Una técnica de redacción
Presentación 2. Texto modelo 3. Lectura comprensiva
4. Estructuración del texto 5. Imitación del modelo 6. Puntuación
7. Ortografía 8. Autocorrección 9. Heterocorrección

3. Lectura comprensiva
3.1. Ritmo y entonación
   
Prácticamente este es el primer punto de nuestra metodología. En una fase de iniciación, la lectura se hará en voz alta, para dar paso, según vayamos adentrándonos y dominando los objetivos que nos proponemos, a una lectura silenciosa e interiorizada.
    Puede parecer que este punto tiene poca ligazón con nuestros propósitos iniciales. Nada más alejado de la realidad. Una lectura, realizada en unas condiciones idóneas de entonación y comprensión, es el más firme estímulo para el goce literario. De ahí la justificación de nuestra premisa anterior referente al cuidado que debemos poner en la selección de textos. Si esta práctica la realizamos con ahínco, si sentimos el texto, si le damos vida, si palpitamos con su lectura, estaremos seguros de que cogeremos afición literaria.

3.2. Velocidad
   
Me gustaría precisar algunas puntualizaciones en previsión de posibles errores de principio, y que son frecuentes entre nuestros alumnos: No es cierto, aunque muchos de ellos lo crean así, que a mayor velocidad corresponde mayor perfección lectora. Esta regla de tres no se cumple con frecuencia, y así tenemos el caso de velocistas que emiten muchos sonidos semejantes a palabras, pero que no conocen su sentido.
    Se considera idónea, para el asunto y circunstancias que nos ocupan, una velocidad lectora que oscile entre 150 y 200 palabras por minuto. A este ritmo es ciertamente posible una correcta pronunciación de cada una de las palabras y una entonación acorde con la puntuación y sentido del texto.
    No es punto en el que debamos aquí detenernos más ampliamente puesto que consideramos que son unas técnicas, que ya se deben dominar, previas a nuestro método.

3.3. Comprensión léxica
   
Una vez realizada la lectura del texto, nuestra preocupación siguiente se centrará en torno a la comprensión total del mismo. Ninguna palabra o expresión debe quedar desconocida. Podrá hacerse una primera aproximación individual hacia la comprensión total mediante el empleo del diccionario. Si no llegara a ser posible de este modo, se intentará mediante consultas o pidiendo aclaraciones.
    El empleo profuso del diccionario es una práctica que recomendamos encarecidamente. De sus excelencias como elemento docente no es necesario hablar, ya ha tenido bastantes panegiristas como amplificador del léxico y corrector de dificultades ortográficas. Es, junto al texto y los instrumentos de escribir, el otro material imprescindible para trabajar la redacción con nuestra técnica.

 

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