BREVE HISTORIA DE PIURA  -  TOMO II

LA CONQUISTA EN PIURA

Reynaldo Moya Espinoza

Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPÍTULO I

El Descubrimiento de América

 

01.- Termina la historia media.

02.- El mundo a fines del siglo XV

03.- Idea de la esfericidad de la tierra.

04.- Los vikingos llegan al nuevo continente.

05.- Cristóbal Colón.

06.- El peregrinaje de un visionario.

07.- Los Pinzón y las carabelas.

08.- El 12 de octubre de 1492.

09.- Nuevos viajes.

10.- El nombre de América.

11.- El tratado de Tordesillas.

12.- Los judíos en la expedición.

13.- Los ingleses pudieron descubrir América.

14.- Colón y el descubrimiento en debate en 1992.

 

03.- Idea de la Esfericidad de la Tierra

Cinco siglos antes del nacimiento de Cristo, ya en el mundo antiguo, el gran filósofo griego Pitágoras (569-470 A.C.) había llegado a la conclusión por simple razonamiento lógico, que los astros, incluida la Tierra eran esferas perfectas. El filósofo que buscaba siempre la perfección, estimaba que la esfera era la superficie perfecta y que por tanto los cuerpos celestes que debían ser perfectos, necesariamente tenían que ser también esferas perfectas. Por otra parte al señalar que el diez (10) era el número perfecto, supuso que los astros eran 10 en el siguiente orden: el sol, la tierra, la luna, marte, venus, mercurio, júpiter, saturno y un planeta desconocido  que llamó anti-tierra.

 Por casi 300 años, la teoría de la esfericidad de la tierra y del sistema heliocéntrico, fue normalmente admitida en los círculos de la filosofía y de la ciencia de Grecia. El hecho de que a simple vista se pudiera ver el Sol y la Luna como discos planos, los confirmó en la teoría de que la Tierra debía tener también la misma forma, y que eso correspondía a las esferas.

 Eratóstenes, llegó avanzar mucho más en el conocimiento de la esfericidad de la Tierra (276-196 A.C), pues calculó la circunferencia de la tierra obteniendo 25.000 millas antiguas  lo que representa un error sólo por 50 millas. Pero equivocadamente creía que sólo una parte muy pequeña de la tierra estaba formada por los continentes y que el resto era muchas veces mayor cubierta de mares. Eratóstenes fue maestro del Rey de Egipto Ptolomeo IV, que lo nombró director de la famosa biblioteca de Alejandría.

Aristarco de Samos, otro astrónomo griego (264 A.C.), por medio de cálculos científicos, llegó a confirmar que el sol era el centro del sistema y que el resto de esferas, con la tierra incluida, giraban en torno a él. Este trabajo de Aristarco, fue muy alabado por el sabio griego Arquímedes.

 Los Ptolomeos, constituyeron una generación de reyes de Egipto, que dieron mucha protección a la ciencia y a las artes, y aun ellos mismos se dedicaron a su cultivo con gran ahínco. La dinastía fue fundada por uno de los generales del famoso conquistador macedonio Alejandro Magno, a cuya muerte sus principales generales se repartieron el dilatado imperio y a uno de ellos, a Ptolomeo, le tocó el reino de Egipto. Uno de esos Ptolomeos llamado Claudio, fue uno de los más grandes sabios de la antigüedad, conocido como geógrafo y astrónomo, siendo el creador de la errónea  teoría geo-céntrica que supone a la Tierra como el centro del sistema solar y que tanto los planetas como el Sol giran en torno a ella. El sistema geocéntrico, fue reconocido como valido durante toda la Edad Media y los primeros siglos de la Edad Moderna.

Los fenicios lograron en  el año 600 A.C contornear toda la costa del continente africano en una expedición financiada por el rey de Egipto Neco o Necao. Tuvieron que transcurrir 1.100 años más para que los portugueses volvieran hacer lo mismo.

Más o menos 500 A.C los cartagineses habrían logrado dominar todo el mar Mediterráneo y transponer también el estrecho de Gibraltar al que llamaban Columnas de Hércules; llegando al océano Atlántico al cual llamaron Mar Tenebroso, y fueron los fomentadores de las fábulas de enormes abismos poblados por monstruos al extremo del mar, lo que hicieron con el único afán de eliminar toda competencia. Esos temores aún existían en los tiempos de Colón.  

En la Edad Media, todo el conocimiento que se tenía sobre la redondez de la tierra y el sistema heliocéntrico, prácticamente desapreció. Las pocas obras que se pudieron conservar que eran de los griegos, quedaron en las bibliotecas de los monjes, celosamente guardadas, para evitar que se propagasen ideas contraías a lo que decía el texto de las sagradas escrituras. Así siguieron las cosas hasta bien entrada la edad Moderna.

Los cartógrafos y geógrafos genoveses, venecianos, florentinos y portugueses empezaron a interesarse en las obras de los antiguos griegos y la idea de que la Tierra era redonda empezó a tomar nuevamente vigencia en un corto número de investigadores que poco a poco se fue haciendo mayor. Uno de ellos era Pablo Toscanelli (1397-1482) astrónomo de Florencia que aprendió la lengua antigua y de esa  manera llegó a tener la convicción de la esfericidad de la tierra y en cartas que en 1474 remitió a Colón, le envió valiosos mapas y le aseguró que navegando del Portugal en forma recta hacía occidente, se encontraría al lado opuesto, en la fabulosa Cipango, calculando una distancia de sólo 120º. Esto era erróneo, pues lo real era que la distancia llegaba a 230º, pero sirvió sin embargo para animar a Colón en la gran aventura.

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