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CAPÍTULO IX
El Zarpazo
01.-
Los embajadores de Pizarro y de Atahualpa.
02.-
El paso de los Andes
y
la captura de Atahualpa
03.-
El rey autoriza la conquista hasta Chincha.
04.-
La llegada de Almagro.
05.-
El primer español ajusticiado.
06.-
Almagro parte a Cajamarca.
07.-
El fabuloso botín.
08.- ¿A cuanto ascendía el monto del rescate?
09.-
¿Era Piura el nombre de la región?
10.-
La deserción el piloto Juan Fernández.
11.-
Los españoles pasan por San Miguel cargados de tesoros.
12.-
Rumores de rebelión.
13.-
La muerte de Atahualpa.
14.-
San Miguel convertido en centro comercial.
15.-
Rumiñahui se apodera de Quito.
16.-
Las presiones del cabildo de
San Miguel.
17.-
Atahualpa
18.-
Contratos en tiempos de Almagro.
19.-
Acta de reparto
12.-
RUMORES DE REBELION
En
Cajamarca circulaban rumores sobre una rebelión de indios en le
norte de esa ciudad y se aseguraba que igualmente en el
sur se
preparaba una rebelión de grandes proporciones, para atacar en masa
el campamento de los españoles, prenderle fuego y rescatar al Inca.
En
parte eso era cierto porque Rumiñahui había salvado del desastre de
Cajamarca parte de sus fuerzas y se encontraba al norte de las
misma, según se decía obedeciendo ordenes del Inca prisionero.
También habían fuertes contingentes de indios al mando del Príncipe
Tito Austachi, el hermano de Atahualpa que durante la marcha de los
españoles, se había presentado como embajador de Atahualpa.
No
se sabe porque motivo, pero posiblemente desalentado Rumiñahui ante
el poderío que había demostrado Pizarro y considerando que en cambio
Atahualpa, ya no era un factor decisivo en los acontecimientos, es
que optó por obrar por cuenta propia y en su provecho dando paso a
ambiciones, que hasta el momento no había hecho conocer. Procedió
entonces a replegar sus fuerzas sobre el reino de Quito dejando
desamparado al Inca prisionero. Aparentemente, cuando menos, lo
hacía obedeciendo órdenes de Atahualpa o respondiendo al interés del
Inca.
Felipillo el intérprete tallán, puso especial empeño en mantener la
inquietud entre los españoles y predisponer a Atahualpa contra
ellos.
Felipillo se había enamorado de una de las concubinas preferidas
del Inca y eso en el Imperio era penado con la muerte. En otras
circunstancias jamás hubiera osado el indio tallán poner sus ojos en
una mujer tan encumbrada. Atahualpa había llegado a saber, ese casi
sacrilegio para las leyes y usos indios, y bien sabia Felipillo que
aun estando prisionero el Inca, podía mediante una simple orden
hacer que lo descuartizaran.
Atahualpa que sentía desde antes odio y desprecio por los tallanes,
se llenó de indignación pues se sentía vejado y afrentado en su
orgullo y seguramente estaba esperando oportunidad propicia para
tomar feroz venganza. El Inca llegó a manifestar a Hernando de Soto
del que se había hecho amigo, que ni la prisión lo había afectado
tanto, como la afrenta que le había inferido el perro tallán al
tomar como mujer a la Inti Palla.
Los soldados de Almagro y éste mismo, que en cambio no
guardaban ninguna simpatía por Atahualpa, deseaban que Pizarro se
deshiciera cuando antes del prisionero, que lo consideraban ya de
poco utilidad, y más bien había inmovilizado a Pizarro en Cajamarca,
constituyendo un estorbo en la marcha al Cuzco que deseaban
emprender cuanto antes, porque se contaban maravillas de la capital
de Imperio.
Pero
en el campamento de Pizarro había gran temor. Las guardias se
redoblaban y durante varias noches no habían dormido los españoles
pues se mantenían listos para repeler un ataque por sorpresa.
La
llegada a Cajamarca de un soldado vizcaíno, Pedro Anades creó mayor
tensión, pues aseguró que habían muchos rumores en el
norte sobre
las actividades de Rumiñahui y se temía en San Miguel que en
cualquier momento, pudiera caer sobre la ciudad, destruirla y cortar
la retirada a los españoles, que quedarían en Cajamarca como en una
ratonera.
Otros rumores decían que en al localidad de Caxas, ubicada al sur
de Cajamarca se estaba concentrando grandes efectivos.¿ Qué Caxas
era esa?
El
Inca sintió mucho la partida de Hernando Pizarro, pues el díscolo y
engreído español habíase hecho muy amigo del cautivo, al igual que
Hernando de Soto. Pensó el depuesto monarca que su vida corría gran
riesgo, no obstante las muestras de amistad y de comprensión que
encontró en otro numeroso grupo de españoles como Blas de Atienza,
el primer Alcalde de San Miguel, Rodrigo de Ordóñez, Francisco de
Chávez y otros capitanes.
Cuando Atienza tuvo que retornar a San Miguel, en circulo de los
amigos del Inca disminuyó.
Pizarro buscó deshacerse de Soto y lo envió a Caxas para que se
cerciorase de la verdad de los rumores de concentración de tropas
indias. Le asignaron para acompañarlo a Rodrigo Ordóñez, Pedro
Ortiz, Miguel Beteta y López Vélez; lo que aprovechó rápidamente
Pizarro y los contrarios al Inca como Almagro, Riquelme y el
dominico Valverde, para montarle un juicio sumario que lo condenó a
muerte y ejecutar de inmediato la sentencia. |