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CAPÍTULO IV
Los Españoles en Piura
01.-
Pizarro en Poechos.
02.-
Martinillo en Poechos.
03.-
El curaca de Poechos.
04.-
Llegan embajadores de Huáscar y Atahualpa.
05.-
El retorno de Hernando Pizarro.
06.-
La llegada de un espía de Atahualpa.
07.-
La rebelión de los curacas.
08.-
La versión de los cronistas.
09.-
La versión de Porras Barrenechea y J.J. Vega.
10.-
La versión de padre Vargas.
11.-
Los mitimaes.
12.-
Juan Pizarro ocupa Pirhúa.
13.-
Pizarro se crea una escolta.
14.-
Fortaleza de
Tumbes y Poechos
07.- La rebelión de los curacas
Pizarro envió a Paita posiblemente a fines de julio
una tropilla para que sirviera de enlace a los que venían por mar
desde Tumbes. Esta es una versión, de las varias que hay al
respecto.
Mientras tanto Pizarro seguía en Poechos recibiendo
delegaciones indias y afianzando las alianzas con los tallanes.
Es posible que los españoles enviados a Paita para
recibir a los de Tumbes, cegados por la ambición del oro,
incursionaron en el templo o adoratorio o huaca que había en la
región de Motape o Amotape para desvalijar a los ídolos.
También en la ubicación de la actual ciudad de La
Huaca, existía por entonces un adoratorio indio o huaca, muy famoso
en la región, que era visitado por gran cantidad de naturales. Los
españoles le llamaban canapa, posiblemente por corrupción de la voz
quechua conapa que quiere decir huaca. Cuando Piura proclamó su
independencia y era su gobernador el general Juan Pardo de Zela, le
dio a la población allí existente, el nombre oficial de La Huaca.
El hecho es que en 1532 estando los españoles en su
tarea de saqueo, fueron cercados por los indios enfurecidos,
teniendo que atrincherarse en el pequeño templo. Los cronistas -que
lógicamente siempre estaban de parte de sus compatriotas- dicen que
los españoles fueron, atacados a traición por los naturales de
Amotaje y se vieron obligados a refugiarse en el templo, lo cual no
es creíble porque los conquistadores llegaron a especializarse en
desvalijar y profanar templos y en eso tenían el respaldo de los
religiosos, que decían, que las huacas eran adoratorios para las
fuerzas del mal. De esa forma y sin ningún escrúpulo, saquearon los
templos de Narihualá, Pachacamac y el Coricancha.
Otros cronistas en su afán de disimular los abusos de
los españoles, aseguraban que la gente llegada en barcos desde
Tumbes, desembarcaron en la bocana del río Chira al que remontaron
en las balsas tallanes y que más o menos a la altura de La Huaca los
sorprendió la noche, de tal manera que fatigados levantaron un
campamento. Fue entonces cuando se produjo el asalto de los indios;
y los españoles con sus auxiliares los indios de Nicaragua y los
esclavos negros, se vieron obligados a refugiarse en el templo que
había cercano, en forma de pirámide escalonada. Sitiados por grupos
de naturales encolerizados, lograron sin embargo enviar un aviso a
Pizarro, el que lo recibió, no se sabe si en Poechos o cuando se
encontraba explorando el valle del Chira. De acuerdo a esta versión,
los depredadores fueron los llegados de Tumbes.
El hecho es que Francisco Pizarro acudió presuroso y
desbarató el cerco indio. Los estoicos curacas capturados, no
llegaron a delatar los nombres de los demás jefes indios
comprometidos en el complot y se llevaron el secreto a la tumba, y
de ese modo el curaca de Poechos no llegó a ser comprometido.
No se ha podido ubicar donde existió el adoratorio de
La Huaca.
