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CAPÍTULO I
El Descubrimiento de América
01.-
Termina la historia media.
02.- El mundo a fines del siglo XV
03.- Idea de la esfericidad de la
tierra.
04.- Los vikingos llegan al nuevo continente.
05.- Cristóbal Colón.
06.- El peregrinaje de un visionario.
07.- Los Pinzón y las carabelas.
08.- El 12 de octubre de 1492.
09.- Nuevos viajes.
10.- El nombre de América.
11.- El tratado de Tordesillas.
12.- Los judíos en la expedición.
13.- Los ingleses pudieron descubrir América.
14.- Colón y el descubrimiento en debate en 1992.
08.- El 12 de Octubre de 1492
Un poco antes de la salida del sol, del viernes 03 de
agosto de 1492, partían del Puerto de Palos las tres carabelas y se
ubicaban frente a la pequeña isla de Saltes, para luego zarpar a las
8 de la mañana, mar adentro rumbo a las Canarias a donde llegaron el
día 8 de agosto y perdieron todo un mes para reparar la avería que
se había producido en “La Pinta”. Si no hubiera sido por este hecho;
el descubrimiento de América bien pudo producirse el 12 de
septiembre.
El 8 de septiembre es cuando en realidad se inicia el
viaje hacia lo desconocido. Se tuvo que sortear a una escuadra
armada de tres carabelas portuguesas que se aseguraban tenían la
misión de impedir el viaje de Colón en base al tratado firmado entre
Portugal y España.
Colón creía que navegando directamente de las
Canarias hacia el oeste a los pocos días iba a encontrar el pueblo
asiático de Quinsay al que se refería Marco Polo en el relato de sus
viajes. De igual modo y según los mapas de Toscanelli, la isla de
Cipango no podía estar muy lejos y luego había que navegar hacia el
sur para encontrar a la India, Ceilán y Java.
Pese a todo Colón tenían sus dudas, y por tal motivo
abrió dos libros desde la salida de las Canarias, uno con la
información correcta sobre las distancias recorridas y otro donde
aparecían cifras menores, para mostrar a la tripulación
Esta estratagema sin duda pudo engañar a los
marineros, pero tanto los hermanos Pinzón como Juan de la Cosa se
percataron del asunto, y Colón se vio precisado a indicarles los
motivos, que ellos aceptaron.
El 13 de septiembre ya habían navegado 200 leguas
cuando Colón notó la declinación de la aguja magnética hacia el
nor-este y 24 horas más tarde cuando amanecía la aguja varió hacia
el nor-oeste, preocupándose al almirante pues no tenía ninguna
explicación para ese fenómeno. Colón ignoraba que la brújula
señalaba el norte magnético y no el norte geográfico.
El 17 de septiembre la tripulación se enteró de tal
fenómeno y se atemorizó, presentándose el primer reclamo ante Colón,
que logra dar algunas explicaciones que aunque poco convincentes,
calman por el momento los ánimos agitados.
Colón tuvo así el mérito de haber descubierto una
línea magnética sin declinación y haber propagado en Europa el
estudio del magnetismo terrestre.
Como fruto de su inquietud y también de su
inseguridad, ya que se trataba de aprovechar cualquier indicador, el
almirante cambiaba constantemente de rumbo. La presencia de algas
flotantes lo alentaban, pero los días seguían y la tripulación se
alarmaba, hasta que el día 25 de septiembre cuando estaban a 600
lenguas de las Canarias, la tripulación se amotinó y se insolentó
con el almirante, el cual tuvo que mostrar gran tolerancia. Días más
tarde aparecieron bandadas de aves marinas lo que alentó tanto al
almirante como a los marinos y entonces las naves pusieron proa
hacia la dirección que seguían las aves. Pero como la situación
seguía igual, los marineros se alborotaron y exigieron
terminantemente volver a España, amenazando con matar a Colón y a
los hermanos Pinzón que hacían causa común con el almirante. Los
marineros no sabían que estaban a 1.000 leguas distantes de España
porque se habrían espantado. Era entonces el 10 de octubre y Colón
pidió tres días más de plazo. Tenía una gran esperanza de encontrar
tierra pronto, porque había visto flotar troncos de árboles sobre
el mar.
El día 11 por la noche, Colón que había estado
pasando muchas noches insomnes por las preocupaciones, oteaba la
negrura del océano con otros dos marineros, cuando creyó ver como
unas lejanas luces que se movían. Entre la esperanza y el temor,
prefirió sin embargo guardar el secreto. ¿Acaso en lo más profundo
del alma del templado marino, un rezago de las supersticiones del
siglo no le hacían temer los relatos de abismos infernales al
término del océano?
