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Carátula
Contenido
Prólogo
Capítulo
I
Capítulo
II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo
VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Galería de fotos
Bibliografía
Biografía de R. Moya E.
Página web
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CAPÍTULO II
Se prepara la Conquista
01.-
Antecedentes.
02.-
Pasan los años y se gana experiencia.
03.- El contrato.
04.- El Imperio del Sol.
05.- Los españoles en Paita.
06.- Pizarro y las capullanas.
07.-
Honores y
mercedes
08.- Francisquillo y Fernandillo.
09.- Juanillo de puerto Viejo.
10.- Contrato para la conquista
07.-
Honores y Mercedes
Al arribar Pizarro a Panamá, fue recibido por Almagro
alborozadamente y al oír el relato de su socio estimó que la empresa
era demasiado grande, como para seguir dependiendo del gobernador de
Panamá y era necesaria una autorización del mismo emperador. Luque
consideraba que debía enviarse a España al licenciado Del Corral que
era un hombre docto y acostumbrado a tratar con altas autoridades,
pero Almagro insistió que fuera el mismo Pizarro, para relatar a sus
majestades todo lo que había visto y oído. Este criterio prevaleció
y para financiar el viaje logró Almagro un préstamo de 1.500 pesos
en oro. Lo acompañó Pedro de Candia, los muchachos tallanes y
llevaron algunas llamas, los tejidos policromados de lana, y los
objetos de oro y plata.
Pizarro arribó a Sevilla y se encaminó a Toledo en
donde estaban los reyes. Allí fue el encuentro, entre el rapazuelo
pobre y analfabeto de antaño que había huido por temor al castigo; y
el más grande monarca de la tierra, el emperador Carlos V y su
esplendorosa corte de príncipes, duques y nobles de toda clase,
congregados en Toledo.
No una vez, sino en varías oportunidades, Carlos V
recibió al audaz aventurero para oír entusiasmado su relato, y luego
la descripción que con tanta imaginación hizo Candia de Tumbes, a la
que llamaba la Ciudad de Piedra, no sabemos por qué razón. El locuaz
Felipillo con su incipiente lenguaje castellano, hizo mucha gracia a
la reina madre doña Juana la Loca, y el ánimo de la corte quedó
predispuesto a favor de Pizarro.
Carlos V, tenía que seguir en sus infatigables
aventuras guerreras y en Toledo deja a su madre doña Juana a cargo
del gobierno y con la recomendación de atender a ese audaz
aventurero que venía a ofrecer un imperio más, allende el mar, a sus
ya dilatados dominios. Por eso doña Juana, conocida en la historia,
como “La Loca” es generosa en otorgar a Pizarro mercedes y honores.
Pizarro no sólo deseaba riqueza, sino poder y gloria.
Siendo un bastardo, quería ardientemente rebasar los niveles
sociales de su origen y títulos nobiliarios que satisficieran
su vanidad. Fue así como buscó lo máximo para él, y casi olvidó a
sus dos socios y a los demás compañeros de aventura. La historia lo
ha juzgado severamente por esta ingratitud hacia Almagro.
En Toledo, se entrevistó Pizarro con otro triunfador.
Su pariente, también de la provincia de Extremadura, el conquistador
de México, Hernán Cortés.
Con el aura del triunfo, y tras de haber logrado
tantas mercedes y firmado una suerte de convenio con los reyes, que
se conocen como Capitulaciones de Toledo, se dirigió Pizarro a su
ciudad natal. Ya no era el muchachito pobre que salió de allí años
atrás y cuya desaparición a nadie interesó. Ahora era un triunfador,
y así lo comprendieron todos sus hermanos, familiares y vecinos de
la ciudad de Trujillo, que adulonamente y con mil zalamerías lo
rodearon. Hernando Pizarro, el único hijo legítimo del clan Pizarro
es el primero en acercársele. Luego siguieron Gonzalo y Juan. El
conquistador embriagado de dicha, los enroló en mala hora en las
huestes que debían de venir al Perú. Hernando era orgulloso,
díscolo y pendenciero, y fue motivo de perturbación y un escollo en
las relaciones de Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Posiblemente
la historia del Perú hubiera tenido otro rumbo y no se hubieran
producido las sangrientas luchas intestinas entre los españoles, si
los Pizarro no hubieran venido. También vino con Pizarro Martín de
Alcántara, su hermano materno un hombre tranquilo, el más fiel de
todos los parientes, que murió defendiendo al conquistador cuando
éste fue atacado años más tarde, y muerto por los almagristas.
