ROBERT BADEN-POWELL, JEFE SCOUT DEL MUNDO
Teresio Bosco
UN COMBATE EN LA GRAN LLANURA
Un
gran destino en un rectángulo de papel ** El
sordo tronar de los cañones ** El juego
terrible de la astucia ** ¿Locura que a
nada conduce? ** Los ojos del mundo sobre Mafeking ** Eloff
al ataque ** ¡Por fin la liberación!
Hacia un mundo de muchachos alegres ** La señal
de ¡Nave en peligro! ** Época de
viajes fabulosos ** Palabras mágicas
sobre un sombrero gris-ratón ** En misión
a la India ** Las emboscadas de los Phatan ** Hacia
Rusia en espionaje ** Un combate en la gran llanura ** Un
dictador negro y otro blanco ** Un problema urgente:
el de dos millones de jóvenes ** Seis
tiendas en Brownsea ** La temporada de las fogatas
y pistas ** Su retiro del ejército ** La
Ley Scout ** Un libro que hace estallar a los jóvenes ** Una
vuelta alrededor del mundo ** La guerra europea ** Jamboree,
encuentro de tribus ** Su muerte a los pies del
monte Kenya
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1887. Regresamos al África, donde los zulúes
se han sublevado. ¿Por qué? Porque, siete años atrás,
Inglaterra en su inexorable avance ha ocupado su territorio.
Ahora el príncipe Dinizulu ha esgrimido la lanza de la libertad y el
viento de la insurreción corre como el fuego en un cañaveral.
A la sazón Baden-Powell se halla en África del Sur y un telegrama
le hace saber que ha sido nombrado oficial a las órdenes de Mckean.
Ambos deben conducir una columna de 400 británicos y 200 basutos con
destino al centro de Zululand, donde el Comisario inglés se halla sitiado
por los insurrectos en su misma residencia.
Baden-Powell jamás olvidará la batalla que se libró en la gran llanura: cuatro filas de hombres negros, relucientes al sol, se adelantaban al ataque. Los enormes escudos de color rojo sangre parecían revestir a esa gente de túnicas reales, al paso que un coro daba al viento un canto pausado, candencioso y enérgico. "Es el Ingonyama!", apuntó alguien.
El combate fue corto, porque los fusiles ingleses anularon la lanzas y perforaron los escudos. Sin embargo Baden-Powell se sintió esa noche profundamente amargado. ¿Por qué? Porque pensaba que esos guerrilleros que entraban cantando al combate, valientes y gallardos, no eran rebeldes sino patriotas que se habían batido por la libertad de su suelo. Y ellos, los ingleses, que habían dado muerte a los rebelde, ¿qué eran? ¿Civilizadores o tiranos?
1895. En la colonia inglesa de la Costa de oro (que pronto se llamará "Ghana") se ha sublevado la tribu de los Ashantis, una de las más sanguinarias tribus africanas.
Durante siglos ha sembrado el terror en las tierras vecinas valiéndose de guerras y toda suerte de pillaje. ¡Ay de las tribus vencidas!, porque eran declarados "Botín de Guerra". Encadenados o debajo de un pesado yugo de madera, los prisioneros bajaban por miles a la costa, empujados por las lanzas de los implacables Ashantes. Ahí mercenarios árabes o europeos, luego de escogerlos, los marcaban con fierro rojo al fuego para poder identificarlos, pagaban lo equivalente en ron y los embarcaban para revenderlos en los mercados de esclavos de Arabia o de las colonias inglesas, españolas o portuguesas.
Desde 1667 los ingleses ocuparon la Costa de Oro y terminaron
con las correrías de los Ashantis. Pero en 1895 ocupó el trono
de la tribu el rey Prempeh: éste echó fuera al Residente inglés,
llamó a sus súbditos (un millón y medio) a la guerra
contra las tribus vecinas y ha vuelto a la caza de esclavos.
En una sala de su palacio y durante una sola fiesta, ha sido degollado un
centenar de ellos.