gran mansedumbre en sus aguas, siendo sus habitantes pescadores y
gente muy marinera. Los exploradores tuvieron que pasar
necesariamente por Amotape donde mandaba un cacique muy respetado en
la comarca. Indudablemente que vadearon el río Chira que en junio
se encuentra en estiaje, a la altura de La Huaca donde había un
adoratorio o huaca; y aun que los cronistas no lo dicen, es en estos
momentos en que se inicia, ese tremendo drama del ajusticiamiento de
los nobles de Amotape. El adoratorio era famoso en la región y los
indios llevaban a él ofrendas de oro y plata, así como piedras
preciosas y en los españoles se hizo presente una vez
más, su desmesurada sed de riqueza, de tal manera que olvidando las
prohibiciones de Pizarro, actuaron de la misma forma que lo hicieron
a lo largo de todo el territorio nacional, robar las ofrendas, lo
que para los indios era un tremendo sacrilegio, motivando la cólera
de las gentes del lugar, colmando su paciencia, y originando sus
intentos de rebelión, más no por adhesión a la causa de Atahualpa.
Pizarro ya escarmentado por las fantasías que una vez
le contó Candia de la ciudad de Tumbes, en esta oportunidad no quiso
confiar tanto en los informes de sus subordinados, y decidió
cerciorarse personalmente de todo.
Se movilizó entonces con una tropilla y pasó por la
actual zona de Marcavelica y Tangarará; de los que sus curacas
salieron a recibirlos; quedando embelesado por la belleza y
productividad del valle. Hay que creer, que el gobernador por
entonces, al igual de lo que ocurre ahora con cualquier extraño que
ve el exuberante manto esmeraldino del valle del Chira, haya quedado
subyugado y enamorado de esa grandeza y belleza natural. Es muy
posible que haya germinado en su mente, la idea de hacer en esa
paradisíaca región, la primera ciudad española en lugar de
aprovechar las comodidades de Poechos. Una nueva sorpresa esperaba
sin embargo a Pizarro cuando desde el tablazo pudo contemplar la
linda bahía paiteña; al observar extasiado los cambiantes tonos azul
y verde del mar. En la playa, el señor gobernador alternó con los
pescadores y con el cacique Payta, indagó sobre el clima y se
convenció que era preferible utilizar ese lugar como puerta al mundo
exterior, en vez de Tumbes.
Fue en esos momentos en que se jugó el destino de ese
puerto, llamado a desempeñar un principalísimo papel en el período
de la conquista y en los dos primeros siglos del virreinato.
Es posible también, que por entonces haya decidido
Pizarro fundar el tambo de Paita. Era el mes de junio de 1532.
Contento y satisfecho retornó Pizarro a Poechos, con
el pensamiento de acercar más su cuartel general al puerto recién
elegido, lo que significaba abandonar el campamento de Poechos.
Entonces decide enviar una partida de a caballo a
Tumbes, con aviso de que los 50 españoles dejados allí, vinieran de
inmediato a Poechos y los barcos a la bahía de Paita. Pero al día
siguiente, ante el temor de que el pequeño grupo fuera atacado por
indios alzados o por guerrillas atahualpistas; dispuso que su
hermano Hernando, saliera con más gente a caballo, les diera alcance
y los escoltara, hasta Tumbes, asumiendo el mando de la misión.
¿Cuándo salió Hernando? Establecer aproximadamente
esa fecha es sin duda un dato muy importante para la historia
piurana. Considerando todo lo que hizo Pizarro desde su llegada a
Poechos, se tendría que admitir, que en ello ocupó no menos de 15
días, y que Hernando partió entre el 10 y el 15 de Junio.
Muchas cosas tendría que haber ejecutado Hernando
Pizarro para demorarse tanto en Tumbes pues había ocupado un mes
desde que salió de Poechos hasta la fecha de su retorno.
Normalmente si consideramos. los días utilizados en la marcha de ida
y de regreso, más los recados y diligencias por hacer en Tumbes, no
hubiera ocupado sino 15 días, como máximo 20. Pero en esa época, el
tiempo no tenía significación.
Hernando dispuso desde Tumbes la salida a Paita, de
los barcos con el fardalaje. La «flota» consistía en un navío, un
barco menor y cinco grandes balsas tallanes con velas. Para los
diestros balseros tallanes, el recorrido de la ruta marítima de
Tumbes-Paita era cuestión de rutina, y es posible que actuaron hasta
como guías en el viaje. El navío “Santa Catalina” era manejado por
Juan Pichón y el barco “Santo Domingo,” por Juan de San Juan.
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