BREVE HISTORIA DE PIURA  -  TOMO II

LA CONQUISTA EN PIURA

Reynaldo Moya Espinoza

Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPÍTULO I

El Descubrimiento de América

 

01.- Termina la historia media.

02.- El mundo a fines del siglo XV

03.- Idea de la esfericidad de la tierra.

04.- Los vikingos llegan al nuevo continente.

05.- Cristóbal Colón.

06.- El peregrinaje de un visionario.

07.- Los Pinzón y las carabelas.

08.- El 12 de octubre de 1492.

09.- Nuevos viajes.

10.- El nombre de América.

11.- El tratado de Tordesillas.

12.- Los judíos en la expedición.

13.- Los ingleses pudieron descubrir América.

14.- Colón y el descubrimiento en debate en 1992.

 

08.- El 12 de Octubre de 1492

Un poco antes de la salida del sol, del viernes 03 de agosto de 1492, partían del Puerto de Palos las tres carabelas y se ubicaban frente a la pequeña isla de Saltes, para luego zarpar a las 8 de la mañana, mar adentro rumbo a las Canarias a donde llegaron el día 8 de agosto y perdieron todo un mes para reparar la avería que se había producido en “La Pinta”. Si no hubiera sido por este hecho; el descubrimiento de América bien pudo producirse el 12 de septiembre.

El 8 de septiembre es cuando en realidad se inicia el viaje hacia lo desconocido. Se tuvo que sortear a una escuadra armada de tres carabelas portuguesas que se aseguraban tenían la misión de impedir el viaje de Colón en base al tratado firmado entre Portugal y España. 

Colón creía que navegando directamente de las Canarias hacia el oeste a los pocos días iba a encontrar el pueblo asiático de Quinsay al que se refería Marco Polo en el relato de sus viajes. De igual modo y según los mapas de Toscanelli, la isla de Cipango no podía estar muy lejos y luego había que navegar hacia el sur para encontrar a la India, Ceilán y Java.   

Pese a todo Colón tenían sus dudas, y por tal motivo abrió dos libros desde la salida de las Canarias, uno con la información correcta sobre las distancias recorridas y otro donde aparecían cifras menores, para mostrar a la tripulación

Esta estratagema sin duda pudo engañar a los marineros, pero tanto los hermanos Pinzón como Juan de la Cosa se percataron del asunto, y Colón se vio precisado a indicarles los motivos, que ellos aceptaron.

El 13 de septiembre ya habían navegado 200 leguas cuando Colón notó la declinación de la aguja magnética hacia el nor-este y 24 horas más tarde cuando amanecía la aguja varió hacia el nor-oeste, preocupándose al almirante pues no tenía ninguna explicación para ese fenómeno. Colón ignoraba que la brújula señalaba el norte magnético y no el norte geográfico.

El 17 de septiembre la tripulación se enteró de tal fenómeno y se atemorizó, presentándose el primer reclamo ante Colón, que logra dar algunas explicaciones que aunque poco convincentes, calman por el momento los ánimos agitados. 

Colón tuvo así el mérito de haber descubierto una línea magnética sin declinación y haber propagado en Europa el estudio del magnetismo terrestre.

Como fruto de su inquietud y también de su inseguridad, ya que se trataba de aprovechar cualquier indicador, el almirante cambiaba constantemente de rumbo. La presencia de algas flotantes lo alentaban, pero los días seguían y la tripulación se alarmaba, hasta que el día 25 de septiembre cuando estaban a 600 lenguas de las Canarias, la tripulación se amotinó y se insolentó con el almirante, el cual tuvo que mostrar gran tolerancia. Días más tarde aparecieron bandadas de aves marinas lo que alentó tanto al almirante como a los marinos y entonces las naves pusieron proa hacia la dirección que seguían las aves. Pero como la situación seguía igual, los marineros se alborotaron y exigieron terminantemente volver a España, amenazando con matar a Colón y a los hermanos Pinzón que hacían causa común con el almirante. Los marineros no sabían que estaban a 1.000 leguas distantes de España porque se habrían espantado. Era entonces el 10 de octubre y Colón pidió tres días más de plazo. Tenía una gran esperanza de encontrar tierra pronto,  porque había visto flotar troncos de árboles sobre el mar. 