La reina Isabel había prometido una recompensa a
quien viera y anunciara por primera vez, tierra. A las dos de la
madrugada del 12 de octubre, el vigía de “La Pinta” que iba a la
vanguardia de la flotilla, grita ¡Tierra, Tierra! y luego Martín
Alonso Pinzón hace disparar un cañonazo, “La Pinta” se detiene y la
“Santa María” le da alcance. Toda la tripulación se ha levantado, y
es prácticamente un loquerío. Se oyen hurras por todas partes. Los
hombres que horas antes estaban sumidos en la desesperación, están
ahora llenos de euforia.
¡Tierra, tierra! y el cañonazo de salva, es el
saludo que la vieja Europa da a la virginal América y para bien o
para mal de la humanidad, se inicia en el mundo una nueva era.
En “La Pinta” el interventor Rodrigo Sánchez había
creído ver el amanecer del día 12 unas luces que se movían en medio
de la total oscuridad de la noche. Esto lo comunicó a otros y fueron
entonces muchos los ojos que trataban de penetrar en la oscuridad
total, hasta que el vigía Rodrigo, natural de Triana, dio el grito
que conmovió a todos y que a él lo inmortalizó. Es entonces cuando
se pone de manifiesto la codicia y la mezquindad de Colón, cuando
posteriormente alegó que había sido él y no Rodrigo de Triana el que
vio por primera vez tierra y que por lo tanto le correspondía el
premio de 10.000 maravedíes de pensión ofrecidos por la reina
Isabel, al primero que descubriera tierra.
Ruindades y bajezas humanas, de las que por desgracia
no están libres ni siquiera los grandes hombres. La historia ha
juzgado muy duramente esa acción de Colón y ha contribuido en mucho
a desdibujar su imagen para la posteridad.
Pero la gloria de Colón radicaba en haber llegado a
las nuevas tierras, venciendo todos los contratiempos, a la
adversidad y al infortunio.
Las tres naves se juntaron, y la tripulación cantó el
Salve Regina. Nadie durmió el resto de la noche pues se esperaba con
ansia las primeras luces del alba. Por la borda, cientos de ojos
ávidos miraban hacia donde se suponía que estaba la tierra, y en
efecto, al principio en forma un tanto nebulosa y poco a poco con
más nitidez, se fue definiendo el contorno de la playa con gran
cantidad de cocoteros a sólo dos leguas de distancia.
Se había arribado a la isla que los indígenas
llamaban Guanahaní, y que ahora es parte integrante del archipiélago
de las Bahamas o Lucayas.
Colón le cambió el nombre a la isla por el de San
Salvador, pero los españoles años más tarde trasladaron a todos los
indios a la isla de la Española (Santo Domingo) en forma tal que en
1508, es decir dos años después de la muerte de Colón, la isla de
San Salvador se encontraba totalmente deshabitada y hasta se
olvidaron de ella. Fue sólo en el año de 1667 en que el marino
inglés William Sayle se refugió en la isla acosado por una
tempestad, y al desembarcar la encontró sin un solo ser humano. Lo
mismo con las otras islas vecinas, por cuyo motivo los ingleses se
posesionaron de ellas dándole al conjunto insular el nombre de
Bahamas. El año 1783 por el tratado de Versalles, Inglaterra se
adueña definitivamente del archipiélago.
Por mucho tiempo los ingleses creyeron que fue la
isla de los Gatos en donde había desembarcado Colón, pero se ha
precisado que la indígena Guanahaní, y luego españolizada San
Salvador, es ahora la llamada isla Watling, que tiene 12 millas de
largo por un promedio de 6 millas de ancho. Como las demás islas
cercanas, su territorio es de formación coralina. El suelo es
llano y la loma más alta no pasa de 47 m. de altura. Tiene gran
cantidad de lagunas y se encuentra poblada por un poco más de un
millar de isleños que se dedican preferentemente a la cría de
ganado ovino.
Hay que imaginar por el lado de los indios en 1492 el
temor de ver también luces en el mar que se movían y luego el
estampido del cañonazo de “La Pinta”. No menor habrá sido su
espanto al ver desembarcar a seres tan extraños al amanecer desde
ese entonces famoso día; pero la curiosidad humana pudo más y por
ese motivo con un gran sentido de la política, y por si acaso
tuvieran que vérselas con seres semi-divinos, acudieron a la playa
un tanto timoratos llevando presentes, como panes hechos con yuca,
frutos y agua fresca.
Se debe suponer que al desembarcar, se celebró una
misa de acción de gracias, aun cuando, muchos aseguran que fray
Bartolomé de las Casas no estuvo presente en ese primer viaje y
hasta se asegura de que ningún religioso iba en la expedición lo
cual era inconcebible en soberanos tan fanáticamente católicos como
los reyes de España y como también lo era Colón, ya que fue
imposible que en días domingos no se oficiaran misas para la
tripulación.
Colón tomó posesión de la nueva tierra en nombre de
sus majestades y levantó acta, pero el mismo día se reembarcó y no
volvió a pisar la isla. De esa forma Guanahaní sólo fue un acto
episódico en esa epopeya que fue el descubrimiento de América.
