Entrega especial
Capítulo 14
Después de lo ocurrido la noche anterior, las horas se hicieron eternas, sobre todo para Diana, quien había permanecido despierta por un buen rato. Si bien no supo a que hora se quedó dormida, si estaba al tanto de que era bien tarde. Había pensado mucho, en lo que había sucedido, lo que estaba sucediendo y lo que estaba por suceder. Era bien sabido que ella se sentía atraída por él; que habían compartido unos cuantos besos y unas caricias… bueno, está bien… estuvieron a punto de hacer el amor… De sólo pensarlo comenzaba a excitarse de nuevo. Mark era un experto con las manos y con la boca. Jamás en su vida, un chico la había besado en la forma en que él lo había hecho… Estaba claro que la atracción era mutua; pero era solo eso, algo físico basado en la lujuria y el deseo que había llegado hasta ese punto porque la situación se había prestado para ello… Pero entonces ¿Por qué se sintió tan mal cuando el se arrepintió? ¿Por qué esa extraña sensación de vacío, de querer algo más con él? ¿Sería posible que estuvieran surgiendo sentimientos dentro de ella? ¿Algo más allá de lo carnal? ¿Cómo puede una persona enamorarse de otra en menos de 24 horas de haberla conocido? Todas estas preguntas y muchas más estuvieron dando vueltas en su cabeza hasta que por fin logró conciliar el sueño. Se sentía temerosa, insegura de lo que iba a pasar en las próximas horas en su vida y en la de Mark.
“¡Diana despierta!” Diana sintió una ligera palmada en el hombro.
“Diez minutos mas…” Murmuró medio dormida y se puso una almohada en la cara. Pero Mark se la quitó.
“Vamos, Diana” Dijo él. “Ya es tardo y tenemos que irnos”
“¡Pero tengo sueño!” Protestó ella. “¿Qué hora es?” Preguntó.
“Son las 9 de la mañana… Y si quieres puedes dormir en el auto luego…” Dijo él.
Diana aún no había abierto los ojos. Se volteó y se estiró en la cama abriendo los ojos lentamente. Entonces se pudo dar cuenta que Mark ya estaba vestido y arreglaba unas cosas en su maletín. Rezongando quien sabe que cosas entre dientes se sentó en la cama. Mark la miró y le sonrió pero ella estaba seria.
“Yo entiendo como te sientes… Yo tampoco soy una persona madrugadora.” Dijo él en tono compasivo, pero ella no pronunció una sola palabra. “Por cierto, tu padre llamó hace un rato. Quería saber a que hora vamos a llegar a San Diego…”
“Mark, ¿y si yo te digo que no quiero regresar?” Dijo ella y él la miró confuso. “¿Qué tal si te pido que no me lleves con él? ¿Lo harías?” Mark dejó lo que estaba haciendo y se acercó a ella.
“Lo siento Diana pero yo no puedo hacer eso” Dijo.
“¿Cómo que no? ¿Por qué no inventas que escapé o algo así?” Dijo ella rogándole con la mirada. Mark sacudió la cabeza.
“No Diana, por favor no me pidas eso… Sabes que no puedo hacerlo…”
“¿Por qué no? Por favor, Mark, por lo que más quieras no me hagas regresar…” Dijo ella a punto de llorar. “Por favor, yo no quiero ir…” Mark cerró los ojos y respiró profundo.
“Ya te dije que no, Diana.” Le dijo tajante. Diana comenzaba a ponerlo en una situación difícil; una parte de él quería que ella se quedara, pero la otra le decía que tenía una misión que cumplir. Después de todo eran 50.000 $ en efectivo… Ella empezaba a exasperarse pero trató de controlarse. Se levantó de la cama y se dirigió al baño. Pero se detuvo y giró en redondo.
“Mark, respóndeme algo” Dijo “¿Y si anoche hubiera pasado algo más entre nosotros?” Dijo ella, pero a él no le gustó el comentario.
“¡Pero no pasó nada!” Le respondió bastante irritado. Ella también perdió la paciencia. “¡Porque tú no quisiste!” Dijo “Y la verdad no entiendo por que…” Ambos comenzaron a subir la voz.
