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TALLER MUSEO ETNOGRÁFICO VIRTUAL DE VIGO

 

LA GUERRA CIVIL Y SUS SECUELAS

 

 

LA GUERRA

Teresa tenía 8 años recién cumplidos cuando mpezó la guerra, su padre era carabinero, era mediodía y estaban comiendo carne guisada con patatas.

-De repente entró otro carabinero, muy agitado, diciéndonos que saliéramos, pues había amenaza de bomba. Nos llevaron a las mujeres y a los niños a una panadeía y a una carpintería , mientras nuestros padres se acuartelaban, junto a la Guardia Civil, armas en mano. Mientras ellos escogían bando dentro de la mayor tensión, los niños estábamos encantados de pasar la noche todos juntos, jugando y hablando, sin darnos para nada cuenta del peligro que corríamos. Al día siguiente regresamos a casa, porque ya había pasado lo peor. Los militares se sometieron a las órdenes de Franco, por temor a las represalias, y los verdaderos republicanos (hasta el día anterior todos éramos leales a la República) tuvieron que echarse al monte. Los superiores de mi padre ordenaron que los carabineros y guardias civiles fueran a darles una batida juntos en dos camiones. Al principio mi padre iba a ir en el primero, pero, no sé por que motivo, lo cambiaron en el último momento para el segundo. Cuando regresó estaba pálido como un muerto: los republicanos, emboscados, habían recibido al primer camión con una bomba y les tocó a los que venían detrás recoger los cadáveres de todos los compañeros que saltaron con él por los aires.

Gloria recuerda como ella se encontraba veraneando en Mondariz con sus abuelos y de repente se llenó todo de motos, coches y camiones embanderados que pasaban dando vivas por la proclamación de la República. La niñera se asustó mucho y se la llevó para casa. Tiempo después, luego de estallar la guerra, vió desde la ventana como  subían las tropas nacionales por su calle, Urzaiz, disparando contra un par de francotiradores que defendían el paso hacia "La Pequeña Rusia", que era el barrio del Calvario, donde los republicanos se habían atrincherado. Se contaba que el Capitán Carreró, que era de Bouzas, había leído el bando del Alzamiento en la Puerta del Sol y que alguien se había adelantado y se lo arrebató de las manos, iniciándose la balasera.

Sigi cuenta como, ya entrada la democracia, la Puerta del Sol dejó de llamarse Plaza del Capitán Carreró y volvió a su antiguo nombre, pero el autobús que él conducía todavía lucía en su frente el nombre del militar sublevado. Entonces subió a él una señora mayor y le dijo:

-Hijo, cuando vuelva a su empresa dígales a sus jefes que cambien esa placa, y que le quiten por fin el nombre de ese asesino, que mató a mi hermano allí mismo, junto a las tres BBB, sólo porque cuando él llegó con sus soldados y falangistas dando vivas a Franco y al Alzamiento, los que estaban esperando el tranvía  les contestaron con vivas a la República.

-Yo, al día siguiente, fui a ver el lugar -dice Gloria- y estaba todo lleno de agujeros de bala, y el escaparate de Bastida destrozado.

-Había aquí en Bouzas- ahora es Chita quien habla- otro  señor que mandaba matar gente en las dos playas, no voy a decir el nombre, y que incluso quiso raparle el cabello al cero a mi madre, que se tuvo que escapar. Tantos crímenes había cometido que todos estábamos convencidos de que había de tener una muerte malísima... sin embargo, murió plácidamente en la cama, muchos años después.

-Sí -responde Avelino- aquel señor era el único, entonces, que tenía coche en Bouzas...  lo llamaban "la Furgoneta de la Muerte".

La familia de Gloria se quedó sin víveres, y su abuelo, con quien vivía, tuvo que salir a la calle con los brazos en alto, para ir a comprar alimentos, mientras cruzaban el aire tiros de los emboscados de ambos bandos. Se decía que, en el Calvario, los rojos se habían atrincherado en un chalet de una familia rica, que logró escapar, y la aviación de Franco lo estuvo bombardeando. Cuando los nacionales consiguieron llegar allí , su jefe pudo ver como su propio padre estaba muerto y colgado de la primera barricada, con los ojos arrancados. Puede imaginarse como sería la represión posterior.