Posteriormente vendrían otros Pizarro: Diego, Cristóbal y Martín.
También fue de la partida el jovencito Pedro Pizarro.
La conmoción que la presencia de Francisco Pizarro
produjo en Trujillo queda patentizada por la cantidad de personajes
de todo nivel que decidieron también enrolarse en las fuerzas
expedicionarias del paisano, como Orellana el futuro descubridor del
Amazonas, el padre Valverde, fray Jerónimo de Loaiza primer
arzobispo de Lima, García Manuel de Carvajal fundador de Arequipa y
otros que tuvieron importante participación en los hechos de la
conquista.
Doña Juana, la madre de Carlos V, firmó en Toledo las
Capitulaciones en las cuales se autorizaba a Pizarro conquistar el
territorio americano del Mar del Sur, desde el río Santiago, hasta
200 leguas al sur. Se le nombraba gobernador y capitán general de
esa tierra con 750.000 maravedis de sueldo anual. Se le otorgaba el
título de adelantado de ese territorio, se le señalaba como ayuda de
costa mil ducados de renta de por vida. También se le nombraba
alguacil mayor. Se le autorizaba a levantar cuatro fortalezas y
conceder la tenencia de ellas a sus herederos. Se le daba la
donación de la isla de Flores, se le concedía el hábito de Santiago
aun cuando había pedido que se le concediera un marquesado, y además
según el historiador Porras Barrenechea, se otorgó a Pizarro la
facultad de repartir tierras y solares y otorgar encomiendas, lo que
era considerado como el más codiciado de los poderes.
Lo cierto es que recién por real cédula del 8 de mayo
de 1533, se da tal facultad a Pizarro de otorgar encomiendas, pero
previa tasación de tributos; de lo cual hizo caso omiso, entregando
a los indios como siervos y en depósito, según decía: “para que de
ellos os sirváis, en vuestras haciendas o labranzas, minas o
granjería”. Sin embrago, Pizarro haciendo uso y abuso de su poder,
desde que llegó a territorio tallán, repartió tierras y encomendó
indios.
Para Hernando de Luque, se ofreció gestionar ante el
papa el obispado de Tumbes y mientras tanto se le nombraba protector
de los indios del Perú, con mil ducados de renta. El obispado nunca
se materializó por que nunca se llegaron a pedir las bulas y en
cuanto al protectorado de los indios, lo perdió por que a causa de
sus achaques no pudo viajar de Panamá al Perú en la tercera
expedición de Pizarro. Total que Luque no logró nada de las
Capitulaciones.
Para Almagro sólo se obtuvo el título de adelantado
con salario anual de 100 mil maravedis además 200.000 por ayuda de
costa, al año y el título de hijodalgo.
A Bartolomé Ruiz, se le dio el título de piloto mayor
de mar del Sur con 65.000 maravedis de renta anual y el título de
escribano de Tumbes para un hijo suyo. Para los 13 compañeros de la
Isla del Gallo, se les concedía igual título que Almagro, se les
hacía hijodalgo y a los que lo fueren, se les reconocía como
caballeros de la Espuela Dorada.
