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CAPÍTULO IV
Los Españoles en Piura
01.-
Pizarro en Poechos.
02.-
Martinillo en Poechos.
03.-
El curaca de Poechos.
04.-
Llegan embajadores de Huáscar y Atahualpa.
05.-
El retorno de Hernando Pizarro.
06.-
La llegada de un espía de Atahualpa.
07.-
La rebelión de los curacas.
08.-
La versión de los cronistas.
09.-
La versión de Porras Barrenechea y J.J. Vega.
10.-
La versión de padre Vargas.
11.-
Los mitimaes.
112.-
Juan Pizarro ocupa Pirhúa.
13.-
Pizarro se crea una escolta.
14.-
Fortaleza de
Tumbes y Poechos
03.- El curaca de Poechos
No se ha llegado a establecer con toda precisión la
identidad del personaje que actuaba como curaca de Poechos al
momento de llegar Pizarro a esa localidad.
Juan José Vega en “La Guerra de los Viracochas» al
relatar la permanencia de Pizarro en Poechos, no da, ningún nombre,
pero más adelante cuando se refiere al ingreso de Soto a Caxas hace
entrar en escena, de acuerdo a la versión de los cronistas, a un
arrogante capitán atahualpista, al que llama Maica Huilca, al cual
Atahualpa había entregado como gobernación, gran parte del valle del
río Turicarami o río Tallana (Chira) y el sur de Ecuador o región
Chincha.
El mismo historiador al relatar el avance de Pizarro
hacia Cajamarca, manifiesta que el embajador nativo que Pizarro,
envió ante el Inca Atahualpa, fue el cacique Tallán Guacha Puru.
Para el historiador José Antonio del Busto y
Duthurburu (en su obra “Francisco Pizarro”) el cacique de Poechos
era Maizabilca, al que pinta como un hombre ladino y solapado.
Parece que en Poechos han figurado dos
personajes indios muy distintos. Uno que era el gobernador
militar designado por Atahualpa con posible mando en todo el
territorio que fue
la región Grau (Piura y Tumbes), , y otro que era el curaca de Poechos, sometido a su
vasallaje, con mando político sólo en el curacazgo. Es también
probable que cuando Hernando Pizarro y Benalcázar incursionaron
sobre Poechos mientras Pizarro estaba en Tumbes, enfrentaron a
alguna pequeña fuerza atahualpista a la que vencieron, y que eran
parte de las tropas de un jefe militar de Atahualpa, que en ese
momento con el grueso de sus fuerzas estaba reduciendo a los
partidarios de Huáscar en Caxas a los que venció y castigó,
disponiendo luego que la mayor parte de sus tropas fueran a engrosar
al ejército de Atahualpa que estaba pasando por Huancabamba rumbo a
Cajamarca. El gobernador atahualpista se quedaría en Caxas con sólo
pocas fuerzas a la expectativa y observando los movimientos de los
extraños que estaban en el valle Turicarami. Por lo tanto el curaca
tallán de Poechos era otro personaje.
Francisco Pizarro fue recibido en muy buena forma por
el curaca y Señor de Poechos y lo invitó a hospedarse con sus
soldados en la población. Sin embargo, el jefe español, ya sea por
seguridad, desconfianza o comodidad, así como para evitar
familiaridades y abusos de sus soldados con la población, prefirió
ocupar la fortaleza que estaba un poco separada y mantener la forma
militar de guarnición. Según Petersen, la fortaleza pudo estar a
unos 370 metros de lo que fue la casa hacienda de Poechos, ocupando
un área de 85 x 45 metros.
Resulta un enigma la posibilidad de que existiera
otra fortaleza, frente a Poechos pero en la otra margen del río.
El curaca, jefe político de Poechos, el tallán Huaca
Puro, salió a recibir a Pizarro a gran distancia del pueblo, con
brillante comitiva y mucha pompa y ofreció a Pizarro, alojamiento y
alimentación para la tropa y forraje para los caballos.
Estos enormes animales, tan extraños para los indios,
encontraron en la región tallán un valioso alimento en la algarroba.
De primer momento, el curaca de Poechos se impresionó
con todo aquello que en otros lugares también habían llamado la
atención de los indios. Conocía por noticias de indios llegados de
Tumbes y por la forma como ya antes habían actuado en el lugar
Hernando Pizarro y Benalcázar del gran poder español, que permitía
que sólo un puñado de esos seres extraños venciera grandes masas de
indios. Pero ahora tenía nada menos que al jefe de esos seres,
motivo por el cual prefirió contemporizar con esa gente a la que
reconocía superior, y a los que ya se había empezado a llamar
Viracochas o salidos de la espuma del mar.