Era verano, y había muchas familias de la clase media o clase alta veraneando en Sabarís y Bayona, como la carretera estaba intervenida por comandos guerrilleros que bajaban de los montes, los "señoritos" de Vigo las fueron a rescatar por mar, a bordo de embarcaciones deportivas.

Su futuro marido, quince años mayor que ella, al que aún no conocía, era un estudiante de Medicina, hijo de labradores  de San Andrés de Comesaña, a quien sus padres enviaron a esconderse al monte, entre las cañas, para que no lo reclutase ninguno de los bandos. Al tercer día, y tras haber pasado entre los cadáveres de quienes eran fusilados por la noche en la playa de Samil, él decidió entregarse y se fue a pie hasta Vigo con los brazos en alto, diciéndole a los centinelas de las avanzadas, que estaban en las Traviesas, que venía a alistarse. Tras una investigación, le pusieron un uniforme y lo enviaron al frente del Guadarrama, a cuidar de un hospital de campaña, donde él mismo también fue herido por una bala perdida. Algunos hombres sabían que sus parientes podían estar en la trinchera enemiga sólo porque les había cogido el Alzamiento estudiando o trabajando en Madrid. Una noche, los de enfrente les gritaron:

-¡Eh facciosos! ¿Teneis mujeres con vosotros?

-¡No, no tenemos! -respondieron.

-¡Pues nosotros sí! ¡Si teneis un médico os lo cambiamos por cuatro mujeres!

Enseguida sus compañeros comenzaron a rogarle que accediera al cambio, pero en esto llegó un oficial quien, al ver que estaban "confraternizando con el enemigo" ordenó fuego a discrección. Estuvieron disparando desde ambos lados toda la noche y, al amanecer, los rojos se replegaron. Cuando los azules avanzaron sobre su trinchera, uno de los soldados pudo reconocer en ella el cadáver de su hermano y, además de su dolor, se quedó   para siempre con la lacerante duda de si fue su propia bala quien lo mató. Toda guerra es una regresión de los seres humanos a su primitivo estado de bestia, pero las guerras civiles son doblemente horrorosas.

Durante la guerra, Gloria recuerda como ella y sus amigas acudieron muy emocionadas a saludar la llegada a España de la Legión Cóndor, las tropas aéreas que Hitler envió a Franco para ayudarle. los alemanes desembarcaron sus hombres y su material en el puerto de Vigo, y cruzaron con música a paso de oca el centro de la ciudad hasta la estación de ferrocarril, haciendo retumbar el suelo. Las muchachas habían querido vitorear a los jóvenes guerreros germánicos, pero , en lugar de ellos, sólo tenían ante sí a una perfecta máquina militar, eficaz, mecánica, fría y aplastante como una apisonadora, que les dio miedo. Al cabo de un  tiempo se enteraron de que, por primera vez en a historia de la guerra, toda una villa sin objetivos militares, Guernica, había sido arrasada en día de mercado por aquellos aviadores de aspecto impecable.

El marqués de Figueroa, que era alcalde de Compostela, convocó dos veces al pueblo en la plaza del Obradoiro para celebrar que Madrid había caído, pero no era verdad. A la tercera vez sí lo era, pero la gente, escarmentada, ya no acudió a la celebración.

Delia vivía entre Bouzas y Coya, en una finca donde había de todo. Vigo comenzaba, por entonces, en el Paseo de Alfonso, y el resto era campo. El ambiente social estaba muy tenso y ya se olía la guerra incivil en el aire. La niña estaba muy preocupada, pensando si irían a matar a su padre o a su abuelo. En su caserío sólo había dos radios, una de ellas era la de su casa, y venían los amigos a escuchar noticias. En la iglesia de Bouzas hay una lista de Caídos por Dios y por España. Para la poca gente que vivía en Bouzas en aquel tiempo, sobraron muertos para repartir entre todas las familias, y eso que no se apuntaron en la iglesia los del otro bando. En su casa se vivió como una tragedia el hundimiento del Crucero Baleares, donde murió un pariente que podría haber sido como un hermano mayor. También se siguió con gran atención el sitio del Alcázar de Toledo, donde había un chico de Bouzas, el teniente Leirós, a quien le sorprendió el Alzamiento cuando estudiaba en la Academia Militar. Delia recuerda el tiempo de guerra como un trauma que quedó marcado en ella para siempre.

