ENAMORANDO
Empezamos a aprender a bailar en las
verbenas populares que se celebraban en plazas y calles, a las que acudíamos con la
familia. Conocíamos gente de nuestra edad que nos gustaba en el colegio, salíamos en
pandillas los domngos. Más tarde asistíamos a los bailes, donde los chicos se apiñaban
en el centro y las chicas estaban sentadas todo alrededor, esperando a que las sacasen a
bailar. Era muy violento para ellos cruzar la "tierra de nadie" y dirigirse a la
chica que les había gustado preguntándole si bailaba. Un "no" suponía una
tremenda bajada del ánimo y de la autoestima, la seguridad de que ninguna otra chica
cercana accedería, ya que "no querían ser plato de segunda mesa", y las
despreciadoras burlas de los compañeros al volver al centro sin éxito.
También era violento para ellas el
que fueran siendo convidadas todas las chicas alrededor y una pasarse toda la velada sin
que nadie la demandase, salvo aquellos a los que había que decirles que no, porque
distaban demasiado del mínimo nivel de calidad deseable. En la calle era diferente,
porque incluso podían bailar mujeres con mujeres. Fue una liberación cuando, más tarde,
llegaron los guateques con el pick up y los discos prestados hasta las 9 de la noche, o
las discotecas y la música para "bailar suelto". Gracias a ello, todos podían
echarse a bailar y divertirse moviendo el cuerpo aunque nadie se comunicase con ellos. Era
como estar solo, pero entre la gente, lo que siempre es mejor que estar solo solo. Además
no hacía falta saber bailar, sólo agitar piernas, brazos y caderas al propio aire y, por
causa del altísimo volumen de la música, tampoco nadie podía hablar mientras bailaba,
lo cual era muy bueno para los tímidos.
Anteriormente no era así. En los
bailes de salón el volumen del sonido permitía conversar mientras se danzaba. Cuando un
chico sacaba a bailar a una chica podía pasarse todo el rato enlazando pieza tras pieza
con la misma pareja (si sabía mantener el suficiente palique, correccción y simpatía)
y, al terminar, acompañarla a su casa, a donde había que llegar religiosamente antes de
las diez si se quería evitar la violencia paterna. Avelino recuerda como tenían que
correr él y su novia hasta la Calle Uruguay o el Paseo de Alfonso para coger el último
tranvía que la llevaba a San Miguel de Oia y como una vez lo perdió y su padre, militar,
la pegó por llegar tarde, a pesar haber conseguido que una persona mayor, padre de una
amiga suya, la llevase hasta su casa en taxi.
Sigi recuerda como en su pueblo
castellano otro chico podía solicitarle que le cediese la pareja y las grescas que se
organizaban cuando uno no estaba de acuerdo y el otro se creía respaldado en su demanda
por la costumbre, ya que no parecía haber una relación conocida entre la pareja. Por eso
todos tenían que estar muy atentos e informados sobre las ligazones que se iban
produciendo, para no meter la pata.
-Recuerdo una fiesta de Santa
Bárbara, hacía mucho frío, bailábamos en la plaza con los abrigos puestos, aquellos a
los que le dabas la vuelta cada año, para que duraran. "Déjame". "No
dejo, es mi novia". "No me importa lo que sea, aquí se deja". "No
dejo" y se armó el follón. Leña, todos contra todos. Encontré mi abrigo al día
siguiente sobre un tejado.
Parece ser que eso de solicitar el
cambio de pareja no ocurría en Galicia, por lo menos en Vigo, al menos que quien lo
solicitase fuera el acompañante oficial. Sin embargo, no por eso dejaban de producirse
peloteras con frecuencia en los salones de baile por culpa de los celos, incluso en bailes
de sociedad, en el exterior. Claro que todos se echaban a correr cuando oían: "¡Que
viene la pareja de la Guardia Civil!".
Aquellos bailes del Metropol, de la
Calle Pontevedra... o del Mercantil y de la Oliva. O en el Casino de Sabarís, en el
verano... era vejatorio estar sentada esperando que vinieran a sacarte y no
venían."Que venga aquel chico, que venga..." y nada. Mejor si se podía
preparar antes, con un amigo. Ninguna seguridad previa
Con todo, la situación había
mejorado mucho con relación a generaciones anteriores... el pintor Laxeiro recordaba
como, cuando era un jovencito, en los pueblos del interior, uno tenía que pelearse con
los más bravos mozos locales antes de que se le permitiese cortejar a una moza del lugar.