Pero, no sólo se había descubierto el Nuevo Mundo,
sino que se iniciaba también la opresión y el abuso. Queriendo
Colón, llevar ante los reyes una prueba viviente de sus
descubrimientos, en forma inhumana se apoderó de varios indígenas y
desarraigándolos de sus familias, los embarcó a la fuerza. Muchos de
ellos murieron antes de llegar a España y otros una vez cumplido el
objetivo, fueron vendidos como esclavos en la península, todo eso
sin que en el corazón del gran marino hubiera el más mínimo
remordimiento.
Colón contorneó la isla de San Salvador y se dio
cuenta que era pequeña. Luego se aventuró nuevamente a la mar, y
llegó a otra isla que llamó “Santa María de la Concepción” llamada
hoy Cayo Ron desembarcando en ella el 16 de Octubre. Luego siguió a
la isla que llamó “Fernandina” hoy isla La Larga en donde los
indígenas tenían viviendas bien construidas, estaban mejor vestidos
y poseían campos de cultivo, pero no existían las riquezas que tanto
ambicionaban como podían ser minas de oro. Los indios hicieron
conocer a Colón que un poco más al sur había una gran isla que
llamaban Somoeto y en donde sí había oro. En la ruta encontraron una
isla a la que llamaron “Isabel” y que ahora se conoce como isla
Acklin y al proseguir llegaron por fin el 27 de octubre a una gran
isla que los propios indígenas conocían como Cubá que llamó “Isla
Juana”, en homenaje a la hija de la Reina, creyendo el gran
almirante que era una isla del reino de Cipango. Navegó en torno a
ella y el 6 de diciembre descubrió la isla de Haití a la que llamó
“La Española” y que hoy se denomina Santo Domingo. En este lugar el
curaca les hizo un buen recibimiento.
En la noche del 25 de diciembre “La Santa María” nave
del almirante encalló y se perdió. El cacique Guacanagari de “La
Española” ayudó con su gente a que se salvase todo el fardalaje y
contenido de las bodegas y con los restos del navío construyeron el
Fuerte Navidad. La tripulación de “La Niña” que estaba próxima con
Vicente Yánez Pinzón también prestó invalorable apoyo, en cambio “La
Pinta” con Martín Alonso se encontraba haciendo exploraciones,
excediéndose de la autorización dada por Colón.
El 4 de enero de 1493 decidió Colón regresar a España
asumiendo el mando de “La Niña” y dejando en la Española en el
fuerte Navidad una guarnición de 39 hombres al mando de Rodrigo
Escobedo, entre los cuales había un escribiente, un alguacil, un
arcabucero, 2 constructores de buques, un tonelero, un sastre y un
médico, pero no se menciona ningún sacerdote. La misión de la
guarnición era la de descubrir un sitio para fundar una ciudad,
descubrir también las minas de oro de las que tanto se hablaba y
asegurar la soberanía de los nuevos territorios.
El 6 de enero se le unió “La Pinta” y Colón amonestó
a Martín Alonso Pinzón. El 16 de enero dejan las costas de la
Española y se internan mar adentro. El 12 de febrero una fuerte
tempestad casi los hace zozobrar y el 18 de febrero arribaron a las
islas Azores, donde los portugueses sometieron a un arresto de cinco
días a los tripulantes que desembarcaron. El 23 de febrero de 1493
reanudaron el viaje y fuertes tempestades separaron a las dos naves,
siendo arrastrada “La Pinta” por los vientos a las costas de Vizcaya
al Norte de España, mientras que “La Niña” tuvo que refugiarse en la
desembocadura del río Tajo en donde, entonces se encontraba Lisboa,
la capital de ese reino, donde su majestad Juan II le brindó un buen
recibimiento y facilidades para continuar el viaje, en forma tal
que el 15 de marzo de 1493 volvía Colón a ingresar a Puerto de
Palos, después de 6 meses y 18 días de haber salido. Un poco después
ingresaba al mismo puerto “La Pinta” con Martín Alonso Pinzón,
gravemente enfermo a causa de un accidente sufrido durante las
borrascas del 12 de Febrero.
Colón se dirigió a Barcelona donde estaban los Reyes
Católicos, y el recibimiento que se le dio fue comparado al que daba
Roma Imperial a los césares que retornaban victoriosos. Tras el
largo y emotivo relato de Colón, aseguraba que había llegado a
Cipango, y mostraba a los asombrados nobles las pruebas de su
viaje: los indios, el oro recogido y gran variedad de animales y
vegetales desconocidos en Europa. Se entonó un solemne Te Deum y se
le otorgó un escudo nobiliario cuya divisa era “Por Castilla y por
León Nuevo Mundo halló Colón” y se le confirmaron los honores y
mercedes para él y para sus descendientes. |