ROBERT BADEN-POWELL, JEFE SCOUT DEL MUNDO
Teresio Bosco

UN DICTADOR NEGRO Y OTRO BLANCO
Un gran destino en un rectángulo de papel ** El sordo tronar de los cañones ** El juego terrible de la astucia ** ¿Locura que a nada conduce? ** Los ojos del mundo sobre Mafeking ** Eloff al ataque ** ¡Por fin la liberación! Hacia un mundo de muchachos alegres ** La señal de ¡Nave en peligro! ** Época de viajes fabulosos ** Palabras mágicas sobre un sombrero gris-ratón ** En misión a la India ** Las emboscadas de los Phatan ** Hacia Rusia en espionaje ** Un combate en la gran llanura ** Un dictador negro y otro blanco ** Un problema urgente: el de dos millones de jóvenes ** Seis tiendas en Brownsea ** La temporada de las fogatas y pistas ** Su retiro del ejército ** La Ley Scout ** Un libro que hace estallar a los jóvenes ** Una vuelta alrededor del mundo ** La guerra europea ** Jamboree, encuentro de tribus ** Su muerte a los pies del monte Kenya

Baden-Powell, que acaba de ser ascendido a mayor, desmbarca en Coast Castre a la cabeza de las vanguardias indígenas. Su misión es abrirle camino al general Scott, que lo seguirá con un cuerpo expedicionario.

Por 20 días Baden-Powell avanza por la jungla hacia la capital Kumasi. La "gran carretera" que deberia unir la ciudad con la costa, es un sendero por demás estrecho, a menudo invadido y sellado por la jungla de exuberante vegetación.

A machetazo limpio van abriendo camino entre helechos gigantes, palmas y lianas tan desarrolladas que parecen autéticos "muros vegetales". Nubes de insectos se pegan al cuerpo y lo traspasan cual si se tratara de una madeja de alfileres.

Están apenas a dos días de Kumasi cuando se hace presente un grupo de ashantes agitando un paño blanco. Llegan a ofrecer a nombre de Prempeh la rendición de la tribu.

20 de enero de 1896. Formando un cuadrado en el centro de la capital, las tropas indígenas capitaneadas por Baden-Powell, esperan el acto de sometimiento del rey, que aparece hacia el mediodía. "Es un negro gigantesco, feo, con túnica de algodón, en que relucen puntitos azules - anota Baden-Powell -. Chupa un amuleto mágico como goma. Huesos humanos adornan sus brazos y tobillos. Avanza debajo de un enorme quitasol que sostiene un criado. Atraviesa lentamente el cuadrado de las tropas y se arrodilla en el polvo temblando de miedo. Así se pone término, sin un disparo, a la expedición pacificadora. Poco después me toca partir a Inglaterra con el diploma de teniente coronel".

Pero en el mismo año debe regresar al África para tomar parte en una expedición contra la tribu de los Matabeles. Al finalizarla, se encuentra con Cecil Rhodes, uno de los más astutos y crueles "conquistadores" ingleses.

"Era algo así como profeta y aventurero. Extremadamente ambicioso, sentía desprecio por los negros, a quienes consideraba de raza inferior. Tenía la firme convicción de que la raza británica estaba destinada a dirigir el mundo. Tenía un extraño parecido con aquellos dictadores que en la década de 1930 habían dominado Europa: Hitler, Mussolini, Stalin".

Cuando se tutea con ese hombre, Baden-Powell siente repugnancia frente a su desmesurado orgullo y a su sed insaciable de poder y de riqueza. "¿Y son éstos los civilizadores del mundo?", se pregunta estremecido.

1899. Comienza la guerra en Sudáfrica. Es una típica guerra colonial. De un lado están los boers, descendientes de colonos holandeses, que dan caza a los negros como si fueran bestias feroces. De otro lado están los ingleses, que pretenden apoderarse de Orange y Transvaaal porque poseen fabulosas minas de oro recién descubiertas. Es una mísera guerra, que sin embargo, está destinada, junto con el largo asedio de Mafeking, a que el mundo conozca el nombre de un héroe que se llama Robert Baden-Powell.