 El día 11 por la noche, Colón que había estado pasando muchas noches  insomnes por las preocupaciones, oteaba la negrura del océano con otros dos marineros, cuando creyó ver como unas lejanas luces que se movían. Entre la esperanza  y el temor, prefirió sin embargo guardar el secreto. ¿Acaso en lo más profundo del alma del templado marino, un rezago de las supersticiones del siglo no le hacían temer los relatos de abismos infernales al término del océano?

La reina Isabel había prometido una recompensa  a quien viera y anunciara por primera vez, tierra. A las dos de la madrugada del 12 de octubre, el vigía de “La Pinta” que iba a la vanguardia de la flotilla, grita ¡Tierra, Tierra! y luego Martín Alonso Pinzón hace disparar un cañonazo, “La Pinta” se detiene y la “Santa María” le da alcance. Toda la tripulación se ha levantado, y es prácticamente un loquerío. Se oyen hurras por todas partes. Los hombres que horas antes estaban sumidos en la desesperación, están ahora llenos de euforia.   

¡Tierra, tierra! y el  cañonazo de salva, es el saludo que la vieja Europa da a la virginal América y para bien o para mal de la humanidad, se inicia en el mundo una nueva era.  

En “La Pinta” el interventor Rodrigo Sánchez había creído ver el amanecer del día 12 unas luces que se movían  en medio de la total oscuridad de la noche. Esto lo comunicó a otros y fueron entonces muchos los ojos que trataban de penetrar  en la oscuridad total, hasta que el vigía Rodrigo, natural de Triana, dio el grito que conmovió a todos y que a él lo inmortalizó. Es entonces cuando se pone de manifiesto la codicia y la mezquindad de Colón, cuando posteriormente alegó que había sido él y no Rodrigo de Triana el que vio por primera vez tierra y que por lo tanto le correspondía el premio de 10.000 maravedíes de pensión  ofrecidos por la reina Isabel, al primero que descubriera tierra.     

Ruindades y bajezas humanas, de las que por desgracia no están libres ni siquiera los grandes hombres. La historia ha juzgado muy duramente esa acción de Colón y ha contribuido en mucho a desdibujar su imagen para la posteridad.       

Pero la gloria de Colón radicaba en haber llegado a las nuevas tierras, venciendo todos los contratiempos, a la adversidad y al infortunio.

Las tres naves se juntaron, y la tripulación cantó el Salve Regina. Nadie durmió el resto de la noche pues se esperaba con ansia las primeras luces del alba. Por  la borda, cientos de ojos ávidos miraban hacia donde se suponía que estaba la tierra, y en efecto, al principio  en forma un tanto nebulosa y poco a poco con más nitidez, se fue definiendo el contorno de la playa con gran cantidad de cocoteros a sólo dos leguas de distancia.

Se había arribado a la isla que los indígenas llamaban Guanahaní, y que ahora es parte integrante del archipiélago de las Bahamas o Lucayas.          

Colón le cambió el nombre a la isla por el de San Salvador, pero los españoles años más tarde trasladaron a todos los indios a la isla de la Española (Santo Domingo) en forma tal que en 1508, es decir dos años después de la muerte de Colón, la isla de San Salvador se encontraba totalmente deshabitada  y hasta se olvidaron de ella. Fue sólo en el año de 1667 en que el marino inglés William Sayle se refugió  en la isla acosado por una tempestad, y al desembarcar la encontró sin un solo ser humano. Lo mismo con las otras islas vecinas, por cuyo motivo los ingleses se posesionaron de ellas dándole al conjunto insular el nombre de Bahamas. El año 1783 por el tratado de Versalles, Inglaterra se adueña definitivamente del archipiélago.    

Por mucho tiempo los ingleses creyeron que fue la isla de los Gatos  en donde había desembarcado Colón, pero se ha precisado que la indígena Guanahaní, y luego españolizada San Salvador, es ahora la llamada isla Watling, que tiene 12 millas  de largo por  un promedio de 6 millas de ancho. Como las demás islas cercanas, su territorio es de formación  coralina. El  suelo es llano y la loma más alta no pasa de 47 m. de altura. Tiene gran cantidad  de lagunas y se encuentra poblada por un poco más de un millar de isleños  que se dedican preferentemente a la cría  de ganado ovino.