Avelino cuenta como sólo sabia bailar
pasodobles y como una chica se marchó y le dejó volado en pleno baile, al darse cuenta
de que no sabía danzar un fox-trot. Y eso pasaba a menudo.
-Eso duró hasta que llegaron las
discoeas, el Twist, la Salsa, poder bailar suelto, a tu bola, ¡Qué liberación!, pero ya
nos tocó mayores... salir de trabajar y pasarse por el Nova Olimpia, en los bajos del
Fraga, a tomar una copa, mayores y jóvenes juntos divirtiéndose.
-A los 40 años yo caí y rompí una
cadera- dice Gloria-. Pero no perdí el humor ni las ganas de salir. iba a los bailes y
dejaba la muleta bajo la mesa. Estaba muy bien y venían los chicos a pedir que bailase.
Se quedaban desolados cuando les decía que no bailaba. Había que tener valor. A mí me
daba pena y les mostraba la muleta. Entonces se sentaban y se quedaban conversando.
Teresa recuerda como anduvo cinco
años tonteando con un chico hasta que se decidió a insinuar una petición de relación
formal. Su novia había muerto con 22 años -"Una amiga y yo, que trabajábamos con
él, salíamos en su compañía, para consolarlo. Era muy tímida con 19, él también, no
paraba de suspirar, pero nada más. Un día, ya a los 24, participaba en una fiesta en la
Calle Roupeiro, junto a la Calle Oporto. Los vecinos contrataban a una oirquesta para
hacer su verbena de barrio. Yo no me atrevía a bailar sino con los vecinitos de arriba y
de abajo. Él venía de otra fiesta, de Cangas "¿bailas?" y ya quedamos para
salir, pero nada, sólo suspiros. Finalmente empecé a salir con otro chico durante un
mes. Sólo entonces se envalentonó "Sales con éste?", al creer que iba a
perderla. Así éramos, confusos y tímidos.
-Yo causaba mucho respeto a los chicos
-cuenta Delia, y luego una historia de amor más antigua-: Mis abuelos estaban ambos
viudos, se conocieron de niños y se enamoraron al verse de nuevo libres. Entonces había
guerra en Marruecos, era 1925, el abuelo tenía que ir allí a hacer un servicio militar
de tres años, así que decidieron casarse antes. Pero al casarse vinieron a hacerles una
cornetada, por viudos, el abuelo tuvo que pagarles una comida, para que les dejaran en
paz, pero también avisó a la Guardia Civil, porque ya estaban prohibidas aquellas
rechiflas burlonas por la ley.
-Mi abuelo materno -cuenta Gloria-,
tuvo que ir a la terrible guerra de Cuba, tenía un compañero que le leía las cartas de
su novia de Burgos -"Si me pasa algo, vete, por favor, a devolverle el manojo de
cartas y a decirle lo que la quería"-. Lo mataron. Mi abuelo, que era de Zamora, fue
a Burgos a cumplir la promesa, lloraron juntos por el muerto, luego se fueron enamorando y
se casaron. Tuvieron seis hijos y fueron felicísimos. Él se dejó morir de pena a los
veinte días de la muerte de ella.
Gloria habla también de la aventura
de su tía Conchita: -"Eran dos hermanos ricos , uno era bueno y el otro un
sinvergüenza, quería matar a su mujer para casarse con su amante. El bueno era
falangista, los rojos, durante la guerra, encontraron en Madrid su carnet de Falange en un
registro en casa de su novia, se la llevaron a la Checa para hacerla cantar dónde lo
escondía, pero ella sólo les decía que estaba en el lado nacional. no la creyeron y la
fusilaron. Él quedó desconsolado. Mientras tanto, el malo murió tras haberse gastado el
capital, Conchita no podía sostener el pazo y emigró a Venezuela, desde donde enviaba a
su madre partidas de dinero para ir remendando desperfectos. El Bueno emigró también y
se la encontró viviendo allá con su hermana, que de repente se quedó sorprendida de que
la visitara con mucha más frecuencia que antes. Acabaron enamorándose, se casaron
yregresaron a España. En el regreso, el capitán Galvao secuestró su barco, el Santa
María, y lo tuvieron varios días secuestrado hasta que Franco envió al crucero Canarias
con orden de abordaje, ahí, transigieron.
Sigi no creía en el amor primero,
tenía novias, pero no pensaba en casarse. Emigrado a Holanda, en un baile del
centro Italiano de Rotterdam, conoció a los 28 años aquella gallega de Villagarcía,
guapa y esbelta, de ojos azules, vestida de negro. "Voy a bailar con aquella
viuda". Ella estaba trabajando y se alojaba en un convento de monjas. Habían
prometido expulsarlas y devolverlas a España si llegaban después de las diez. La hermosa
parecía mucho para él, pero condescendió, se entendieron y se enamoraron perdidamente.
