Entre el conjunto de carpinteros, el oficio de
carrero era de los más especializados dentro del mundo rural. De
su taller salían todo tipo de carruajes y entre éstos, vagonetas
para minas. Trabajaban con maderas resistentes como el roble, el negrillo
y el fresno. Para los cubos de las ruedas disponían de tornos y
eran hábiles carpinteros a la hora de ensamblar maderas. Disponían
de fragua propia en la que daban forma circular a las llantas de hierro,
soldándolas por el método de las "caldas", consistente en
calentar los dos extremos y juntarlos forjándolos a la vez, añadiendo
sal de borax en la zona de unión.
Para colocar la llanta sobre la rueda, primero
se calentaba en una hoguera para que, dilatándose, entrase con facilidad
y rápidamente se enfriaba en agua para no quemar la madera y al
contraerse abrazaba con fuerza la rueda. Con el tiempo las maderas se secaban
y se aflojaban, por lo que se tenían que acortar las llantas para
volver a calzar las ruedas.

Carrero de la montaña
a principios del siglo XX.
.
|