Entrega especial

Capítulo 9

Diana comenzaba a quedarse dormida cuando escuchó un golpe en la puerta. Se sobresaltó. Se sentó en la cama, miró a todos lados tratando de recordar que había sucedido. Entonces miró hacia el baño, y vio que la luz estaba encendida. Enseguida recordó que Mark estaba allí. Se levantó de la cama; se acercó y  tocó la puerta.

“¿Mark?” Preguntó pero no obtuvo ninguna respuesta. “¿Mark?” Insistió.

“¿Qué pasó?” Dijo Mark desde el otro lado de la puerta.

“¿Te sucede algo? ¿Estás bien?” Preguntó Diana algo preocupada.

“Estoy bien” Respondió él.

“¿Estás seguro?” Insistió Diana.

“Estoy bien, OK... No te preocupes” Le respondió Mark algo molesto.

“Ok, si tú lo dices...” Dijo ella en voz baja. Luego escuchó el sonido de la regadera y asumió que Mark estaba en la ducha. Por un momento la idea de compartir la ducha con él cruzó por su mente... Sacudió la cabeza. “¡Qué cosas se te ocurren, Diana!” Se dijo a sí misma y sintió el rubor subía por su cuello hasta sus mejillas. “¿Qué tonta eres, eh?” Dijo y sonrió.

Caminó hacia la cama y fue entonces cuando vio en la mesa de noche las llaves de la camioneta de Mark, así como su billetera y su teléfono celular. Se dirigió a la mesa y tomó las llaves y la billetera. Miró hacia el baño, luego a lo que sostenía en sus manos y después hacia la puerta del cuarto. ‘Lo que había pasado temprano en Altamira fue un intento fallido, esta era la oportunidad perfecta para huir’ Le decía una voz en su interior. Se mordió el labio.

“¿Qué hago?” Pensó. Estaba indecisa. Por un lado deseaba con todas sus fuerzas no volver a casa; pero por el otro... No podía explicarlo. Simplemente no quería irse y dejar a Mark. Es decir, irse con su auto y su dinero y dejarlo ahí abandonado en ese horrible lugar... Aunque era bastante probable que Kian viniera a auxiliarlo... Cerró los ojos y dejó escapar un hondo suspiro. Colocó las llaves y la cartera en su sitio y se sentó en la cama. Miró de nuevo hacia la mesa de noche.

 “Aunque...” Pensó al ver la billetera. El gusanito de la curiosidad la carcomía. Tomó la cartera y la comenzó a revisar. “Umm... identificación... licencia de conducir...” Murmuraba mientras revisaba. “Tarjetas de crédito... Oh, ¡dinero en efectivo!” Una sonrisa iluminó su rostro. Tomó un par de billetes y los colocó en su bolsillo. “Para algo me deben servir” Pensó.

Después miró hacia el otro lado y vio que el bolso de Mark estaba en la cama. “Vamos a ver que guarda Marky por aquí...” Se dijo a sí misma sonriendo pícaramente. Y comenzó a hurgar entre sus cosas. En realidad no había nada diferente dentro del bolso, solo lo necesario para cuando se esta de viaje: un par de jeans, unas camisas, ropa interior, kit de aseo personal... “Nada interesante” Pensó. De repente su mano hizo contacto con un objeto diferente...

“¡Oh por Dios!” Dijo y lo sacó.  Era la pistola de Mark. Él siempre la llevaba consigo, pero la había guardado porque supuso que Diana no representaba un peligro mayor. Entonces Diana dejó de escuchar la regadera. “¡Oh por Dios!” Repitió y comenzó a guardar todo lo más rápido posible, tratando de arreglar las cosas como estaban. Luego se lanzó a la cama y se hizo la dormida, justamente en el momento en que Mark salía del baño. Hecha la tonta se volteó mientras se estiraba.

“Pensé que estabas dormida” Dijo él y ella abrió los ojos. 

“Un poco, es que yo... yo...” Diana se quedó mirando con cara de idiota a Mark, quien se encontraba frente a ella en ropa interior buscando algo que ponerse en su bolso. “Disculpa, ¿qué me decías?” Preguntó ella aun sin dejar de mirarlo.