Vivieron muy felices en Marruecos. Allí se murió su primer hijo de 8 meses. pasaron
quince más y tuvieron que desenterrarlo para regresar a España en el 67 "Me costó
24000 ptas. el permiso, y tuve que hacerlo yo mismo. Vivimos ese amor y ese dolor y no nos
separamos ni un día, nuestros hijos decían que parecíamos siameses".
-Marchar de casa a trabajar en el
extranjero no es progreso, progreso significa poder trabajar y vivir decentemente en tu
zona -dice Sigi-. Sin embargo, Holanda era un país libre, con una mentalidad
completamente diferente a la de España, y rápido nos adaptamos a ella, la adaptación
desde lo malo a lo bueno es fácil. En 6 meses nos casamos por el Juzgado y por la
Iglesia. Pagamos unos pinchos para los amigos de ambos y no avisaos a nuestras familias
para que no tuviesen que desplazarse. Luego los fuimos nosotros a ver.
Delia dice que lo normal eran uno o
dos años de noviazgo, aunque a veces había que esperar cuatro o cinco, si la chica no
tenía 22 y si el chico aun no había hecho la Mili. Para casarse, había que pedir
permiso a la familia, y la petición de mano era una ceremonia bien formal, con entrega de
alguna joya como fianza del compromiso.
La mujer siempre trabajaba fuera de
casa, qué remedio, pero, salvo las maestras, peluqueras, tenderas, algunas otras
profesionales y las funcionarias municipales y del estado, la mujer se veía obligada a
dejar su trabajo al casarse y tener hijos, ya que los patrones las empezaban a ver con
mala cara por causa de las ausencias. Además, un hijo venía detrás de otro. Eran
frecuentes los matrimonios con diez hijos.
En aquellos tiempos, el trauma de
quedar embarazada antes de casarse podía constituir la ruina para una familia y el mayor
descrédito social para una chica. Muchos padres se veían obligados a dejar a salvo su
honor obligando al chico a casarse por la fuerza, o expulsando a la descastada réproba
del hogar. Condones no se usaban tan a menudo, eran caros, inseguros y daba mucho corte
pedirlos a las farmacéuticas. Había el procedimiento de dar "marcha
atrás"...las señoras hablaban del "Ogino". Pero siempre surgía un
despiste, ambos métodos fueron padres de muchos hijos no deseados. Sólo en los años
sesenta se hizo popular la píldora y comenzó la tan mentada revolución sexual, que, a
quien en verdad benefició, fue a la joven generación siguiente, que ya llevaba la gana
de desprenderse de costumbres obsoletas en la cabeza y aún no había oído hablar del
SIDA.
Todos tenían una "asignatura
pendiente" que no acababa de aprobarse. Estaba fuera de la ley el divorcio y el
aborto. Había médicos que lo provocaban clandestinamente, pero muy caros. Algunas
mujeres usaban métodos artesanales y cobraban menos. Era traumático y arriesgado. Muy
mal visto por la sociedad -"Para mí era un asesinato -cuenta Teresa- yo conocía a
una que presumía de santa y de que hacía el bien a las pobrecitas muchachas
desorientadas, pero yo la llamaba asesina, estuvo en la cárcel varias veces."
-En los 60 -cuenta Sigi- sólo las
pobres seguían utilizando aquellos métodos artesanales dentro de España. Las señoritas
volaban para abortar en París o Londres.
Delia recuerda una criadita a la que
le hicieron una chapuza terrible. Hubo que llamar al médico. "Esto es un delito, yo
tendría que denunciarlo" -dijo él-. Consiguieron convencerlo de que no lo hiciera y
la curó como pudo. La chica tuvo que guardar un mes de cama.
Aquellos partos... se encerraba a los
niños en las habitaciones, las abuelas y las madres ayudaban a la comadrona, las criadas
andaban de aquí para allá con palanganas de agua caliente, los hombres daban vueltas
fumando nerviosos en el pasillo...
La criadita llorando desconsolada
-"¡Ay, que se va a morir la señorita!" ¿Pero por qué dices eso? -
"Porque no grita, en mi pueblo todas gritan".
La mayoría de las señoras del Taller
Etnográfico eran de clase media -¿Alguna de ustedes intentó luchar por un cambio ante
aquella situación en la que estaba la mujer?