El curaca era sin duda un político dúctil y con gran
sentido de la oportunidad. Su presencia al frente del curacazgo de
Poechos teniendo sobre él a un capitán militar de Atahualpa,
mostraba que había logrado capear el temporal bélico del momento y
ser tolerado por el Inca usurpador al cual sin duda tuvo que
sometérsele. Pero temía que llegara un momento en que tuviera que
rendir cuenta al inca de haber recibido bien a esos extraños. Se
encontraba por lo tanto entre la espada y la pared. No podría
confesar al amo lejano, que temeroso del poder de esos personajes se
había sometido ante lo que representaba un peligro inmediato. Por
eso, a manera de justificación y como buen vasallo, envió a
Atahualpa chasquis, haciéndole conocer el arribo de los españoles a
los que describía como personajes casi divinos, con tremendo poder a
pesar de ser relativamente pocos. Pero también el gobernador
militar, atahualpista que se encontraba en Caxas y que para muchos
historiadores era el verdadero Maizabilca, criterio que no
compartimos, igualmente había remitido mensajeros al Inca, pero como
era soberbio, consideraba que podía vencer a los españoles y hasta
llevarlos amarrados ante Atahualpa.
El jefe militar indio de Poechos era
muy observador e inteligente, y pronto se dio cuenta que los visitantes nada tenían
de divinos, sino simplemente hombres poderosos y se cuidó mucho, de
hacer conocer este criterio a Atahualpa, porque entonces no podía
justificar su sometimiento.
Bien pronto los curacas subordinados al de Poechos y
los indios en general, se sintieron mortificados por tan incómodos
huéspedes, que consumían grandes cantidades de alimentos, violaban
mujeres y cometían tropelías pese a las órdenes dadas por Francisco
Pizarro. Ya hemos dicho que Maizavilca para congraciarse con el
conquistador, le regaló un indio para que le sirviera de paje al
cual se le puso por nombre Martinillo y se le enseñó el español.
El curaca de Poechos para oír las quejas de sus
vasallos y de los demás curacas del valle, salía del pueblo y se
reunía en diversos lugares de la región chirense a escondidas de los
españoles. Así fue fermentando el espíritu de rebelión. Como
primera medida, se decidió alentar a los españoles a proseguir la
marcha, contándoles de grandes riquezas en otros lugares, pues se
habían dado cuenta de la avidez que por el oro sentían los
españoles. Como temían a los intrusos, no querían romper
francamente con ellos, pero los alentaban a que se fueran.
Sólo en caso desesperado, o cuando las ventajas
estuvieran completamente de su parte, se decidirían atacar a los
intrusos. El curaca prefería sin embargo utilizar medios políticos,
para deshacerse de ellos antes de acudir a la violencia.
Los indios llamaban Chincha a la región que tenía
como capital a Poechos. y abarcaba también parte de la sierra sur
del Ecuador. El historiador José Antonio del Busto, apoyándose en el
texto del testamento de Martinillo asegura que el curaca de Poechos
era Maizabilca, criterio que no compartimos, por que como hemos
dicho, lo consideramos más bien como gobernador de la región.
Don Raúl Porras Barrenechea, en “Pizarro”, cuando
describe la embajada que Francisco Pizarro envió a Atahualpa a pocas
leguas de Cajamarca y que la integraban Hernando Pizarro y Hernando
de Soto, relata que el inca se quejó del comportamiento español y le
dijo que había recibido informes del cacique Maizabilca de los
maltratos que los cristianos habían inferido a los súbditos del inca
y que en venganza habían matado a tres españoles. A ello habría
respondido Hernando Pizarro con desprecio “¿Cómo iban a matar un
solo cristiano los indios de aquel cacique si eran todos unos
grandes gallinas?”
En la celada de Cajamarca, Maizabilca, el gobernador,
formó parte del grupo de nobles que estando cerca de la litera del
inca, murieron defendiéndolo con su cuerpo. Estando ya Atahualpa
prisionero, culpó a muchos de los suyos de su caída, entre ellos a
Maizabilca al que según Porras Barrenechea, llamó cacique miserable
que lo había engañado haciéndole creer que a los españoles se les
podía vencer fácilmente, con solamente sogas para amarrarlos.
Las expresiones de Atahualpa, parecen se referían, no
al curaca de Poechos sino al gobernador militar, personaje soberbio,
que pensaba podía vencer a los españoles y amarrados llevarlos ante
el inca..
Más adelante nos volveremos a ocupar de Maizabilca.
Todo hace suponer que el antiguo Poechos estuvo ubicado en Huaypirá
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