A Pizarro se le autorizó también a usar el escudo
nobiliario de la familia, que para el caso del nuevo gobernador,
debía sufrir el agregado de un águila negra abrazando dos columnas,
que representaban a la ciudad de Tumbes, con una leyenda en latín
que decía: “Esto descubrió y pacificó con su espada bajo los
auspicios del Emperador Carlos V, el Capitán Pizarro”.
Se le autorizó a Pizarro a llevar a América 50
esclavos negros de los que, cuando menos un tercio serian mujeres.
Se le permitía sacar de España 150 expedicionarios y reunir otros
100 más en América, pero no más de 20 de Castilla de Oro (Panamá).
Debía llevar religiosos para adoctrinar a los indios.
La reina nombró a fray Reginaldo Pedraza de la orden
de Santo Domingo, para que reuniese los que convenían traer.
Como tesorero del Perú se nombró a Alfonso Riquelme, como contador a
Antonio Navarro y como veedor a García Salcedo. Como escribano se
nombró a Diego Isla.
Para la ciudad de Tumibamba, de la que había logrado
muy buenas referencias Pizarro por los tallanes, se nombró como
regidores de su futuro cabildo a Alonso Morán, Diego Ortiz de
Careaga, Bartolomé Grado, Rodrigo de Mazuelas y Diego de García.
Para regidores del cabildo de Tumbes, que no se llegó
a crear, nombraron a Martín de Montesinos, Pedro Hurtado, García de
Salcedo, Antonio Navarro, Alfonso Riquelme, Francisco de Cuellar,
Bartolomé Ruiz, García de Jerez, Domingo de Soraluce, Cristóbal de
Peralta, Juan de la Torre, Francisco Lucena y Pedro Candia, al cual
se hizo también artillero mayor.
Pizarro despachó desde España a Panamá un barco con
50 hombres adelante, los que llevaron noticias de la Capitulación de
Toledo. El egoísmo de Pizarro causó una amarga impresión entre los
otros dos socios, pero sobre todo en Almagro que se retiró a unas minas
con ánimo de abandonar la empresa, pero Luque lo calmó. Más difícil
fue aquietar al piloto Bartolomé Ruiz.
En febrero de 1530 llegó Pizarro al puerto de
Madre de Dios, y Almagro atravesó el istmo para recibirlo. Allí
conoció en detalle los acuerdos de la Capitulación y pudo apreciar
que su socio se había llevado la parte del león. Se produjo una
agria discusión entre ambos. El reclamo era que la gobernación bien
pudo ser para ambos y no sólo para Pizarro, pero éste aseguró que el
emperador se había negado a tal cosa y ante el temor de que no se
autorizara la empresa, tuvo que aceptar.
El problema se agravó por la presencia de los
hermanos Pizarro, que sentían verdadero odio por Almagro, y contra
cual no desperdiciaban oportunidad para vejarlo. El peor de todos
era Hernando el mayor, por su carácter altanero, violento y carente
de toda prudencia. Desde España, principió a ejercer sobre su
hermano Francisco, una influencia nefasta y casi como una tutoría.
Por lo tanto intrigaba Hernando contra Almagro y atizaba las
discrepancias. Pero era Almagro el que manejaba las finanzas de la
empresa, y sin eso prácticamente nada se podía hacer. Para evitar
que Almagro terminase por apartarse de la empresa como era
aconsejado por numerosos españoles que no toleraban a los Pizarro,
tuvieron que intervenir Luque y el licenciado Gaspar Espinosa. Fue
así como Francisco Pizarro se comprometió a no solicitar nueva cosa
para sí ni para sus hermanos hasta no lograr una gobernación para
Almagro a continuación de la suya. Todo el oro, la plata y joyas se
repartirían por igual entre los tres socios. La reconciliación se
produjo.
En esos momentos llegaron a Panamá dos navíos, con
algunos esclavos, que eran de propiedad de Hernando de Soto y
Hernando de Ponce de León. Fueron adquiridos los barcos por los
expedicionarios y se ofreció a Soto el grado de capitán y a Ponce de
León un buen repartimiento. |