Hay que imaginar por el lado de los indios en 1492 el temor de ver también luces en el mar que se movían y luego el estampido del  cañonazo de “La Pinta”. No menor habrá sido su espanto al ver desembarcar a seres tan extraños al amanecer desde ese entonces famoso día; pero la curiosidad humana pudo más y por ese motivo con un gran  sentido de la política, y por si acaso tuvieran que vérselas con seres semi-divinos, acudieron a la playa un tanto timoratos llevando presentes, como panes hechos con yuca, frutos y agua fresca.

Se debe suponer que al desembarcar, se celebró una misa de acción de gracias, aun cuando, muchos aseguran que fray Bartolomé de las Casas no estuvo presente en ese primer viaje y hasta se asegura de que ningún religioso iba en la expedición lo cual era inconcebible en soberanos tan fanáticamente católicos como los reyes de España y como también lo era Colón, ya que fue imposible que en días domingos no se oficiaran misas para la tripulación.

Colón tomó posesión de la nueva tierra en nombre de sus majestades y levantó acta, pero el mismo día se reembarcó y no volvió a pisar la isla. De esa forma Guanahaní sólo fue un acto episódico en esa epopeya que fue el descubrimiento de América.

Pero, no sólo se había descubierto el Nuevo Mundo, sino que se iniciaba también la opresión y el abuso. Queriendo Colón, llevar ante los reyes una prueba viviente de sus descubrimientos, en forma inhumana se apoderó de varios indígenas y desarraigándolos de sus familias, los embarcó a la fuerza. Muchos de ellos murieron antes de llegar a España y otros una vez cumplido el objetivo, fueron vendidos como esclavos en la península, todo eso sin que en el corazón del gran marino hubiera  el más mínimo remordimiento.

Colón contorneó la isla de San Salvador y se dio cuenta que era pequeña. Luego se aventuró nuevamente a la mar, y llegó a otra isla que llamó “Santa María de la Concepción” llamada hoy Cayo Ron desembarcando en ella el 16 de Octubre. Luego siguió a la isla que llamó “Fernandina” hoy isla La Larga en donde los indígenas tenían viviendas bien construidas, estaban mejor vestidos y poseían campos de cultivo, pero no existían las riquezas que tanto ambicionaban como podían ser minas de oro. Los indios hicieron conocer a Colón que un poco más al sur había una gran isla que llamaban Somoeto y en donde sí había oro. En la ruta encontraron una isla a la que llamaron “Isabel” y que ahora se conoce como isla Acklin y al proseguir llegaron por fin el 27 de octubre a una gran isla que los propios indígenas conocían como Cubá que llamó “Isla Juana”, en homenaje a la hija de la Reina, creyendo el gran almirante que era una isla del reino de Cipango. Navegó en torno a ella y el 6 de diciembre descubrió la isla de Haití a la que llamó “La Española” y que hoy se denomina Santo Domingo. En este lugar el curaca les hizo un buen recibimiento.       

En la noche del 25 de diciembre “La Santa María” nave del almirante encalló y se perdió. El cacique Guacanagari de “La Española” ayudó con su gente a que se salvase todo el fardalaje y contenido de las bodegas y con los restos del navío construyeron el Fuerte Navidad. La tripulación de “La Niña” que estaba próxima con Vicente Yánez Pinzón también prestó invalorable apoyo, en cambio “La Pinta” con Martín Alonso se encontraba haciendo exploraciones, excediéndose de la autorización dada por Colón.

El 4 de enero de 1493 decidió Colón regresar a España asumiendo el mando de “La Niña” y dejando en la Española en el fuerte Navidad una guarnición de 39 hombres al mando de Rodrigo Escobedo, entre los cuales había un escribiente, un alguacil, un arcabucero, 2 constructores de buques, un tonelero, un sastre y un médico, pero no se menciona ningún sacerdote. La misión de la guarnición era la de descubrir un sitio para fundar una ciudad, descubrir también las minas de oro de las que tanto se hablaba y asegurar la soberanía de los nuevos territorios.

