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FIN DE SEMANA EN ROMA - 19 DE MARZO DE 2004 AL
22 DE MARZO DE 2004
Si cuando cumplí trece años alguien me llega a decir
que iba a volver y volver a Roma, le habría dicho que estaba
loco.
Cumplí los trece años en el agosto de 1980, en Roma,
en uno de los veranos más calurosos que se puedan imaginar.
En aquella época lo del Ferragosto se llevaba más
a rajatabla que ahora, así que sólo recuerdo el inmenso
calor, las fuentes, y que todo estaba cerrado (incluidas las heladerías
...). Juré que aquella ciudad era horrorosa, pintada de color
ocre, llena de piedras antiguas y restos de carteles en la paredes.
Ni loca iba yo a volver allí, por favor, me negué
a lanzar una moneda a la Fontana de Trevi. Yo me quería ir
a Munich, limpito, ordenado, alemán ...
No he tirado ninguna moneda a la Fontana, pero ya no sé
cuantas veces he vuelto. Y me gusta Roma precisamente por las razones
que antes no me gustaba ... el color ocre de las fachadas, los mercadillos
cutres en la calle, los vendedores negros de bolsos piratas, las
piedras que impiden que el metro se extienda (supongo que a eso
hay que añadir Sant´Andrea del Valle, los bolsos de
la Rinascente, la fuente de las tortugas, la luna sobre el foro,
la librería Herder, el vin santo de Il Buco y las ensaladas
de L ´Insalata Rica ...).
Y ahora, una pequeña historia sobre como pasar un fin de
semana entretenido en Roma, porque creo que hay gente preparando
un viajecito ...
Mi excusa esta vez era encontrarme con Debbie y Kurt, unos amigos
de Pittsburgh, y Paolo, un amigo de Trieste. Otra excusa era comprobar
que tal se iba con Volareweb (ya los estrené el año
pasado yendo a Milan, pero nunca está de más el revisar
las nuevas lineas ...). Reservé el billete con un mes de
antelación, y Debbie se dio cuenta de que el domingo iba
a haber huelga en Italia, así que me avisó y pude
cambiar el billete de vuelta para el lunes pagando 25 Euros. Estos
cambios sólo se pueden hacer por teléfono. En total,
incluyendo el cambio, me salió el viaje 108 Euros (no está
mal, ¿eh?).
NOTA - Entre las páginas web interesantes incluiré
una en la que se pueden revisar las posibles huelgas, sciopero en
italiano. Nunca viene mal estar avisados ...
La reserva del hotel, San Carlo, la hice a través de Venere.
Muy central y buen precio. Mi habitación era chiquitilla,
pero estaba muy limpia, la ducha y la cama eran muy buenas, y había
un montón de botellas de agua en el minibar ... gratis. El
único pero es que la ventana daba a la Via Belsiana, y se
oía el tráfico de la Via del Corso. Si quieres, te
suben el desayuno a la habitación sin cargo extra. Pan, mantequilla
y mermelada, buenos croissants, zumo de naranja y yogur natural.
Antes de lanzarme a reservar, revisé un poquito en tripadvisor.com
, y la gran mayoria de las opiniones eran muy buenas.
Y ahora el viaje. Cuando llegué al aeropuerto, había
una cola gigante porque por lo visto el domingo había una
beatificación ... todo colapsado, pero como había
retraso, en fin, que aguantas bien. Al final tuvimos un retraso
de casi 2 horas, y el avión fue completamente lleno. Mama
me habia acompañado, así que nos quedamos tomando
un café en la cafetería a la espera de que embarcaramos.
El avión estaba completamente lleno, impresionante. Fueron
unas dos horas de vuelo, que no está nada mal. El aparato
estaba limpito, nuevo, y no mucho más apretado que en una
compañía normal. Los cafés y las bebidas cuestan
en torno a 2 euros. Llegamos a Fiumicino como a las 8 menos cuarto,
y en unos 20 minutos ya teníamos las maletas. Si alguien
piensa que eso es normal, es que no ha pasado por ese aeropuerto
antes. Puedes llegar a esperar casi una hora, y se puede hacer pelín
claustrofóbico.
