Entrega especial

Capítulo 5

Está bien. Diana tenía que admitir que Mark no era tan mala persona después de todo. Es decir, después de cómo ella se había comportado en las horas pasadas, otra persona la hubiera dejado deshidratarse. Al menos era atento, aunque eso no significaba que comenzaba a agradarle... Había algo en él que no la convencía del todo; tal vez era voz, o quizás ese nombre tonto, incluso sus gustos musicales... no estaba segura.

Media hora después de haber dejado la gasolinera, y después de haber tomado ½ litro de agua y una Pepsi, Diana sintió la urgencia de ir al baño.

“Mark...” Él iba absorto en sus pensamientos. “Mark...”Insistió. Mark volvió a la realidad.

“¿Huh? ¿Qué pasó?” Se preocupó al ver la cara de incomodidad de Diana. “¿Te pasa algo?” Preguntó consternado.

“Necesito ir al baño” Dijo ella.

“¿Qué? ¿Ahora?”

“Sí, ahora.”

“¿Y por qué no fuiste cuando estuvimos en la gasolinera hace media hora?”

“Porque antes no tenía ganas... ahora sí”

“Genial, lo que me faltaba... Ahora tendrás que esperar a que lleguemos a la próxima estación de gasolina o restaurante más cercano...”

“¿Y cuánto falta para eso?”

“Mmm, déjame pensar como 1 hora ó 45 minutos más de carretera.”

“¿Qué? Es demasiado y de verdad necesito ir ahora.” Diana comenzaba a desesperarse.

“Pues te va  tocar aguantar” Dijo él sin mirarla.

“¿Acaso quieres que me haga encima? Esto es serio Mark, necesito ir al baño y necesito hacerlo ya...”

“Perfecto. ¿Y dónde diablos voy conseguir un baño por aquí?” Esta niña sabía como sacarlo de sus casillas.

“Pues no lo sé... Eso deberías saberlo tú.”

“Ok... ya tuve suficiente.” Mark estaba molesto. Se estacionó a un lado de la carretera y se bajó. Caminó hacia la puerta del copiloto y la abrió.  Tomó a Diana por el brazo y la sacó del auto.

“¿Qué haces?” Preguntó ella desconcertada. Mark buscó un par de servilletas de papel en la guantera y se las dio.

“Toma. Ve detrás de aquellos arbustos.” Fue aquí donde finalmente Diana entendió lo que sucedía.

“No pretenderás que yo orine en ese lugar, ¿cierto?”

“¿Ves algún baño cerca? Esta vez vas a tener que hacerlo a la antigua.” Mark tenía razón, aunque ella no quisiera admitirlo. Diana realmente necesitaba orinar. Entonces fue a los arbustos que él le había señalado.

“Esto es humillante” Dijo en voz baja.

“Apresúrate” Dijo él mientras se recostaba del carro. Ella le lanzó una mirada matadora. “El tiempo es dinero para mí, nena”

“El tiempo es dinero para mí, nena” Dijo ella imitando su voz. “Imbécil.”

“Por cierto, Diana. Ten cuidado con las serpientes. Abundan por estos lugares.”

“¡AAAAAHH!” Gritó Diana. El sólo pensar en serpientes le daba escalofríos.

“Claro, eso sin mencionar a los sapos y a las tarántulas...” Continuó torturándola.

“¡YA CÁLLATE, IDIOTA!” Le respondió ella.

“Dulce venganza” Pensó él y sonrió.

Después de un par de minutos Diana regresó. Venía furiosa. Mark le abrió la puerta para que subiera. “Eres bastante cobarde” Dijo él con una gran sonrisa.

“Esta me la pagas” Le dijo ella.

Retomaron su camino. Diana estaba furiosa con Mark. Ciertamente toda simpatía que había comenzado a sentir por él se había desvanecido en ese momento.

“¿Quién se cree que es?” Pensó. Mark sonreía al verla tan molesta sentada a su lado. Diana se dio cuenta de que él la miraba.

“¿De qué te ríes?” Le preguntó.

“Es que me parece gracioso que seas tan cobarde después de haber hecho todas esas cosas...”

“¿A qué te refieres?” Dijo ella.

“Ya sabes, con apenas 18 años y ya cargas con un muerto...”