“Sólo te decía que pensaba que dormías...” Dijo él y sonrió. Pero la mente de Diana estaba muy lejos y su imaginación estaba trabajando al máximo. De hecho su imaginación había estado trabajando bastante desde tempranas horas. Y no era para menos, el momento y el lugar se prestaban a ello. Mark casi desnudo frente a ella... Bueno, no tanto así, pero sí estaba en ropa interior y eso ya era bastante; ella con esas ideas locas en su cabeza desde que salieron de Altamira... Los dos solos en un motel, compartiendo la misma habitación... Su reacción no era para menos.

Diana recorría de pies a cabeza el cuerpo de Mark con la mirada. No era un mister universo pero si tenía lo suyo... Su cabello aún estaba mojado pues gotas de agua resbalaban por su frente. Comenzó por su cara, unos hermoso ojos azules... unos labios jugosos y carnosos... Continuó bajando por su cuello hasta llegar su pecho. En realidad Diana prefería a los hombres lampiños,  pero en el caso de Mark sería capaz de hacer una excepción... Todo parecía suceder en cámara lenta pues Diana podía notar como su abdomen se contraía con cada movimiento, cada respiración. Continuó con su recorrido. Fue bajando lentamente hasta llegar a su cintura y sus caderas. Largas piernas, bien formadas y un trasero espectacular. Dios, ella no podía explicar su obsesión con las pompis de los hombres... le parecía muy sexy.

Sin embargo lo que le parecía mas impresionante era su sexo, que aunque se encontraba oculto debajo del bóxer, era evidente que estaba bien dotado... Cerró los ojos y un gemido se ahogó en su garganta...

“¡Diana!” La voz de Mark la arrancó de sus fantasías. “¡Diana!” Insistió. Diana abrió los ojos y para su sorpresa ya tenía puesto unos jeans negros deslavados y sostenía una camisa en su mano. Parecía enojado.

“¿Qué?” Preguntó ella.

“Diana, ¿estuviste revisando mis cosas?” Preguntó él.

“¿Qué?” Dijo ella inocentemente.

“Claro que sí” Dijo él.

“¿De qué hablas? Por supuesto que yo no revisé tus cosas” Diana tragó saliva, la habían descubierto, sin embargo continuó haciéndose la inocente. Mark se veía más enojado.

“Yo no estoy loco, Diana” Dijo mientras buscaba frenéticamente en su bolso. “Yo sé exactamente cómo dejé mis cosas antes de entrar al baño”

“Te digo que yo no toqué tus cosas... Además, ¿con qué interés...” Mark no la dejó terminar.

“¿Dónde está mi pistola?” Dijo él más enojado. “Yo la tenía aquí y ahora no está... Tú la tomaste” Se acercó a ella y la asió por un brazo “En este mismo instante me dices donde diablos está mi pistola!!!”

Diana intentó liberarse. “¡Suéltame, me estás haciendo daño! Además no sé que de que me estás hablando... yo no he revisado tu maletín y mucho menos tomé tu arma...” Dijo ella y se sentó en la cama. Él continuó buscando, hasta que la encontró. “¿Te das cuenta?” Dijo ella esta vez enojada y herida. “ Me acusaste injustamente...”

Mark estaba apenado. “Lo siento... Es que yo...”

“No Mark, déjalo así por favor...” Dijo ella y se acostó en la cama. Mark terminó de arreglar sus cosas en silencio, se vistió y se dirigió a la puerta.

“¿A dónde vas?” Preguntó ella.

“Voy a dar una vuelta” Contestó él.

Diana se sentó en la cama. “¿No pensarás dejarme aquí sola?” Mark encogió los hombros. “Podría escapar, ¿sabes?” Continuó ella.

“No, no lo harás” Le respondió él cortante. Diana lo miraba con cara de ruego. Si Mark pensaba salir ella no se iba a quedar sola en la habitación. Mark dejó escapar un suspiro. “Está bien” Dijo.

“Bien, espérame mientras me doy un baño y me cambio” Diana se levantó, tomó su maletín y se metió al baño.  

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