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CAPITULO XII
La Guerra Civil llega a Piura
01.-
Pizarro visita San
Miguel.
02.-
La rebelión peruana.
03.-
La rebelión de Cosme Chinguel.
04.-
La muerte de Almagro.
05.-
El escudo de la ciudad de San Miguel.
06.-
La misión de Lorenzo de Aldana.
07.-
Dudas sobre el escudo de Piura.
08.-
El Dr. Garrido Lecca halla al verdadero escudo.
09.-
La fundación de Guayaquil.
10.-
La leyenda de El Dorado.
11.-
Descubrimiento del Amazonas.
12.-
Asesinato de
Pizarro
13.-
Arribo de Vaca de Castro.
14.-
Los piuranos y Vaca de Castro.
15.-
La rebelión de Almagro el Mozo.
16.-
Ahorcan a pizarristas en Piura.
17.-
Los hijos de Pizarro en Piura.
18.-
Vaca de Castro llega a Piura.
19.-
Castigan a almagristas piuranos.
20.-
El auge de Paita.
21.-
Arrieros y piaras.
22.-
Las
principales familias en los primeros 50 años
05.-
El escudo de la ciudad de San Miguel
Mientras los españoles se mataban en el sur, San Miguel de Piura
vegetaba en su nueva ubicación.
Francisco Pizarro había enviado a España al capitán Pedro Anzures de
Camporredondo para informar del levantamiento general de los indios
y para formularle al rey varios pedidos. Se cuidó mucho el
conquistador de no informar al Monarca que habían sido sus hermanos
los causantes de la rebelión.
Este viaje se organizaba posiblemente a poco de haber estallado la
rebelión y pudo ser a mediados de 1536. En esos momentos Almagro se
encontraba en Chile y Francisco Pizarro quiso aprovechar la
oportunidad, solicitando al rey el otorgamiento de una cédula real,
por la cual ordenaba que al ser recibida, cada contendor, debía
quedarse en el lugar en donde estaba en esos momentos. Eso hubiera
significado confinar a Almagro en Chile. También pedía Pizarro que
se revocase la autorización que se le había dado y que lo facultaba
para nombrar gobernador de Nueva Castilla a Almagro a falta suya; y
en su lugar tal facultad sólo podía ser en favor de algunos de sus
hermanos Hernando o Juan. O sea que Pizarro trataba de asegurar que
la extensa Gobernación, fuera algo hereditario.
Pero sucedió, que Juan murió en el sitio del Cuzco y Almagro aceleró
su regreso, porque supo en Chile de la rebelión general, y cuando
llegó Anzures a Piura, ya Almagro se encontraba en plena campaña
contra los Pizarro y ocupando Abancay. No convino entonces a
Pizarro, presentar a don Diego, la Cédula Real de su nombramiento.
En la comitiva de Anzures de Camporredondo iba también Hernando de
Cevallos un capitán que había llegado con Alvarado al Perú. El viaje
de Lima a San Miguel se hizo por tierra y en Paita tomaron el navío
que los llevó a Panamá. La comitiva llevaba el pedido de Pizarro
para que el rey le otorgase escudo de nobleza y también a las
ciudades de Lima, Trujillo, San Miguel y Quito.
