Una
técnica de redacción
Presentación
2. Texto modelo
3. Lectura comprensiva
4. Estructuración del texto
5. Imitación del modelo
6. Puntuación
7. Ortografía
8. Autocorrección
9. Heterocorrección![]()
5. Imitación del modelo
5.1. Planteamiento
Hemos hecho ya una síntesis del texto en cuestión. Tenemos, por tanto, las bases para empezar la actividad de redacción propiamente dicha. Ahora el papel que tenemos delante es este:
Fecha:
Nombre: Núm:
Ideas
Tema: "Platero"
1. Descripción externa (1-2)
2. Costumbres de Platero ( 3-4)
3. Gustos de Platero (5-6)
4. Su porte (7-8)
Como bien observamos, poseemos un título, "Platero", y unas ideas. Con estos ingredientes es fácil que nuestra imaginación sea capaz de montarse una historia o fabulación.
5.2. Construcción del párrafo o desarrollo de ideas
Ahora sólo nos resta escribir. Con el planteamiento del esquema superior no creo que sea difícil. Es cuestión de expresar varias frases en relación con las ideas ya extraídas.
En un principio sólo nos debe preocupar este extremo. Podemos incluso, al principio, fijar el número de frases por idea. No es conveniente ser inflexibles.
Un procedimiento previo al desarrollo de las ideas por escrito puede ser, sobre todo en los inicios, el de expresar oralmente el argumento que se ha pensado para nuestra redacción.
En este punto no nos debe preocupar todavía demasiado la ortografía ni la puntuación. Es importante que el niño tenga la oportunidad de expresarse libre de prejuicios o coacciones. En consecuencia, nos ocuparemos sobre todo de motivarle lo suficiente como para que se exteriorice sin complejos. La perfección ortográfica vendrá automáticamente si logramos infundir en el discente el gusto por la expresión escrita, de sus vivencias y de su mundo simbólico.
Los pasos sucesivos serán los que progresivamente y sin traumas insuperables, nos conducirán a una mayor perfección, tanto a nivel creativo como ortográfico.
El niño tiene necesidad de expresarse. Facilitemos esta tarea ofreciéndole un medio agradable y fácil; pero soy de la opinión de que no frustremos sus deseos con una normativa demasiado estrecha, todavía.
El paso siguiente será el de ir dando a conocer, lenta, progresivamente y eficazmente los elementos necesarios para la perfección de la expresión escrita. En esta primera fase nos ceñiremos exclusivamente a dos puntos: la puntuación y la ortografía. Si montamos unas bases firmes podemos estar seguros de que el posterior entramado ganará en rapidez y eficacia.
No avanzaremos a puntos sucesivos mientras no se domine ampliamente este aspecto de la redacción, que se puede resumir en la expresión espontánea del niño. Sí es importante señalar cuestiones previas.
Sentadas estas bases es bien seguro que el resultado de este gran esfuerzo será una redacción bastante deficiente. No importa. Ahora bien, consideremos al autor -también nos interesan aquí las relaciones personales del binomio discente-docente- una persona. Y aunque en ningún momento creo que sea conveniente el halago, porque falsea la realidad, tampoco el desprecio o la infravaloración es la forma más adecuada para el acercamiento personal entre dos personas con diferentes experiencias. Sencillamente lo mejor, a mi juicio, es marcarse una gradación clara y progresiva de los objetivos a conseguir. ¡Y dar ánimos!
Esta gradación será muy interesante de establecer, y quizá lo más importante de todo nuestro método. Indudablemente el gran fallo de la enseñanza de la redacción -entre otros muchos- ha sido el querer atender simultáneamente a multitud de aspectos y valorarlos todos ellos al mismo tiempo. Pongámonos en el caso de quien quisiera que aprendiéramos varias cosas al mismo tiempo. Probablemente habría dos reacciones: o háblame despacio que tengo prisa -diríamos-, o quédese usted con lo suyo que yo me quedo con lo mío. Todo porque tenemos la oportunidad de ser libres. Pues, no queramos para otros lo que no queremos para nosotros mismos.
Sentadas estas bases, dejemos que se expresen con entera libertad. Bien o mal, qué más da. Que son expresiones y pensamientos banales, qué más da. Que las frases son incorrectas gramaticalmente, qué más da. Que la ortografía y los signos de puntuación no son los adecuados, qué más da. Lo importante es que consigamos que el niño se exprese, y que tenga algo sobre lo que expresarse.