Estoy
comprobando que el grupo que hemos formado para hablar de etnografía en el barrio, ha
derivado hacia cosas que poco tienen que ver con lo que pretendíamos, y me parece a mí,
que lo que estamos haciendo es hablar de cómo nos fue a cada uno en particular, que no es
lo mismo que cómo nos fue a todos, y eso desvirtúa los hechos .
Quizás cuando alguno de Vd. lea lo
que a continuación escribo se atreva a decir que yo soy el menos indicado por proceder de
otra zona, pero les quiero hacer ver que llevo aquí en el barrio casi cuarenta años y
sí he visto a otras gentes que no han sido tan privilegiadas como Vds.
Como creo que Vds. si conocen su
barrio, les invito a pasearse un poco por él y comprobar como eran las viviendas donde
habitaban ciertas familias, todas ellas numerosas, eran verdaderos cuchitriles que
llamaban casas.
Hace poquito un señor me contaba:
"Mira, aquí nací yo y aquí nos criamos un montón de hermanos". Se refería a
una casa ya en ruinas de una calle de las que dan al mar, y yo le pregunte: "Pues si
erais tantos,
.¿cómo os las arreglabais? y me contesto: "¡ Cómo
podíamos!.... dormíamos todos juntos para darnos calor, porque no teníamos ni mantas
para arroparnos y además, no solo eso, sino que cuando subía la marea, si ésta era un
poco alta, teníamos que salir de casa hasta que podíamos volver"
.y me siguió
contando..."y allí ,en esa otra casa, vivía otra familia que como la puerta de
entrada daba para el mar, cuando las mareas eran vivas, tenia que pedir auxilio para sacar
los niños por el tejado hacia la calle Santa Ana"
y me siguió
diciendo
"Casi a todos hasta la iglesia, en mayor o menor grado, nos pasaba lo
mismo, excepto a ese par de torres que hay en el callejón esos no tenían
problemas".
Le pregunté que como era la comida
y me dijo que lo que había, había que comer y a callar, porque aunque hubiera mucho
pescado en Bouzas, algunos ni eso podían comer. En mi casa, me dijo, si sobraba una
sardina había que comerla al día siguiente, porque ellos no tenían ni un falucho para
salir a pescar. El pan apenas lo veían y lo poco que comían era de millo, hecho por su
madre cuando tenia harina y leña para cocerlo. Y me dijo: ¿Sabes como se invento el
falucho?...pues eso lo inventamos nosotros, los de Bouzas, era un bidón partido por la
mitad en el que nos subíamos para ir a recoger las maderas que perdían los barcos y que
a nosotros nos servían para hacer lumbre con la que hacer las comidas, y cuando había
harina, también un poquito de pan.
A mi, cuando esto me estaba
diciendo, se me vino a la memoria unos versos que no se quien los escribió, y que más o
menos decían así: "Enfrente de mi casa yace en ruinas, un viejo torreón de cuatro
esquinas, en ese viejo torreón de ruido, tiene sentado la cigüeña un nido.
y
seguía diciendo que veían como disfrutaban las crías, cuando la cigüeña la comida les
traía. Y que debajo de ese torreón vivía la familia de un cristiano, que no tenían
para dar a sus hijos, un poquito de pan en la mano
y que los niños miraban al nido y
decían:
.¡quién se pudiera convertir en un cigüeño de cría!!. porque no sólo
su casa era peor que la de la cigüeña, porque en ella no entraba ni el sol ni el aire,
sino que no podían disfrutar de la comida como lo hacían los cigüeños de cría.
Por eso me extraña que Vds. que son
de aquí del barrio, al contar cosas de él, se hayan olvidado de estas cosas, pues por lo
que yo les he escuchado, parece que aquí vivían un mundo feliz, donde la miseria no
existía, pero vaya que existía yo también lo comprobé
y les voy a contar detalles
que yo vi.
Al final de la década de los
sesenta, la cual podemos llamar moderna, ví lavar a las señoras en los lavaderos, y ví
ir al puerto a comprar lotes de pescado de peor calidad, y no por ahorrar sino porque no
les llegaba para ir a la plaza
e iban andando, eso también es etnografía, eso
también es historia que no se puede omitir. Bouzas tenía otras cosas, pero esas
también.
