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CAPÍTULO IV
Los Españoles en Piura
01.-
Pizarro en Poechos.
02.-
Martinillo en Poechos.
03.-
El curaca de Poechos.
04.-
Llegan embajadores de Huáscar y Atahualpa.
05.-
El retorno de Hernando Pizarro.
06.-
La llegada de un espía de Atahualpa.
07.-
La rebelión de los curacas.
08.-
La versión de los cronistas.
09.-
La versión de Porras Barrenechea y J.J. Vega.
10.-
La versión de padre Vargas.
11.-
Los mitimaes.
12.-
Juan Pizarro ocupa Pirhúa.
13.-
Pizarro se crea una escolta.
14.-
Fortaleza de
Tumbes y Poechos
11.- Los mitimaes
Tanto los romanos como los demás pueblos de la
antigüedad, ponían sanciones a los pueblos contumazmente rebeldes,
trasladándolos en masa a otros lugares. Es decir que los
desarraigaron de su patria. Esa pena de confinamiento ocurrió varias
veces con el pueblo judío a lo largo de su milenaria historia, que
una vez fue trasladado a los confines del imperio asirio, más tarde
a Egipto y los romanos no sólo destruyeron Jerusalén, sino que
desparramaron a los judíos por diversos lugares del imperio romano.
Esa política también fue practicada por los incas y más tarde por
los españoles conquistadores.
Es un hecho que tanto los tumpis, como los tallanes y
los guayacundos de la sierra de Piura, resistieron a las fuerzas del
inca Atahualpa, y se libraron sangrientas luchas en Tumbes, Poechos
y Caxas; con el triunfo siempre de los imperiales. Pueblo vencido,
era convertido en mitimae, es decir trasladado en grupos a otras
comarcas y dispersado. Si bien es cierto que el traslado de los
derrotados no se hacía en forma total, era de todos modos notorio el
despoblamiento de las que antes habían sido florecientes
poblaciones, como lo pudieron comprobar los españoles, más tarde.
Cuando las huestes de Atahualpa atacaron Poechos y
vencieron a su cacique, una buena parte de la población fue
trasladada al valle de Narihualá. En el despoblado pueblo vencido de
Poechos quedó un gobernador militar del inca Atahualpa.
Cuando el curaca de Amotape fue condenado a la
hoguera, corrieron igual suerte, otros doce principales entre los
que estarían los curacas de Pariñas, Colán y Marcavilca, pues ya no
se volvió a saber más de ellos.
Hay otra versión más de estos hechos, según la cual
Pizarro perdonó al curaca La Chira y no se sabe porque motivo lo
premió no sólo dejándolo al frente de su curacazgo, sino que le
entregó el de Amotape que era más importante, mientras durase la
minoría del hijo del curaca de Amotape, ajusticiado. Los tallanes
consideraron traidor a La Chira y poco tiempo más tarde lo
asesinaron. Es decir, que según esta versión, La Chira no fue
desterrado.
Pero en los primeros años de la colonia vemos a
destacados personajes de apellido La Chira, entre las parcialidades
del Chira morando en Catacaos y Narihualá
Tras la rebelión del curaca de Amotape, también
Pizarro confinó en el valle de Catacaos a gran cantidad de indios de
Pariñas, Colán, Amotape, Chira y Marcavelica. Los historiadores
sostenedores del confinamiento de La Chira en Catacaos, dicen que
en ese lugar, siguió siendo jefe de sus parcialidades. Cuando se
habla del asesinato de La Chira por traidor, no se sabe si ese hecho
ocurrió en el valle del Chira o en Catacaos. Tampoco se sabe cuando.
Sin embargo, ese destierro, le permitió a él y a sus descendientes
jugar un importante papel en la región del otro valle, tan es así,
que en 1625 el capitán Carlos La Chira, era no sólo cacique de
Catacaos, sino también su gobernador. En el ejército de Atahualpa
había cientos de mitimaes tallanes, que por ser combatientes
forzados, estaban listos para desertar, a la primera oportunidad que
se les presentara.
En 1550 siendo Virrey del Perú don Andrés Hurtado de
Mendoza, habitaban en Catacaos 14 parcialidades, pero sólo 212
indios pertenecientes a las parcialidades de Narihualá, de Colán y
Poechos eran las que pagaban impuestos, por un monto de 780 pesos al
año. Las demás parcialidades por ser excesivamente pobres, no
tributaban. Los indios de las parcialidades de Poechos y de Colán
retornaron años más tarde a sus lugares de origen, lo que es
perfectamente explicable en los últimos, por ser pescadores y
marinos, y no poder adaptarse a la vida agrícola. El historiador
Jacobo Cruz Villegas se ocupa en detalle estos confinamientos de
grupos tribales. |