El 6 de enero se le unió “La Pinta” y Colón amonestó a Martín Alonso Pinzón. El 16 de enero dejan las costas de la Española y se internan mar adentro. El 12 de febrero una fuerte tempestad casi los hace zozobrar y el 18 de febrero arribaron a las islas Azores, donde los portugueses sometieron a un arresto de cinco días a los tripulantes que desembarcaron. El 23 de febrero de 1493 reanudaron el viaje y fuertes tempestades separaron a las dos naves, siendo arrastrada “La Pinta” por los vientos a las costas de Vizcaya al Norte de España, mientras que “La Niña” tuvo que refugiarse en la desembocadura del río Tajo en donde, entonces se encontraba Lisboa, la capital de ese reino, donde su majestad Juan II le brindó un buen recibimiento y  facilidades para continuar el viaje, en forma tal que el 15 de marzo de 1493 volvía Colón a ingresar a Puerto de Palos, después de 6 meses y 18 días de haber salido. Un poco después ingresaba al mismo puerto “La Pinta” con Martín Alonso Pinzón, gravemente enfermo a causa de un accidente sufrido durante las borrascas del 12 de Febrero.

Colón se dirigió a Barcelona donde estaban los Reyes Católicos, y el recibimiento que se le dio fue comparado al que daba Roma Imperial a los césares que retornaban victoriosos. Tras el largo y emotivo relato de Colón, aseguraba que había llegado a Cipango, y mostraba a los asombrados nobles  las pruebas de su viaje: los indios, el oro recogido y gran variedad de animales y vegetales desconocidos en Europa. Se entonó un solemne Te Deum y se le otorgó un escudo nobiliario cuya divisa era “Por Castilla y por León Nuevo Mundo halló Colón” y se le confirmaron los honores y mercedes para él y para sus descendientes.

COLON FRENTE A AMÉRICA

 

¡TIERRA TIERRA !

 

En la noche del 11 de octubre Colón estaba pues al día siguiente debía retornar a España, si no avistaban tierra. El creía ver luces lejanas, pero temió decirlo. Repentinamente, sus pensamientos fueron fotos, cuando desde "La Pinta”, el vigía  Rodrigo de Triana gritó “Tierra, Tierra” y luego se disparó un cañonazo. Así se saludaba el ingreso de la virginal América al concierto de naciones.

 Era la madrugada del 12 de octubre y repentinamente, todo fueron  gritos de alegría en las tres naves. La luz del nuevo día encontró a Colón sobre cubierta hurgando el horizonte con una larga vista. Así pudo ver que a los lejos. Se podía ver al principio un poco nebulosas y después muy claras, las playas cubiertas de cocoteros.

RODRIGO DE TRIANA

 

El vigía Rodrigo de Triana tripulante de la carabela La Pinta, fue el primero que avistó las costas de América a las 2.00 de la madrugada, gritando ¡tierra, tierra!. Se asegura que era judío y Colón le arrebató el premio que le correspondía.

El capitán del barco Martin Alonso Pinzón hizo disparar un cañonazo con lo cual las demás carabelas quedaron avisadas de que habían descubierto tierra. 

 

 

COLON DESEMBARCA EN GUANAHANÍ

 

DESEMBARCO DE COLÓN

 

  Al llegar Colón a las playas de la  isla de Guanahaní, se puso de rodillas y agradeció a Dios por haberlos conducido a buen término,  a lo que creía eran las Indias Orientales.

 Mientras tanto un buen número de naturales entre temerosos, curiosos e intrigados, se  fueron  llegando poco   a poco, con regalos como cocoteros, agua y otros frutos. Así fue el encuentro de dos mundos y de dos culturas.

 

TOMA DE POSESIÓN EN NOMBRE DE LOS REYES

 

El grabado lo muestra sosteniendo el pabellón de Castilla y con la espada desenvainada tomando posesión de las nuevas tierras en nombre de los Reyes Católicos. 

 

COLON EN LAS PLAYAS DEL NUEVO CONTINENTE

 

Otra escena del desembarco de Colón, momentos en que pisa las nuevas tierras.

 

 

LOS HERMANOS PINZÓN EN EL DESEMBARCO

Otro aspecto del desembarco de Colón, rodeado de los hermanos Pinzón.

 

LOS ISLEÑOS RECIBEN A COLON

Tan pronto Colón  desembarcó acudieron los isleños que consideraban a los recién llegados como semi dioses y se postraron ante él, llevándole regalos.

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