“Por la sencilla razón de que no puedo mezclar los negocios con placer…” Dijo él bastante alterado. “No puedo involucrarme de ninguna manera contigo… Y ya deja de perder el tiempo diciendo tonterías y ve a cambiarte que se está haciendo tarde…”
Diana se quedó sin palabras, mirándolo sorprendida. Mark se dio cuenta de que la había regado con lo que acababa de decir. Había herido a Diana; entonces intentó arreglar las cosas.
“Está bien” Dijo ella con la voz entrecortada y se dio la vuelta.
“Diana, discúlpame…” Ella levantó la mano en señal de que se quedara callado y se metió al baño.
Diana se apoyó en el lavamanos y se miró al espejo. Rabia y tristeza se reflejaban en su rostro, además de la confusión que toda esa situación le causaba. Entonces recordó que había entrado al baño sin nada. Regresó al cuarto pero Mark no estaba. Buscó en su bolso y sacó su cepillo de dientes y algo de ropa limpia. Volvió al baño, se lavó los dientes y se quitó la ropa. Luego se metió a la ducha.
Por más que intentó reprimir las lágrimas, no lo consiguió.
“¡Que idiota eres Diana! ¿Por qué dejas que Mark te afecte de esta manera?” Se dijo a sí misma mientras el agua golpeaba su piel y lavaba sus lágrimas. Tomó el jabón y comenzó a restregar su piel, tratando de lavar cualquier vestigio de lo que había sucedido la noche anterior; tratando de borrar la sensación de los besos y las caricias de Mark pero era inútil. La sensación estaba latente...
“¡ARGRHH...!” Exclamó frustrada.
Mark estaba guardando unas cosas en su camioneta. Cuando retornó al cuarto ella estaba terminando de arreglar sus cosas. “¿Te falta mucho?” Le preguntó. Diana no le respondió. “Ya nos vamos” Insistió. Ella terminó de guardar lo que faltaba y cerró el bolso de mala gana. Lo colocó en su espalda y salió de la habitación dejándolo solo. Mark sacudió la cabeza, respiró profundo y salió detrás de ella. La alcanzó y ambos fueron a entregar las llaves. De regreso a la camioneta Mark le dijo.
“Diana, tenemos que hablar” En verdad le preocupaba su actitud y se sentía mal.
“No hay nada de que hablar...” Respondió ella firme. Mark decidió dejar las cosas así por la paz. Ya tendrían tiempo de hablar en el camino. Dios, pero que linda se veía. La miraba mientras ella caminaba hacia el auto. Vestía una franelilla blanca; una falda de jean que llegaba un poco más arriba de sus rodillas; y unos tenis blancos sin medias. Y al igual que la noche anterior se había recogido el cabello en una cola.
Se embarcaron en la camioneta, y antes de arrancar Mark hizo un último intento.
“Diana, si quieres vamos a desayunar antes de salir de Soledad...”
“No tengo hambre” Dijo ella.
“Pero tienes que comer algo... Anoche no cenaste y...” Dijo pero una vez más ella no lo dejó terminar.
“Como si te importara...” Dijo ella irritada.
“¡Claro que si me importa!” Exclamó él, sin darse cuenta de lo que había dicho.
“Ja, ¿y desde cuando?” Dijo ella en tono sarcástico. Mark abrió la boca para hablar pero ella no lo dejó. “ Si te importara no estuvieras haciéndome esto Mark... Si de verdad te importara no me llevarías de regreso con mi padre. Tu más que nadie sabe que no quiero regresar con él” Diana se sentía herida.
“¿Y qué quieres que haga, Diana?” Dijo él. “Ya te dije que es mi trabajo, y que tengo una responsabilidad...”
“Por supuesto, ¡lo que te interesa es el dinero!” Le dijo ella bastante molesta. “Dios, y yo que por un momento incluso pensé acostarme contigo... ¡Que idiota! Igual y estuviera de camino a casa... ¡Que estúpida me siento!” Dijo y se tapó la cara con las manos.
