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LITERATURA/Libros

La Explosión Demográfica, a medio siglo del libro que consagró a  un farsante

Por décadas se nos ha asustado con la inevitable hecatombe que ocurrirá porque dada día somos más habitantes en este planeta. El origen de esa paranoia viene de un libro que este año cumple medio siglo de su publicación. Y pese a sus escandalosas profecías erradas, aún se le sigue encendiendo incienso a su autor

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FEBRERO, 2018. Este año se cumplen cinco décadas de varios acontecimientos tan importantes como explosivos, ya fueran la Primavera de Praga, Tlatelolco, los asesinatos de Bobby Kennedy y Martin Luther King etc. Por lo que toca al mundo editorial, el 1968 salió por primera vez a la venta The Population Bomb, un libro que tendría enormes repercusiones y que llevaría a su autor, un tal Paul Ehrlich, profesor de Sociología en la Universidad de Stanford, a ser invitado a cientos de conferencias, mesas redondas y paneles acerca del tema central de su libro: somos muchos seres humanos en este planeta, tantos que dentro de poco la sobrepoblación rebasará la producción de alimentos y millones de personas morirán de inanición.

Durante los setenta ese fue un tema recurrente, tanto así que varios gobiernos, entre ellos el mexicano, crearon entes burocráticos y eslóganes como el inolvidable "vámonos haciendo menos" para manifestar así la preocupación de lo que representaba la explosión demográfica.

Por lo que toca a Ehrlich, éste se convirtió en estrella de rock sin necesidad de tener éxitos en las listas de popularidad; incluso pasó a convertirse en una especie de gurú, un visionario que inspiró la filmación de la cinta Zoylent Green donde se habla de un futuro en el cual somos tantos que los campos se han arruinado y la única manera de sobrevivir es comiendo despojos humanos convertidos en galletitas.

Desde la primera edición del libraco han aparecido estas líneas, capaces de erizar los cabellos aun del más escéptico:

La batalla para alimentar a la humanidad ha terminado. En los 70 y los 80 cientos de millones de personas morirán de inanición pese a todos los programas que desde ahora se están desarrollando. Ya en este momento nada puede detener un incremento sustancial en la cantidad de muertos a nivel mundial a causa de [la sobrepoblación].

Naturalmente, y a menos que vivamos en una realidad virtual, se trata de un vaticinio fallido. Quienes recordamos los setenta y ochenta nunca vimos nota alguna en la que millones de personas estuvieran muriendo de hambre debido a que había mucha gente y pocos alimentos, y mucho menos en los países desarrollados que es a donde Ehrlich estaba dirigiendo sus profecías. Especialmente curioso se da el hecho de que, si la sobrepoblación fuera un factor de hambre y pobreza, éstas no estuvieran causando millones de muertos en Japón, uno de los países más sobrepoblados del planeta.

Como puede deducirse fácilmente, Erhlich es un acólito de Thomas Malthus, aquél clérigo del siglo XIX quien puso a circular la tesis aquella donde el crecimiento poblacional iría creciendo exponencialmente al punto en que dentro de poco no habría tierras cultivables para producir alimentos. Si aplicáramos su teoría exponencial, en este 2018 la población en Gran Bretaña sería de 720 millones de personas en vez de los 65.4 que existen actualmente, esto de acuerdo a la página worldometers.info. Y pese a los enormes problemas que se carga encima, la muerte por inanición no es, ni de lejos, uno de los problemas ingentes que estén aquejando a los súbditos de Su Majestad.

Como se ve, el libraco de Ehrlich ha fallado en prácticamente todo. No porque las campañas de planificación familiar de los setenta no fueran necesarias, pero ello se dio por razones de conveniencia económica: tener los hijos de acuerdo con la capacidad de los padres para mantenerlos les garantiza una mejor educación, mejor alimentación y mejor nivel de vida, y no tanto a su espantosa predicción de que pronto seríamos tantos que ni habría campos cultivables para producir alimentos.

De hecho su teoría ha sido destrozada una y otra vez por los hechos y (lo que Carlos Alberto Montaner llama "el mejor veneno para diluir las descabelladas teorías económicas de la izquierda") así como por la incuestionable veracidad de las cifras.

El equilibrio natural se da entre el número de nacimientos y el número de muertos. Quizá en este momento el planeta estaría sobrepoblado si no se registraran fallecimientos. Pero es igualmente cierto que hoy somos casi 7 mil millones de habitantes en este planeta, consecuencia sobre todo por el mejoramiento de las condiciones de vida en muchos países y la atención a la salud que han permitido extender por décadas la vida humana. Del mismo modo Malthus en su momento y Ehrlich desestimaron el desarrollo de las nuevas tecnologías en la agricultura, entre ellas los trasgénicos, que fueron fuertemente criticados por muchos activistas quienes, a su vez, son fanáticos de Ehrlich.

Y es que esa es una de las máximas ironías de este autor y de sus acólitos: al oponerse a la innovación tecnológica van en contra de métodos que pueden incrementar la producción de alimentos.

Por otro lado, se demuestra la falsedad de La Explosión Demográfica cuando Ehrlich sugiere que "las empresas, al buscar el lucro al vender alimentos y obligar una venta forzosa, se benefician directamente sobre todo al venderlos con precios artificialmente elevados". ¿Cuánto puede durar ese jueguito si un día se acabaran las tierras cultivables? Es decir, la explosión demográfica parece ser otra conspiración para que haya más gente, menos áreas de cultivo y por ende más ganancias para los corporativos. Lo increíble es que semejantes disparates se hayan tomado --y se sigan-- tomando en serio.

Cualquier vistazo a las hambrunas recientes dejan en claro que éstas se dan en países donde el Estado acapara o monopoliza la producción de alimentos con fines políticos. Es el caso de Corea del Norte, de Etiopía y de Tanzania, donde el fallecido Julius Nyerere aplicó una reforma agraria tan radical que en menos de un año y pese a las fértiles tierras de ese país, empezó a cundir el hambre entre la población.

En cambio, Hong Kong y Singapur, cuya densidad poblacional por kilómetro cuadrado es una de las más grandes del mundo, carecen de recursos naturales y tierras cultivables y sin embargo sus habitantes no pasan hambre.

La mejor forma de combatir el hambre en un país sobrepoblado es mediante la aplicación y el respeto a las leyes del mercado.

Es alarmante cómo, a medio siglo de La Explosión Demográfica, haya quienes aún se crean estas paparruchas, máxime si recordamos otras profecías fallidas de Ehrlich, entre las que destacan estas joyas de estulticia: "Para 1990 yo solo veo dos potencias económicas en el horizonte, Japón y la Unión Soviética" (1987), "Las noticias acerca del derrumbe inminente de la URSS las veo yo como una exageración" (1989, apenas meses antes que cayera el Muro).

¿Quedan dudas de que estamos ante un autor farsante?

La Explosión Demográfica
Paul R. Ehrlich/Anne H. Ehrlich
Grijalbo/2018
 

 

 

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