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CAPÍTULO IX
El Zarpazo
01.-
Los embajadores de Pizarro y de Atahualpa.
02.-
El paso de los Andes
y
la captura de Atahualpa
03.-
El rey
autoriza la conquista hasta Chincha
04.-
La llegada de Almagro.
05.-
El primer español ajusticiado.
06.-
Almagro parte a Cajamarca.
07.-
El fabuloso botín.
08.- ¿A cuanto ascendía el monto del rescate?
09.-
¿Era Piura el nombre de la región?
10.-
La deserción el piloto Juan Fernández.
11.-
Los españoles pasan por San Miguel cargados de tesoros.
12.-
Rumores de rebelión.
13.-
La muerte de Atahualpa.
14.-
San Miguel convertido en centro comercial
Marcha al Cuzco.
15.-
Rumiñahui se apodera de Quito.
16.-
Las presiones del cabildo de san Miguel.
17.-
Atahualpa
18.-
Contratos en tiempos de Almagro.
19.-
Acta de reparto
02.-
El paso de los Andes
y
la captura de Atahualpa
Pizarro siguió hacia Nancho, próxima a la actual Chongoyape y
bordeando Chancay, llegó a Santa Cruz en donde acampó. El ascenso
había sido muy penoso y la gente estaba fatigada. De haberlo
querido, Atahualpa pudo haberlos destruido en muchos de los pasos o
desfiladeros. Jugaba a lo que ahora llamamos el gato con el ratón.
Los expedicionarios prosiguieron su marcha y el 15 de noviembre 1532
desde las alturas de la cordillera vieron que abajo, en un valle
estaba Cajamarca. De inmediato dispuso Pizarro que un grupo de 25
hombres de caballería al mando de Hernando de Soto fuera a presentar
su saludo al Inca y que otro piquete igual, al mando de su hermano
Hernando, estuviera de reserva.
Cuando Atahualpa conoció que Soto era sólo un
capitán de Pizarro,
se negó a salir de su tienda y le contestó por medio de terceras
personas. Muy lejos estaba de imaginar que el caballeroso Soto iba a
ser más tarde su principal defensor. Acudió entonces Hernando
Pizarro, y al saber el Inca que llegaba el hermano del
jefe
ccristiano, cambió de parecer y salió. Seguramente en la mente de
Atahualpa lo equiparaba a un príncipe.
El
Inca se quejó que los españoles hubieran matado en el valle del
Chira a su aliado el curaca de Amotape, pero cambiando de humor les
invitó chicha en vasos de oro. Soto hizo caracolear y pifiar a su
caballo a poca distancia del Inca lo que llenó de espanto a varios
indios de su séquito, no así al Inca que contempló impasible la
escena a pesar de que la baba espumosa del animal salpicó sus
vestiduras. Al retirarse los españoles, mandó a dar muerte a los
asustadizos, por haber demostrado cobardía ante extraños.
Atahualpa estaba rodeado de gran pompa y tenía a su lado al Señor
de Nazca, pero el grueso de su guardia se encontraba en las afueras
de Cajamarca en las proximidades de Cunoc, al mando de Rumiñahui que
había retornado.
La
vanguardia del
ejército que se movía con el Inca, seguía en
Huamachuco, y estaba retornando cuando se conoció la derrota de
Huáscar, de tal modo que a Cajamarca estaban confluyendo las fuerzas
militares de Atahualpa.
Soto
y Hernando Pizarro fueron del criterio de que el Inca tenía malas
intenciones para con los españoles y esto lo hicieron conocer a
Pizarro, por lo cual éste decidió adelantarse a cualquier sorpresa y
golpe, para desbaratar los planes del Inca.
Al
caer la tarde del 16 de noviembre, de 1532 se produjo la asonada de
Cajamarca y la prisión de Atahualpa tras la masacre de Indios, sobre
lo cual algunos parecen haber exagerado bastante.
Rumiñahui que había quedado, por disposición del Inca, en las
afueras de Cajamarca con grandes fuerzas militares, no tuvo
oportunidad de intervenir y luego fue ya demasiado tarde, por lo
cual optó por no actuar. Cuando después de las primeras y confusas
informaciones el jefe indio conoció la entera verdad y que el Inca
estaba prisionero de los extraños, se dio cuenta del poder de estos.
Así, en pocos días el triunfador y orgulloso usurpador, veía en
forma repentina y total derrumbarse todo su poder, más rápidamente
de lo que se había necesitado para vencer a Huáscar.
Los
soldados de la guardia, que estaban al mando de Rumiñahui y que en
realidad eran una tropa de élite, se dejaron ganar por el pánico y
la deserción redujo sus efectivos. Todo el tremendo poder militar de
Atahualpa se derrumbaba en sólo doce horas.
El famoso Rumiñahui que tantas victorias había logrado
sobre los ejércitos de Huáscar, resolvió también abandonar a su amo
y señor y huyó al norte con las pocas fuerzas que le quedaban. Iba
rumbo al Reino de Quito y por el camino iba madurando la traición;
se proclamaría Señor de Quito, y lucharía contra los españoles,
jurando que no caería tan cobardemente como Atahualpa. Cumplió su
juramento y murió en su ley.
Versión muy generalizada es que Felipillo el indio tallán fue el
intérprete en el diálogo que se suscitó entre el Padre Valverde y
Atahualpa en la plaza de Cajamarca antes de la captura.
El
historiador J.J. Vega afirma que se ha llegado a establecer que en
realidad fue Martinillo de Poechos el que actuó de intérprete. Don
Raúl Porras Barrenechea dice que los intérpretes en esa ocasión
fueron Martinillo y Francisquillo. Sea lo uno o lo otro, parece que
por seguridad Pizarro disponía de ambos para evitar engaños, lo que
a la postre no pudo impedir. También el soldado Hernando de Aldana
logró aprender un poco de quechua y servir al interés de los
españoles. En eso están de acuerdo varios cronistas como Cieza de
León, Pedro Pizarro y Diego Trujillo. En el reparto figura Hernando
de Aldana como soldado de Infantería con 181 marcos de plata y 4,440
pesos de oro.
La inteligencia de los intérpretes indios, se pone de manifiesto en
el hecho de haberse convertido en políglotas, pues dominaban, la
lengua tallán que era la propia, el castellano y el quechua con sus
diversas variantes.
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