-"No, aunque hubo quien lo
hizo... pero, para nosotras, la liberación fue la llegada de los electrodomésticos, que
hacían automáticamente las tareas más pesadas del hogar. Antes trabajábamos como
burras en casa". Siguió una discusión, las clases medias accedieron diez años
antes a la tecnología, las pobres aún tuvieron que estardurante mucho tiempo doblándose
ante el pilón.
¿CÓMO ES EL AMOR?
Sigifredo
Hablar de los amores de joven, es casi ficción, porque cuando
por fin, se encuentra el amor de tu vida, y que casi nunca es aquel que tu creías de
jovencito, queda todo borrado. No por el desengaño, sino porque así es la vida..
cambiante, como la naturaleza a la que pertenecemos, si no fuera así
¿qué
estábamos haciendo con nuestra vida?. Supongo que sufriendo por algo imposible de
conseguir. Las cosas son como son, y lo demás son simples especulaciones.
Recordar, claro que se recuerda. Se recuerda todo cuanto pasa
por tu vida, y en ello se incluyen los amores primeros, las fantasías primeras, las
primeras fiestas
y también los desengaños, pues las mentes jóvenes suelen
tener, entre otras cosas, enormes fantasías que con frecuencia les hacen sufrir porque
creen que saben lo bastante, hasta que se dan cuenta de que no es así. Por eso, se dice
que la experiencia, hija de la observación, es madre de la ciencia
aunque, muchas
veces, no se escuche al que esto quiere demostrarte.
Se suele decir que la vida cambia, y los jóvenes a menudo se
muestran convencidos, de que solo aquello que ellos viven es realidad, y lo demás,
pasado. Yo creo que se confunden. Cierto es que han cambiado ciertas cosas, pero se sigue
riendo y llorando como lo hacían nuestros antepasados. Entonces, si es así
¿por
qué va cambiar lo relacionado con el amor si también es un sentimiento?.
Me parece una traición a la realidad el dicho de que "el
amor verdadero es el primero". Si esto fuera así, estoy convencido de que
viviríamos en un mundo de infelices, en un mundo de frustrados, pues bien sabemos los
no-jóvenes, que el amor ni se ve, ni se toca. El amor es entrega... y eso sí se ve, se
nota y se siente. Y como cualquier otra cosa del sentimiento, el tiempo lo madura y lo
valora.
ÉL SOLO AMÓ AL MAR
Ella nunca pudo
olvidar a su marinero eterno
y paseaba por la orilla del mar sus
recuerdos
con una corona de flores entre sus manos
y allí junto a las eternas rocas la
dejaba.
Buscando consuelo miraba en la inmensidad,
lanzaba besos al cielo, al aire y al mar.
Fijos sus ojos en las olas verdes
esmeralda
esperaba que lejos, muy lejos,
el viento su mirada y sus flores llevara,
con la brisa marina allí donde estaba
y levantando los ojos al cielo.
decía ¡dios mío cómo le amaba!
Se fue en un barco de vela
blanca como sal marina
a cruzar los mares del mundo
sin saber si volvería
pero nada le importaba,
aquello era su vida.
Había sido marinero
y el mar siempre fue su vida
y pidió que si algún día
el mar su vida pedía
que no le buscaran nunca
porque el nunca volvería.
Quería jugar con los peces
y con las conchas marinas
y estar entre las estrellas
y jugar entre las rocas
con las perlas desprendidas
de esas ostras que al final
dejan sus prendas perdidas.
Y recorrer océanos con su blanca calavera
y subir cada mañana como sube la marea
hasta las rocas cercanas llenas de flores
por ella,
que aun sabiendo que jamás volverá
rezando
espera y espera
Pero allí entre las rocas eternas
donde viven los corales
rojos como rosas frescas,
allí tenia él otro amor
en la profundidad inmensa
donde el silencio es profundo
y no nubla la conciencia.
Era allí todo tan limpio y tan sereno
que las hadas de la noche
miraban a los luceros
que parecía que temblaban
en el inmenso universo.
Fue tan marino su ser
que en su largo recorrido
nunca manchó ni a una gota
de esas que parecen perlas
que va dejando a su paso
la suave brisa en la vela.
A pesar de todo, allí en el fondo decía,
¡qué hermoso es el amor en la tierra!
es como el agua marina.
todo lo llena. Da luz, da vida.
Así acabo la ilusión de aquel noble
marinero
que recorría los mares con su barquito
velero
que quiso ser como el mar en su ultimo
deseo
para jugar con los peces
y coger de la bahía el amor de aquellos
besos.
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