Carlomagno

 

LA CONQUISTA DE SAJONIA

Todo aquello que en Italia lo traba, lo favorecer� en German�a, donde las tribus est�n repartidas en tres grupos.

Las dos primeras constituyen una zona ya influ�da por el cristianismo y la hegemon�a franca: Alemania y Turingia de un lado, Baviera del otro. La tercera es una zona pagana y b�rbara: Sajonia. Guerra contra los sajones y los b�varos, contra los �varos, y guerra tambi�n contra los �rabes y los aquitanios y hasta en Breta�a. No podemos aqu� examinar estos acontecimientos en detalle ni ordenarlos en met�dicas partes. Pero durante cuarenta a�os, Carlomagno, casi todos los a�os, con la tibieza del tiempo, se pone al frente de sus tropas para conducirlas m�s all� del Rin, de los Alpes o de los Pirineos.

Durante m�s de treinta a�os se obstina en lanzar, casi todas las primaveras, nuevas tropas contra Sajonia, "reserva de barbarie", pagana y refractaria a toda penetraci�n, de la cual se puede siempre temer un ataque contra la Francia Oriental: Carlos prefiere tomar la iniciativa del ataque y tentar la conquista. Duros ser�n los m�todos utilizados. Despu�s de Clotario en el siglo VI, las expediciones punitivas o preventivas lanzadas por los reyes merovingios y luego por Carlos Martel y Pepino el Breve, se alternaban con las incursiones con que respond�an los sajones. Era necesario dar fin a esto y lograr -utilizando todos los medios- la conversi�n al cristianismo de esos paganos obstinados. De este modo quedar�a integrado ese ind�mito pueblo a la Cristiandad y a los cuadros administrativos de la monarqu�a franca. Las primeras intervenciones de Carlomagno son de tipo tradicional, simples demostraciones militares que no tienen otro objetivo que hacer respetar el poder franco y tomar, a su vez, represalias. Pero despu�s que el rey franco ha partido a otra campa�a en Italia -en el a�o 772 y en el 776- los sajones se arrojan sobre el oriente, al que saquean; Carlos -de regreso- gira y los ataca victoriosamente; finalmente una parte de los sajones se somete y recibe el bautismo. Pero pronto todo recomienza. En la campa�a del 785 triunfa sobre las �ltimas resistencias; uno de los jefes m�s ind�mitos, Vitiquindo, capitula, presta juramento de fidelidad y recibe con mucha solemnidad el bautismo, junto con algunos otros jefes sajones.

Pero el rey franco no se contenta con esta conversi�n espectacular, y llevado por la experiencia impone una serie de medidas dr�sticas. Promulga una terrible capitular** para imponer en Sajonia la civilizaci�n franca y la religi�n cristiana, bajo pena de muerte. Citamos algunos art�culos:

"si alguno entra con violencia en una iglesia y sustrae alg�n objeto a viva fuerza, o sea comete hurto, o produce incendio, que sea castigado con la muerte".

"si alguno no respeta el santo ayuno de cuaresma por desprecio hacia la religi�n cristiana, o come carne, que se castigado con la muerte".

"si alguno, ha matado a su obispo o a un di�cono, que sea igualmente castigado con la muerte".

"si alguno hace cremar el cuerpo de un difunto y reduce los huesos a cenizas seg�n el rito pagano, que sea castigado con la muerte".

"si en el futuro alguien perteneciente a la naci�n sajona queda sin el bautismo, se esconde o lo rechaza, queriendo permanecer pagano, que sea castigado con la muerte".

"si alguno conspira con los paganos en contra de los cristianos y persiste en ser su enemigo, que sea castigado con la muerte".

"aquel que sea reconocido culpable de infidelidad hacia el rey, ser� castigado con la misma pena".

Obediencia pasiva al rey franco, interdicci�n a toda asamblea, a toda reuni�n, con excepci�n de aquellas que los condes francos convoquen; bautismo y pr�ctica del culto cristiano, impuestos bajo pena de muerte; nunca se hab�a visto, hasta entonces, un m�todo tan brutal para obligar a un pa�s -antes libre- a soportar la ley del vencedor. Este r�gimen de terror se mantendr� alg�n tiempo hasta el estallido de una revuelta, con masacres, incendios, apostas�as: la Sajonia entera se rebela. De nuevo es necesario imponerse con la fuerza de las armas, tomar rehenes. Despu�s de cuatro a�os de guerra, la mayor parte de la Sajonia puede -una vez m�s- considerarse sometida. Esta vez Carlomagno renuncia a los castigos brutales y negocia con los jefes. Sajonia es entregada a la administraci�n franca y unida a los otros territorios del mismo reino; multas y acuerdos sustituyen la amenaza constante de la pena de muerte; pero, ser�n necesarios a�n seis a�os de lucha para someter a los sajones del norte, que han vuelto a los eternos cambios de fingidas sumisiones y levantamientos y matanzas, a pesar de los rehenes.

Carlomagno se resuelve entonces a medidas m�s radicales: arranca a la poblaci�n rebelde del suelo natal y la trasplanta, en peque�os grupos, al interior del reino franco; la reemplaza por francos o por poblaciones de reconocida fidelidad, entre ellas un cierto n�mero de monjes y cl�rigos que asegurar�n, al mismo tiempo, la dominaci�n franca y el triunfo de la religi�n cristiana. Estas medidas son sistem�ticamente extendidas a la totalidad del pa�s. Carlomagno vigila personalmente la ejecuci�n de sus �rdenes: tropas francas recorren las regiones ind�mitas, arrastran consiga a sus habitantes, entre ellos, viejos, mujeres, ni�os. Los conducen como reba�o hacia las tierras lejanas que les han asignado y donde los rebeldes se encontrar�n diseminados entre la poblaci�n franca. Los francos del sur del Elba y de la otra orilla del r�o y los eslavos, llegan de inmediato a tomar posesi�n de las tierras vacantes.

Los contempor�neos se deshacen en elogios por el clamoroso triunfo obtenido en estas regiones gracias a la tenacidad del rey franco. Eginardo exclama serenamente "que unidos a los francos, los sajones formaban ahora con ellos un solo pueblo". Es necesario reconocer que la conquista y la conversi�n al cristianismo de Sajonia, constituyen el suceso durable, fundamental, del reino de Carlomagno. Ha permitido la constituci�n, en el siglo X, de una naci�n: la German�a. Sin la Sajonia, la yuxtaposici�n de pueblos germ�nicos, francos del este, alemanes, b�varos, turingios, frisones, no hubiera llegado a constituir un solo cuerpo. In�til es decir que Carlomagno no previ�, ni se propuso semejante resultado.

** Se denomina con este t�rmino los edictos reales promulgados por Carlomagno. Tratan aspectos muy variados de la administraci�n del Imperio.

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