Sin decirlo como el que critica, aun
tengo en mi memoria algún detalle que quiero resaltar y que siempre lo consideré como un
acto extremo de sumisión. Como yo trabajaba en los autobuses, la empresa me asignó el
autobús de Bouzas que cada domingo llevaba a la gente del barrio al campo de fútbol y
pude comprobar como parte de la gente aun se sentía no inferior, sino sometida. Quizás
fuera porque en aquella época estos señores eran los que daban y quitaban el trabajo a
su antojo, porque eran los dueños de las empresas que existían en el barrio, a los que
había que ir a pedir el trabajo a su casa y te lo daban si les caías bien. Digo que, les
respetaban, o los temían, porque nadie se sentaba en el asiento en el que iba don fulano,
y si alguno lo hacia inconscientemente, pronto alguien le recordaba, que aquel era el
sitio de don fulano de tal
.esto solo pasaba en Bouzas
¿Cuál era el
motivo?..pues que en Bouzas funcionaba el señoritismo, cosa que en Vigo ya había
desaparecido.
Como pretendíamos hablar del
trabajo de entonces y creo que ya lo hemos tocado en las anteriores sesiones, me gustaría
resaltar que de los años setenta en adelante, se vivió una crisis muy dura. Teníamos un
paro del 24/% y los intereses para pagar las hipotecas eran del 12%. La gente se tiró a
la calle aunque la dictadura aun funcionaba, por lo que a los que teníamos alguna
representación a nivel de los trabajadores, bien para pedir mejoras en el trabajo, o para
negociar convenios, nos seguían hasta casa. Yo recuerdo tener que escondernos en bajos o
en el campo, para poder llegar a un acuerdo, para proponérselo a las empresas pues en el
sindicato vertical poco se podía hacer. Allí te decían: si lo quieres lo coges y sino
lo dejas, la empresa es mía. Esa era la prepotencia que usaban, protegida por las
autoridades, no nos quedaba otra alternativa que hacer huelgas, aunque fueran ilegales, en
las que se repartía leña como ya se ha comentado y en las que en alguna ocasión como en
El Ferrol llegó a haber hasta muertos.
Desde el autobús en el que me toco
trabajar y donde era difícil hacer huelgas (porque ahí si que te la jugabas) ví las
cosas que cuento en estos versos:
Se oyen gritos,
son de hombre, son de mujer,
Sí, son.
se oyen niños
que lloran, hay confusión de palabras,
algunas claras:
¡falta el pan! , ¡tengo hambre!
¡quiero
trabajo!... ¿Dios mío!,....¿cuando, cuando?
Se oye un timbre
que suena, la voz de un amigo se escucha,
en la puerta de
una vieja escalera,
trae un trapo
blanco en rollado bajo el brazo,
escrito en él
con letras rojas
un lema que les
mueve y les libera
Son como cruzados
feudales que sin temor al camino
salvar su alma
quisieran.
Vanas
diferencias: materia y espíritu, opulencia y pobreza
Juntos se dirigen
a la calle donde esperan
otros con su
igual problema,
van lanzando
gritos con rabia,
están llenos de
razón y sin embargo dan pena.
Sin dinero, sin
trabajo,..¿qué es el hombre para ellos?
un colgajo que
prendido de la cuerda de la vida,
cuelga de ella
como un trapo.
Juntos caminan
lentamente, exhiben en su pancarta su verdad,
pero allí en lo
alto donde se oculta el feudal,
con sorna mira
hacia abajo y aun se atreve a comentar,
éstos son unos
creídos payasos.
¡
Míralos!,..sí
¡míralos!..
¿o eres ciego y
no ves en esta vida otra cosa,
que el valor de
tu dinero?
Sí,
mira a
esos hombres sin odio, que no quieren tu dinero,
que solo piden
trabajo, que no le falte el sustento.
Viejos consejos
que no escucha la conciencia vana,
que solo se da
cuenta del valor del dinero cuando su vida se acaba.
Hombre
importante, estoy seguro que escuchaste el evangelio,
y que hasta vas a
la iglesia al sitio de los creídos perfectos,
tú que eres
causante de este relato que he hecho,
te recuerdo lo
primero, si quieres tu alma salvar.
No seas un rico
avariento,
y acuérdate de
que Jesús puso un ejemplo,
la aguja, el
agujero, el rico y el camello,
cásalos tú y
luego mírate dentro.