“Tú no sabes nada sobre mí...” Las palabras de Mark hirieron a Diana. Ella era inocente y nadie le creía. Pero no quiso tocar ese teme, mucho menos con él. Cerró los ojos y se hundió en el asiento.

Una hora más tarde llegaron a Altamira. Eran casi las dos de la tarde así que se detuvieron en un restaurante para almorzar.

Mientras Mark ordenaba la comida Diana fue al baño. Ya había tenido suficiente. Tenía que buscar la manera de escapar. No estaba dispuesta a regresar a su casa, y mucho menos soportar a Mark.

Mark se encontraba en la mesa esperando cuando sonó su teléfono. Era Kian.

“Hola amigo” Dijo Kian del otro lado de la línea. “¿Dónde estas?”

“Acabamos de llegar a Altamira. Nos detuvimos en La Ensenada para almorzar.” Respondió Mark.

“Qué bien, ya has adelantado bastante ¿Y cómo se ha portado Diana? ¿La has tratado bien?”

“Pues déjame decirte que esa niña es un dolor de estómago. No entiendo como la soportas...” Kian sonrió. “Es cierto que es un poco difícil, pero en el fondo es buena chica.” Dijo.

“Si claro, pero bien en el fondo... Kian, dime la verdad ¿Dormiste con ella?”

“¿Qué? ¡NO!” Dijo Kian escandalizado.

Diana se asomó a ver que hacía Mark. “Genial, está distraído hablando por teléfono,” Se dijo a sí misma. “Es ahora o nunca, Dianita. Dijo y regresó al baño. Le puso seguro a la puerta y se subió al retrete para abrir la ventana y así poder huir. Tomó su bolso y salió de allí.

De vuelta al lobby del restaurante, Mark aún hablaba con Kian.

“No sé de dónde sacaste semejante disparate...” Decía Kian.

“Está bien, olvídalo ¿sí? Te creo...”Dijo Mark para no caer en una discusión sin sentido. ¿Por qué habría de interesarse en la vida sexual de una chica a la que apenas conocía y que ni siquiera soportaba?

“Por cierto, ¿dónde está Diana?” Preguntó Kian.

“Está en el baño...” Justo cuando decía esas palabras, divisó a Diana fuera del restaurante y en actitud de huída. “¡MALDICIÓN!” Exclamó. Se levantó de la mesa.

“¿Qué pasa, Mark?” Preguntó Kian.

“Hablamos luego, yo te llamo...” Dijo y colgó. Cuando se dirigía a la salida se tropezó con la mesera que lo había atendido antes.

“Señor, ¿ya se va? ¿Qué va a pasar con su orden?” Dijo.

“No se preocupe señorita, yo regreso enseguida” Le respondió y salió corriendo. Diana iba caminando apresuradamente. “¡DIANA!” Gritó Mark.”¡DIANA... DETENTETE!”

“¡Diablos!” Dijo ella al darse cuenta que Mark la había descubierto. Entonces comenzó a correr. Y empezó la persecución. Mark intentó alcanzarla pero ella era bastante veloz. Dos calles más abajo logró atraparla en un callejón. La tomó por el brazo y la puso contra la pared. Mientras intentaba tomar un poco de aire, ella forcejeó y trató de escapar de nuevo pero no pudo.

“¡Suéltame! Me haces daño...” Dijo ella. Mark la asió por la cara y se acercó a ella.

“Escúchame bien mocosa malcriada, ni pienses que voy a pasar las siguientes 24 horas jugando al gato y al ratón contigo... No vas a escapar de nuevo, así tenga que amarrarte, eso puedes jurarlo.”

Diana no pronunció una sola palabra. El rostro de Mark estaba a pocos centímetros del suyo, podía sentir su respiración y su calor. Sus ojos... hasta ahora no se había percatado de sus ojos... ese azul intenso en el que cualquier chica podría perderse. Y su boca muy cerca de la de suya... Cerró los ojos imaginando como se sentiría un beso de él en ese instante... Mark le dio un puñetazo a la pared que la devolvió a la realidad.

“Camina” Le dijo mientras la llevaba por el brazo. “No me hagas perder más tiempo.”

Cuando regresaron al restaurante Mark pidió que les sirvieran la comida. “Siéntate y come” Le dijo.

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