En muchos pueblos de la montaña existieron
fraguas desde tiempos remotos. Arreglaban herramientas y aperos para el
campo. También reparaban utensilios de cocina, carruajes y todo
tipo de maquinaria. Los clavos, rejas y balconadas eran otras de sus producciones.
Tradicionalmente habían consumido carbón vegetal, de roble
y de urz, y fueron unos de los primeros en aprovechar el carbón
mineral que afloraba a la superficie.
Del consumo de hierro para las fraguas nos da
una idea la cantidad de 7.400 arrobas anuales, en 1849, que se vendían
en León, tal como lo indica el diccionario de Madoz ( una arroba
son 11 kilogramos, por tanto unas 82 toneladas ). Estas fraguas Ezquerra
del Bayo, en 1844, estimaba que podían llegar a quemar 4.500 arrobas
de carbón mineral ( 50 toneladas ).

Fragua de pueblo.
Estas mismas fraguas afilaban las picas
y barrenas de las pequeñas minas, pero si éstas tenían
alguna entidad tenían su propia fragua, junto con la lampistería
y las cuadras para las mulas y los bueyes que movían las vagonetas.
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