Hay un tren directo del aeropuerto a la estación Termini.
Para llegar a la estación basta con seguir las señales
que indican "Ai treni" , después de un par de escaleras
mecánicas allí llegas. Hay taquillas, y máquinas
automáticas. Los billetes cuestan este año 9,50 euros,
y no hay que olvidarse de validarlos (como en los trenes franceses)
antes de montar. Hay dos trenes cada hora (desde Fiumicino a los
minutos 07 y 37, y desde Termini a los 22 y 52). Pero si vas a algun
sitio que está cerca de Ostiense o de Tiburtina o de Trastevere,
piensatelo y coge un tren normal. Cuesta la mitad, dura un poco
más, pero no tienes que trasladarte desde Termini allí.
Mi hotel estaba cerca de Piazza di Spagna, así que al bajar
del tren fui todo seguido al metro (está bien indicado),
compré un billete (cuesta un euro), y hala pa´adelante.
Hay un billete diario ( BIG o biglietto giornaliero, 4 euros), un
billete semanal y un billete turístico de 3 días (11
Euros). Duran hasta las 12 de la noche del último día,
desde el primer momento en que lo validaste. Si sólo vais
a a estar por el centro histórico, tal vez no lo necesiteís,
pero si quereís acercaros a San Pedro y moveros un poquito,
no viene nada mal. Hay momentos en que quieres montarte en un autobús
y descansar ...
El único problema que tuve es que llegue al hotel un poquito
tarde, después de las 10 de la noche, y entre dejar la maleta
en la habitación, lavarme la cara y salir a la calle, pues
hay pocos sitios para cenar. Pero no tenía mucha hambre,
así que me tomé un strudel en Giolitti (no hacía
temperatura para helados), y a dormir.
Me desperté tempranito, y me fui a dar un paseo. Roma estaba
llenísima de gente, pues iba a haber una manifestación
por la paz. Todo tipo de participantes, desde gente que se lo tomaba
realmente en serio, hasta niños a los que les pegaba muy
bien el color arco iris de las banderas.
Paolo tenía un vuelo muy tempranero desde Trieste, y quedamos
a las 10 de la mañana en el café Vitti en la plaza
de San Lorenzo in Lucina (un buen sitio para pasteles, para sentarse
en una terraza con una cervecita o para ver pasar a la gente por
las tardes). Cafecito con croissants, y luego nos fuimos a echar
una monedita en la Fontana de Trevi. Muchísima gente, incluido
un señor que sacaba fotos con una máquina digital
y que llevaba una impresora láser colgando del cuello. Impresionante.
A mediodia quedamos a comer en el restaurante Alla Rampa. No es
caro, y se come bien. Si optas por el antipasto de la casa, casi
mejor que no pidas segundo plato. De hecho, todo es un poco excesivo.
Es fácil de encontrar. Ponte delante de la embajada de España
(NOTA, si tienes problemas, no te gastes en preguntarle a los guardias
civiles, los pobres no pueden hacer nada porque el señor
embajador no les deja. Al parecer, para ser embajador de España
ante el Vaticano tienes que tener un carácter un poco especial
...), miras hacia la parte izquierda de la columna, y andas hacia
allá. El restaurante tiene una terraza muy grande, y no suele
ser necesario reservar.
Los otros restaurantes en los que comí con Debbie y Kurt
fueron Il Buco (un antiguo favorito mío) y Orso 80 (un viejo
conocido de ellos). Ambos muy bien, tanto de precio como la comida.
Il Buco es un poco difícil de encontrar. Está en la
Via di Sant´Ignazio, al lado del palacio Doria Pamphjli. Es
anticuado, con un jabalí disecado dentro y fotos de famosos
en las paredes, pero la comida está muy buena (siempre caigo
en los gnocchi di zucca), y si vas a cenar, en la sobremesa te sacan
un plato de cantuccini y una botella de vin santo, y hala, a untar
galletas en moscatel. Un final genial.