LAS MANIFESTACIONES DEL 72:
En el año 1972 se vieron en Vigo las más grandes manifestaciones de protesta popular.
Los trabajadores de la Refrey de la  Citroen habían pillado los ladrillos que quedaron en el suelo de las obras y los tiraban contra los policías, que eran brigadas especiales a quienes se llamaba "los Tupamaros", a quienes hacían venir del País Vasco o de Valladolid para que no conociesen a nadie aquí y los tenían horas y horas acumulando tensión, metidos en los coches, de modo que cuando salían estaban furiosos.

Sigi era conductor de autobús y se metió de lleno en medio del follón: pudo ver como estaba en un portal  un pobre hombre con una carpeta, como le cayeron encima las fuerzas de la represión exigiéndole que circulase pero, antes de poder obedecer, ya le estaban descargando encima un diluvio de porrazos. El hombre perdió la carpeta y todos sus documentos, y salió corriendo hacia el autobús, golpeando desesperado la puerta para que le abrieran, pero Sigi no lo hizo porque se le hubiese llenado de los fugitivos que pugnaban por salir de aquel avispero.

Avelino cuenta como una pareja de viandantes que venían por el principio de la calle Real, por donde el bar Fai-bistés, se encontraron  de frente con los Tupamaros, escudo en ristre y larga porra en alto, que venían persiguiendo a los manifestantes que escapaban de la Puerta del Sol. Uno de ellos le propinó un golpe tan fuerte a la mujer que ahí mismo le rompió la clavícula. Su compañero, indignado, le pegó un puñetazo al policía que lo dejó sin sentido, pero luego se le echaron los otros encima en manada y lo machacaron.

Teresa también se encontró con los gorilas escudados en la calle del Príncipe cuando iba con su hija. Se refugiaron en un portal y sólo se salvó porque al policía, que ya alzaba la porra, le debió dar pena su cara de no haber roto un plato en su vida y siguió adelante. Madre e hija se quedaron con un susto terrible.

La manifestación más grande que yo vi fue cuando se pidió el ESTATUTO DE AUTONOMÍA de Galicia -cuenta Teresa-. Llegaba la cabeza a la Puerta del Sol y todavía no se podía mover la gente en El Calvario.

ADMITIMOS relatos escritos y fotos de otras personas,(incluso si no participais personalmente  en el taller) que deseéis enviarnos, en formato de texto Word (en cualquier idioma), o en formato de imagen .jpg de menos de 1 Mega, las memorias y recuerdos de sus vivencias en nuestra ciudad y en su entorno, los cuales seleccionaremos y adaptaremos en sus mejores partes a esta revista virtual, citando el nombre o seudónimo de los autores.

envía tus relatos y fotos a:    [email protected]

citar:"Para el Museo Virtual"

  ÍNDICE

1-EXPOSICIÓN DEL PROYECTO:

2-PRIMER ESBOZO GENERAL DE LOS PARTICIPANTES:

3-ESCRITOS DE SIGI 1

Como veo yo al grupo...

4- ¿QUÉ SUPONE RECORDAR?:

5-LA GUERRA CIVIL Y SUS SECUELAS:

6-PERSONAJES DE LA TRANSICIÓN:

7ADMIRACIÓN:

8-ESCRITOS DE DELIA

 

 

9- ALGUNOS LIBROS

10-EL OCIO:

11-ENAMORANDO:

12- VIGO, GALICIA, ESPAÑA Y EUROPA, LA EMIGRACIÓN:

13- LOS VIEJOS CHISTES:

14- EL CAMBIO SOCIAL:

15- LA SIGUIENTE GENERACIÓN:

16- EL MUNDO DE NUESTROS NIETOS:

17-MI EXPERIENCIA DEL TALLER (Sigifredo):

     

pinturas y escritos de MANUEL CASTELIN

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Próximo Taller en preparación   

en el Centro Social de Coia:

 

  _right.gif (391 bytes) "LA NOVELA DE TU VIDA"

Entre el 7 de Septiembre y el 2 de Noviembre 2004,

todos los martes, de 10 a 12 de la mañana

 

envía tus relatos y fotos:    [email protected]

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