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Nueva tontería de los progres: 1984 = Donald Trump

Primero se trató de trivializar esta novela con un ridículo reality-show. Ahora, para los progres norteamericanos dicen que 1984 de George Orwell es una advertencia sobre un gobierno totalitario que se perfila con Donald Trump. Ni Ripley se creería semejante insensatez

ABRIL 2017. Con la subida de Donald Trump al poder también se ha ido para arriba la venta de un libro escrito hace 70 años, un éxito editorial reflejado también en Amazon. Se trata de una novela que comenzó a venderse en serio varios años después muerto su autor y de la que, incluso, se contempla llevarla a Broadway, suponemos que por los mismos motivos que los progresistas norteamericanos la han convertido en una edición de cabecera.

Hablamos, por supuesto, de 1984, la novela que inmortalizó a George Orwell y que terminó de escribir apenas unos meses antes de su deceso. Orwell (nombre real: Eric Blair) jamás habría imaginado que una novela que exponía con implacable certeza hasta donde puede llegar el totalitarismo cuando finalmente se adueña de las mentes y de los actos reflejos de los individuos sería tan distorsionada en sus propósitos muchas décadas después.

Tampoco Orwell pudo haber concebido cómo su novela se convertiría en best-seller subterráneo tras la cortina de hierro, en ediciones copiadas en mimeógrafo (conocidas como samizdat) y las cuales, escribió el Nobel de Literatura Alexander Soylhenitzin, "eran doblemente sorprendentes de ver cómo su autor describía a la perfección la vida en la Unión Soviética sin jamás haber puesto un pie en ese país".

Orwell tampoco imaginaría que, siete décadas más tarde de la publicación de 1984, los progresistas recomendarían y comprarían su novela en el supuesto de que sus temores están a punto de materializarse con la presidencia de Donald Trump.

Veamos esta perla: "1984 advierte sobre el día en que los corporativos y el poder se asocian para imponer su visión conservadora y protofascista sobre el resto de los estadounidenses". Es apenas una de las decenas de recomendaciones hechas en Amazon por quienes, aseguran, han leído la novela y están absolutamente convencidos que el Hermano Mayor no es otro que Donald Trump.

Sin embargo y asumiendo que se trate de progresistas honestos --en algún lado los debe haber-- si éstos realmente leyeron 1984 en algún momento debieron caer en cuenta que lo ahí narrado se asemeja más a la Cuba castrista, a Corea del Norte o a Rusia en los años en que fue la Unión Soviética; de hecho, Orwell mismo jamás negó que el Hermano Mayor no era otro que Stalin, representado también como el cerdo Napoleón en La Granja de los Animales (así como que Snowball encajaba perfectamente en descripción con León Trostky).

Los progres norteamericanos debieran explicarnos donde está el símil norteamericano de los "10 minutos de odio" que aparecen en 1984, desde cuándo la Casa Blanca ha colocado subrepticias telepantallas por doquier, dónde están los Ministerios de la Verdad y del Amor y desde cuándo el gobierno del actual presidente ha llenado las calles del país con gigantescas imágenes con el título de "Donald Trump te vigila".

Es curioso además como ninguno de estos lectores progres encontrara alarmante que por ocho años se despertaran y se fueran a dormir con la imagen de Barack Obama en los noticieros, que su imagen apareciera diariamente en los principales diarios, que fuera constante portada de revistas, que lo mismo se presentara en partidos de basquetbol que en entrevistas televisivas, que en actos de beneficencia e incluso hasta en cómics y películas. Eso no le pareció a nuestros amigos progres la saturación de un paternalista Hermano Mayor.

Sin embargo, se sabe que el sátrapa norcoreano Kim Jong-un (cuyo horripilante corte de pelo es el menor de sus defectos) organiza jornadas donde los asistentes deben gritar constantes mueras al imperialismo norteamericano, que tipejos como Nicolás Ceaceuscu obligaban, so pena de recibir pena corporal, a los rumanos a tener en un lugar visible la foto del Líder y de su esposa en todas las habitaciones. Ningún funcionario del gobierno de Trump ha siquiera insinuado algo similar para la sociedad norteamericana. (En cambio, el ya fallecido ex senador Edward Kennedy llegó a sugerir que en todos los hogares de ese país debería colgar en la pared una foto de su hermano John. Más que sugerir, el senador quería convertirlo en una obligación).

Orwell advertía en 1984 el peligro y el terror cuando, en nombre del socialismo (engsoc) el Estado se convierte en dueño absoluto de todo, incluida la mente humana. Asimismo, en su ensayo La Política y el Idioma inglés, Orwell apunta cómo los principales diarios solían hacer entonces --una tradición que sigue inalterada hasta hoy-- alterar el significado real de las palabras para darles un sesgo que manipulara o confundiera a la opinión pública de modo que un asesinato pasaba a ser un "ajusticiamiento", los guerrilleros eran "rebeldes", el querer destruir el orden establecido se convertía en "sublevación" o "levantamiento armado" o matar a distancia pasaba a ser "hacer contacto visual". Orwell no duda en llamar a esa tendencia "newspeak" (neohabla) en su célebre novela.

De hecho esa tosudez por torcer el lenguaje con fines propagandísticos ha sido mucho más manifiesta en la izquierda que en personajes como Donald Trump. ¿Quienes utilizan más el neohabla al llamar "interrupción voluntaria del embarazo" a un aborto, los simpatizantes de Trump o los progres norteamericanos? Durante el tiempo que duró, uno de los países comunistas más antidemocráticos del mundo llevaba el nombre de República Democrática Alemana.

Orwell apuntaba en 1984 que el neohabla "cambia el pasado para adecuarlo a la ideología del presente" y eso es lo que hace la izquierda mediante su mordaza políticamente correcta.

Se necesita de un cinismo absoluto para afirmar que 1984 es una advertencia sobre el gobierno de Donald Trump. Queda claro que, como decía Álvaro Vargas Llosa en el Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, "los izquierdistas no leen de izquierda a derecha, como el resto de nosotros, sino de izquierda a izquierda". Sus conclusiones en torno a 1984 son tan ridículas y despistadas como creer que El Judío Internacional de Henry Ford es una apología prosemita.

 

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