Orso 80 es bastante grande, y una de sus especialidades son los
antipasti. Sacan cuencos y cuencos de comida (1 para 2 o 3 personas
es suficiente). Pero el pescado tambien tiene buena pinta, y el
cordero asado no está nada mal. Pero no hay modo de llegar
al postre ... Está cerca de la Via della Scrofa, un poco
más adelante del hotel Portoghesi.
Ya que estamos con los restaurantes, voy a nombrar otros sitios
que me han gustado. L´Insalata Ricca es estupenda para una
comida o una cena ligerita, con unas ensaladas enormes y a muy buen
precio. Gusto junto al mausoleo de Augusto no está mal como
pizzería rápida, grande y moderno. Hay una trattoria
pequeñita en la calle que va de la parada de metro de Ottaviano
hacia el Vaticano (según vas para allá, a mano derecha).
Se llama algo así como La Cappa d´Oro. Bastante buena
y barata, algo sorprendente para el lugar en el que está
situada. Y luego nos encontramos con que muchas veces no apunto
los nombres de los sitios en los que comemos, lo que luego me lleva
a saber volver, pero no a saber recomendarlos. En las calles cerca
de la Piazza del Popolo, las que cruzan con la Via del Corso, suele
haber restaurantes bastante majos y que no están mal.
Si alguien estaba esperando un diario de viaje en toda regla, se
habrá dado cuenta de que para nada, para nada. Haber estado
unas cuantas veces en Roma hace que una se dedique a dar paseos,
y a vagar sin rumbo fijo.
El sábado por la tarde estuve dando una vuelta, y subí
hasta la zona de Vittorio, más allá de la estación
Termini. Por allí viven muchos emigrantes, y no sé
porque yo me esperaba algo más étnico. Muchas tiendas
de chinos que vendían ropa y zapatos, muchos anuncios en
las columnas para las elecciones de concejales extranjeros al ayuntamiento
de Roma. Es una sensación un poco triste, como de barrio
abandonado, es extraño. Para quitarme la tristeza me fui
a ver como había quedado la galería nueva de la Via
del Corso, en la Piazza Colonna. Una tienda de Zara enorme, unos
cafes muy fashion, y una librería bien bonita (aunque creo
que a mi me gustan todas las librerías ...). Creo que la
primera vez que estuvimos en Roma, esa galería estaba abierta,
pero poco después la cerraron, y era una de las vistas más
deprimentes de Roma.
El domingo por la mañana fui andando hasta el Vittoriano
en la plaza Venecia. Desde que lo abrieron al público es
un sitio estupendo para sacar fotos y disfrutar de la panorámica.
Pero si está lloviendo ( y estaba lloviendo), es mejor llevar
unos zapatos que no patinen. Creí por un instante que me
iba a estrellar contra un turista ruso, o que iba a ser detenida
por desecrar el altar de la patria... Pero fue una falsa alarma,
aunque por el miedo a patinar acabé entrando en el Museo
del Risorgimento. Interesante, las últimas palabras de Cesare
Battisti antes de ser ahorcado por traición por los malvados
austrohúngaros ... salí huyendo cuando me di cuenta
que había reliquias de patriotas italianos, trozos de vertébras
y así. Ya sé que Bill Bryson apuesta por ese tipo
de souvenirs, pero es un poquito mácabro. Y además,
se puede salir por una puerta trasera, pasar por un café
muy chulo, y entrar a la iglesia del Araceli sin subir las escaleras
donde se supone que mataron a Rienzi (nota, de ahí viene
el nombre de Via Cola di Rienzo, una muy buena calle de compras
en el barrio de Prati). Así que entré en la iglesia
(hay una placa dedicada a un noble italiano que murió víctima
de una estampida de elefantes en los años 20), y encargué
unas misas a San Bambino, que es muy guapo.