“Diana, por favor no digas eso... Lo que pasó anoche entre nosotros fue especial...” Dijo él apenado y triste.
“Si, Mark.... como sea.” Dijo ella. Buscó por su discman en su bolso. Se recostó en el asiento, cerró los ojos y comenzó a escuchar música. Era obvio que no quería escuchar nada de lo que él tenía que decirle. Mark se sentía mal por la forma en la que Diana estaba reaccionando, su intención no era lastimarla. Pero la verdad últimamente todo lo que hacía era eso, lastimarla con cualquier cosa que hacía o decía. En realidad lo único que quería era que ella se sintiera bien, y sentía unas ganas enormes de abrazarla y besarla en ese momento, decirle que todo iba a estar bien... Pero no era así. Lamentablemente dentro de un par de horas ambos tomarían caminos diferentes y continuarían con sus vidas...
Ya habían transcurrido tres horas desde que habían dejado Soledad. Durante todo el camino Diana y Mark no cruzaron una sola palabra. Después de un rato ella se había quedado dormida.
Ya se acercaban al lugar donde Mark había quedado de encontrarse con el padre de ella, en las afueras de San Diego. Entonces decidió despertarla. Extendió su mano para tocarla, pero se arrepintió.
“¿Diana? Ya llegamos...” Dijo él mientras estacionaba la camioneta. Ella abrió los ojos y bostezó. Luego sonrió.
“¿De qué te ríes?” Preguntó él.
“Debí imaginarlo... Mi padre no iba a correr el riesgo de venir por mí” Dijo ella señalando a un par de hombres que se encontraban junto a un auto frente a ellos Uno de ellos se encontraba fuera del carro y el otro era el chofer. “Así que envió a sus discípulos a que me recogieran...”
Mark la miró y luego miró a los dos hombres. Respiró profundo y dijo.“Esto es todo...”
“Si, esto es todo...” Dijo ella. Mark apagó la camioneta y ambos se bajaron. Él caminó a su lado y la tomó de la mano. Y ella no lo rechazó esta vez. Por alguna razón se sentía mejor después de haber dormido. Sin embargo se pudo dar cuenta que él le apretaba la mano más fuerte a medida que se iban acercando a los sujetos que esperaban por ellos. Mark murmuró algo que ella no pudo entender, así que no le hizo caso. Uno de los hombres se acercó a ellos.
“Hola, Diana...” Dijo con una sonrisa. Diana lo miró de pies a cabeza y miró hacia otro lado. “Damián...” Dijo en tono despectivo. Damián era el hombre con el cual su padre quería obligarla a casarse.
“Veo que estas contenta de verme...” Dijo Damián. Luego dirigiéndose a Mark dijo. “Haz hecho muy buen trabajo muchacho, déjame ir por lo que te corresponde...” Con esto se dirigió al auto a buscar el dinero.
“Comienzas a correr hacia la camioneta cuando te diga” Mark le dijo a Diana en voz baja.
“¿Qué? ¿Por qué?” Preguntó Diana desconcertada.
“Solo hazme caso, ¿ok?” Dijo él. Ella sonrió al comprender las intenciones de Mark. “Esta bien” Dijo ella.
Damián regresó con un maletín. Lo colocó sobre el auto y lo abrió.
“Cincuenta mil dólares contantes y sonantes” Dijo.
“Muy bien” Dijo Mark sin soltar a Diana. Damián cerró el maletín y se lo entregó. “¡Ahora!” Le dijo a Diana y Damián se los quedó mirando con cara de extrañado. “¡Corre hacia la camioneta!” Dijo y ambos comenzaron a correr.
“¡HEY!” Gritó Damián mientras ellos se alejaban. Diana y Mark se embarcaron en la camioneta, y lo mismo hizo Damián.
“Soy hombre muerto” Dijo Mark. Diana lo miraba con una enorme sonrisa. “Gracias” Le dijo y lo abrazó. “Y ahora acelera antes de que nos alcancen...”
Mark puso el auto en marcha y se alejaron a toda velocidad de allí.
FIN
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