La comitiva hizo un alto en San Miguel. No se sabe o no se puede
precisar si fue en San Miguel de Tangarará o en San Miguel de Piura,
aun que a ésta última le decían en esa época, Piura a secas o Pirhúa,
precisamente para diferenciarla del otro asiento. Pero en apoyo de
la tesis de que el traslado fue un tanto largo, bien pudo ser que la
comitiva llegó a San Miguel de Tangarará y serían entonces los
vecinos que aún quedaban, los que encargaron a Cevallos pusiera
mucho empeño en la gestión para lograr el escudo. Cevallos actuó por
lo tanto como procurador de los vecinos de San Miguel de Tangarará;
y cumplió y cuando en 1538 retornó al Perú, trajo al escudo, cuya
cédula real fue dada a conocer en las primeras décadas del siglo
pasado por el regidor Luis Clark, de la municipalidad de Piura.. El
texto de la cédula real es el siguiente:
Don Carlos..... Por quanto, Hernando de Cevallos en nombre de los
vezinos e moradores de la cibdad de San Miguel, que es en la
provincia de la Nueva Castilla, llamada Perú nos ha hecho relación
de que ellos se han hallado en la Conquista de la dicha provincia,
donde nos han servido en todas las guerras que se han ofrecido y han
pasado en ellas muchos peligros y trabajos, y que con deseo de
continuar a nuestro servicio han hecho y poblado la dicha cibdad de
San Miguel, donde al presente biben y moran, y muchos dellos tienen
sus mugeres y casas de asyento, e nos havemos mandado nombrar y
nombramos algunos de los vezinos de los oficios y regimientos della,
e mendado llamar a intitular Cibdad de San Miguel, e nos suplicó, y
pidió por merced que acatando lo que dichos vezinos nos han servido
en la conquista de la dicha provincia e nos syrven en la población
dicha mandásenos dar armas a la dicha cibdad, segun e como la tienen
las otras cibdades des tos nuestros reynos o como la nuestra merced
fuese e nos, acatando lo susodicho tuvimosló por bien o por la
presente hazemos merced e queremos e mandamos a que agora e de aquí
adelante, la dicha cibdad de San Miguel, aya e tenga por sus armas
conocídas, un escudo dentro del qual en el alto de unas nubes, cuyos
rayos de fuego, que tengan un peso con sus valancas todo de oro, y
entremedias del dicho peso un castillo de oro con sus puertas y
ventanas de azul e dos letras de oro que dize San Miguel, todo del
dicho escudo en campo azul y una orla con una corona de rey en lo
alto de la dicha orla y en los lados dos cruzes con dos vanderas
rebueltas a unas varas de lancas con un yerro de oro en cada una
hasta de lanca e las vanderas de color plata o blancas, con unos
cruzes coloradas en ellas en campo colorado, segúnd que asy van
figuradas e puntadas, las quales dichas armas damos a la dicha
cibdad de San Miguel, por sus armas conocidas e señaladas para que
las puedan traer e poner e traygana e pongan en sus pendones,
sellos, escudos e vanderas e en las otras partes e lugares que
quisiere e por bien tuviere según e como e de la forma e manera que
la ponen e traen las otras cibdades de nuestros reynos a quien
tenemos dadas armas, e por nuestra carta o por su traslado signado
de escrivano público encargamos al Ilustrísimo príncipe don Felipe,
nuestro muy claro e muy amado nieto e hijo, e a los ynfantes
nuestros muy claros hijos y hermanos, e a los prelados, duques,
marqueses, condes, ricos hombres, maestros de las hordenes, priores,
comendadores e subcomendadores, alcaydes de los castillos e casas
fuertes e llanas e a los de nuestro consejo, alcaldes, alguaciles de
las nuestra casa e corte e chancillerias, e a todos los
corregidores, alcaldes, alguaciles, merinos, prebostes, veynte e
quatro, regidores, caballeros, escuderos, oficiales e omes buenos de
todas las cibdades, villas e lugares de estos nuestros reynos e
señoríos e de las dichas Yndias, yslas e tierra firme del mar
océano, así a los que agora son como a los que serán de aquí
adelante e a cada uno e qualquier dellos en sus lugares e
juresdiciones que vos guarden e cumplan e hagan guardar y cumplirla
dicha merced que asy vos hazemos de las dichas armas, que las ayan e
tengan por sus armas conocidas e se las deseen como tales poner e
traer e que en ello ni en parte dello enbargo ni contrario alguno,
vos non pongan ni consientan poner en tiempo alguno ni por alguna
manera so pena de la nuestra merced e de diez mil maravedis para la
nuestra cámara a cada uno que lo contrario hiziere e demás mandamos
al homen que les esta dicha nuestra carta o el dicho su traslado
synado como dicho es mostrare, que los enplaze de que parezcan al
menos en la nuestra corte doquier que nos seamos del día que os
emplazare hasta quinze días primeros siguientes so la dicha pena, so
la cual mandamos a qualquier escrivano público que para esto fuere
llamado que dende al que vos mostrare testimonio synado con su sygno
porque nos sepamos como se cumple nuestro mandado. Dado en la villa
de Valladolid, a syete días del mes de diciembre de mil quinientos e
treynta syete años. Yo el Rey
Refrendada de Juan Vásquez firmado del doctor Beltran, Carvajal,
Bernal y Licenciado Gutierre Velásquez Bernal Darias.
El consejo de Indias, dio la provisión siguiente.