Y visto como estaba el tiempo, y que no había cola en los
Museos Capitalinos, me pasé más de dos horas agarrada
a uno de esos CD´s que te explican todo, todo, todo. Vi la
loba capitalina, el gálata moribundo, un montón de
bustos de emperadores, Guercinos y Caravaggios (mejor en Sant Luigi
dei Francesa, de verdad) ... a cubierto de la lluvia, más
que nada porque aparte de que los museos están muy bien,
yo estaba muerta de miedo de salir a la calle y patinarme. Pero
hubo que salir, y completar el domingo acercandome al Vaticano (no
fui andando, que soy una vaga) a ver que quedaba después
de la canonización de la mañana. La verdad es que
quedaba mucho, incluida una misa con el coro del Vaticano (son malos,
muy malos).
El lunes a la mañana aproveché a tomar el último
café en la Tassa d´Oro, junto al Panteón. Está
muy rico, tanto el normal como el descafeinado, y sale algo menos
de 60 céntimos el cortado en la barra (acordaros siempre
de pedir los cafés en la barra, como aquí, sale mucho
más barato). Si quereís traer a casa, podeís
dejar la compra hasta el aeropuerto de Fiumicino, que venden unas
latas a 6 Euros bien chulas. Otras cosas que hice el lunes fue pasar
un montón de tiempo en la librería Herder, en el Montecitorio,
visitar Sant Luigi dei Francesi y Sant Andrea del Valle (primer
acto de Tosca, y magnífica luz dorada al atardecer), esquivar
negritos en la Piazza Navona ... y traer un montón de verduras
de ensalada de Campo de´Fiori. No pude resistirme, y si pensaís
comprar (cositas como rucola, espinacas y así), no os paseís,
pedís de 100 en 100 gramos, y os llegará bien a casita.
Otro sitio que no está mal para traer souvenirs sustanciosos
es el SPAR que está saliendo del Panteón hacia la
Piazza Navona. No es tan pequeño como parece, y si podeís
comprar speck (una especie de jamón del Tirol), está
muy bueno.
Antes de que se me olvidé, por fin fui a tomarme un helado
a San Crispino. Muy ricos, y se nota que son naturales, pero creo
que me siguen gustando más los de Vivoli en Florencia. Pero
como cada uno tiene su gusto (en Viena me gusta más Hohe
Markt que Schwedenplatz, y donde estén los helados de trufa
y de mora silvestre de La Valenciana en Laredo ...), pues se prueba
y se vuelve a probar. Si quereís ir, pedidme que os mande
la dirección.
La vuelta fue un poco accidentada. Cogí un tren para llegar
con tiempo al aeropuerto, pero al llegar allí, ya llevabamos
un retraso de dos horas. No estuvo mal, porque salía sin
comer (había comprado un par de bocadillos en la panadería
junto a Volpetti en Via della Scrofa, junto con unos cantuccini
y más cositas de rumiar para casa), así que me quedé
en el autoservicio del aeropuerto (ensalada y spaghettis), y me
senté a esperar que nuestro avión llegara a Roma y
que nosotros embarcaramos de vuelta a Bilbao. Venía bastante
gente de la canonización del dia anterior, pero volví
sin nadie en mi fila. Las maletas salieron bien pronto (yupi, yupi),
y volvimos a Bilbao en el autobús ... tardamos hora y media
en llegar a la Plaza Moyúa, lo más infernal de todo
el viaje.
Bueno, esta es la historia, muy por encima, de cómo pasar
un fin de semana muy ajetreado en Roma, incluyendo cafés,
comidas, helados, iglesias y museos, sin olvidar los bolsos (de
los negritos y de la Rinascente, la marca propia suele tener cosas
muy interesantes). Y a pesar de los retrasos, pensad que con Volare
tenemos vuelo directo a Roma, que se agradece muchísimo ...
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