La rebelión de los curacas fue después del retorno de
Hernando a Poechos y ese asunto distrajo a Francisco Pizarro varios
días. Por lo tanto los sucesos de La Huaca pueden haberse producido
entre el 2 y el l0 de agosto, después del 15 de julio, fecha que se
ha tomado oficialmente para la fundación de San Miguel. El cronista
Pedro Pizarro asegura, que los indios de Tumbes conocían el complot
y que el soldado Melchor Palomino lo supo porque se lo contó una
india que era su querida. La historia habla de dos hechos distintos,
la rebelión en La Huaca y la conspiración capitaneada por el curaca
de Amotape.
Cuando se descubrió la conspiración de los curacas y
capitanes de Amotape, la zona de Tangarará estaba bajo el gobierno
de un cacique joven llamado Chira, que también estaba comprometido.
No está probado que el jefe Chira fuera partidario de
Atahualpa, pero él de Amotape sí lo era, porque en Cajamarca cuando
Atahualpa recibió las embajadas de Pizarro, les reclamó por los
actos inamistosos cometidos por los españoles en esa región.
Como ya lo hemos dicho, hay también la versión de que
Pizarro salió de Poechos a explorar el valle con una tropilla, y que
fue en el trayecto casi en forma casual, que supo de la rebelión.
Contra esa tesis está el hecho, de haber sido muy numerosa la
tropilla con que se hizo acompañar Francisco Pizarro, y si más bien
apropiada para una operación militar. Hay una versión, según la cual
Pizarro no salió de Poechos para labor de exploración, sino para una
acción militar. Mientras tanto los barcos habían llegado a Paita y
de allí confluían los españoles rumbo a La Huaca. Al ser derrotados
los indios en este lugar, fueron capturados una gran cantidad de
ellos, entre los cuales estaba el curaca de Amotape y 12 de sus
nobles. Se les siguió un juicio sumario y la sentencia fue la de
morir en la hoguera, que era la pena para un hereje. Es decir que
según esta versión, no hubo una simple conspiración, sino un
levantamiento.
Fue así como principió a funcionar en el Perú la
justicia de Occidente. Pizarro y los suyos fueron en esta
oportunidad, en Cajamarca y en otros muchos lugares; acusadores,
jueces y verdugos. Era en su criterio, una forma muy cristiana de
hacer justicia.
Dado el fanatismo de los españoles, hay que suponer
que a los condenados se les ofreció la oportunidad -puramente
formal- de convertirse al cristianismo y ser bautizados, en cuyo
caso la pena hubiera sido el garrote o garrotillo, como pasó con
Atahualpa; pero los enfurecidos curacas que precisamente se sentían
ofendidos por el ultraje a sus dioses, tienen que haber rechazado
soberbios la oferta como más tarde lo hiciera Chalcuchimac,
exclamando “Yo no entiendo la religión de los blancos, Pachacamac,
Pachacamac”.
Las trece antorchas vivientes, fueron los primeros
peruanos antepasados nuestros, tallanes y piuranos, que prefirieron
la muerte atroz y mantener sus principios y su soberbia, antes que
someterse a esas gentes extrañas, en quienes algunos veían a hombres
sobrenaturales y auténticos viracochas.
Mártires de su paganismo, son una muestra y símbolo
del orgullo Tallán y fueron los primeros que no murieron en combate,
sino como una demostración de la cultura de Occidente.
En el juicio que se le siguió al curaca Chira, no se
le encontró mucha culpabilidad y por eso se le perdonó la vida, pero
se desterró, a numeroso grupo de familiares y allegados, al otro
valle, en donde estaba la localidad de Narihualá.
El feroz escarmiento fue sin duda un aviso, para los
pocos atahualpistas que aún pensaban resistir en la región.
Más tarde, sería el padre Valverde, el que daría el
pasaporte a la eternidad a las víctimas, en medio de rezos, cánticos
y golpes de pecho.
Los curacas de Payta y de Tumbes, enviaron chasquis a
Atahualpa informándolo de todo. |