La Provisión dice:
“En este día se espachó un privilegio de armas para la ciudad de San
Miguel, en que hay un escudo, dentro del cual en lo alto del, una
nube con rayos de fuego que entre medias nubes salgan unas alas de
angel de oro dellas salga una mano de carne que tenga un peso en sus
balanzas todo de oro y entre medias de dicho peso, un castillo de
oro con sus puertas y ventanas de azul, y dos letras se oro que
dicen San Miguel. Todo el dicho escudo en campo azul y una orla con
una corona y en los lados dos cruces con dos banderas revueltas a
una vara de lanzas con un hierro de oro y en cada una asta de lanzas
y las banderas de color de plata o blancas con unas cruces coloradas
en ellas en campo colorado. Firmado y refrendado de los dichos.
Valladolid 7 de Diciembre de 1537“
En la provisión se agregan entre las nubes unas alas de ángel y unas
manos de carne, que no se mencionan en la cédula real, en cambio la
previsión habla de sólo una corona y en la cédula, se refiere como
corona real.
Como se puede apreciar, para el monarca y el consejo de Indias, la
San Miguel inicialmente fundada era la misma donde “en la
actualidad” moraban los vecinos que habían participado en la
conquista. Para ellos el nombre de Piura era desconocido y por eso
no lo nombran.
Siglos más tarde, para darle mayor vistosidad al escudo, en Piura se
le agrega una cimera y un yelmo en la parte superior y lambrequines
a sus costados, con lo cual se hacía más bonito, pero al mismo
tiempo se le hacía perder mayor autenticidad.
En 1932 a iniciativa de don Enrique del Carmen Ramos, se suprimió la
torre conque figuraba en los escudos que se usaban por entonces y se
reemplazó por un castillo que era lo auténtico.
Hernando de Cevallos fue un noble español que llegó al Perú en la
expedición de don Pedro de Alvarado. Cuando viajó a España en la
delegación que envió Pizarro bajo la presidencia de Pedro Anzures de
Campo Redondo en 1536 para informar del levantamiento de los indios;
el cabildo de Lima lo nombró su personero ante la corte y lo mismo
hizo el de San Miguel.
La comitiva hizo el viaje por tierra de Lima a San Miguel y en Paita
se embarcó rumbo a Panamá para pasar luego a España.
Cevallos cumplió con éxito su misión y logró que se otorgasen los
escudos de armas. Al llegar al Perú se detuvo un tanto en San
Miguel, y luego pasó a Pirhúa. En Lima no encontró a Pizarro y tuvo
que ir a verlo al Cuzco, a donde había ido el conquistador, tras del
asesinato de Almagro permaneciendo en la ciudad imperial hasta el
retorno de Pizarro a Lima.
En marzo de 1541 Pizarro le otorgó la encomienda de Catacaos. Un
poco después de la muerte de Pizarro, el licenciado Vaca de Castro
le dio en setiembre de 1542 las encomiendas de Celica, Jaganambo,
Coqui y Paita que habían sido del conquistador.
Por si fuera poco, el mismo Vaca de Castro le dio la encomienda de
los indios jíbaros que pertenecía a Gonzalo Pizarro. Todo eso lo
obligó a tomar residencia en Piura. Cuando La Gasca llegó al Perú,
lo comisionó para que se entrevistara con Gonzalo Pizarro, a fin de
que éste se acogiera al perdón del rey y depusiera su actitud
rebelde. En esa tarea no logró éxito.
Hernán Cevallos actuó en España como procurador de los vecinos de
San Miguel y hay que suponer que algún tipo de datos o de
información complementaria diera a quienes elaboraron el texto de la
cédula real y así podría haber informado que ya el gobierno de San
Miguel no estaba en Tangarará, si no que se había trasladado a
Pirhúa, esto en caso de que se hubiera consumado el traslado. Por
otra parte, los vecinos al elaborar su memorial al rey, pudieron
cuando menos decir que se encontraban ya en una nueva ubicación,
pero en el texto de la cédula real no se menciona para nada a Piura
y en el mismo escudo solo figuran las letras S.M. Es decir, que
parece que fueron vecinos con residencia en San Miguel de Tangarará
los que nombraron procurador a Cevallos.
Es como si en España se
ignorase hasta ese momento la existencia de la palabra Piura o Pirhúa.
La causa bien pudo ser, por lo tanto cuando pasó Cevallos por San
Miguel, con dirección a España, todavía no había culminado el
traslado de los vecinos y del gobierno de Tangarará a Pirhúa |