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| Marzo |
| MARZO 16
SANTOS HILARIO, OBISPO Y TACIANO , DI�CONOS (284) Hilario de Aquilea fue educado desde su infancia en el cristianismo. Renunci� al comercio con el mundo para dedicarse al estudio de las Sagradas Escrituras. Fue ordenado di�cono y, m�s tarde, a instancias de sus compatriotas cristianos, fue consagrado obispo. Gobern� con sabidur�a y prudencia a su reba�o, El fue quien orden� di�cono a un disc�pulo suyo, por nombre Taciano, para que le ayudara en su ministerio. El c�sar Numeriano promulg� un edicto que obligaba a los cristianos a adorar a los �dolos, estuvo encargado de su ejecuci�n Beronio, prefecto de la ciudad. A instigaci�n de un tal Monofanto, sacerdote de los �dolos, Hilario y su di�cono Taciano fueron los primeros que comparecieron ante el prefecto. SS les hizo saber que deb�an obedecer a las �rdenes del emperador. -�Desde mi infancia, dijo Hilario a Beronio, he aprendido a sacrificar al Se�or, al Dios Vivo y adoro sin cesar a Jesucristo su Hijo. Pero a los demonios vanos y rid�culos que llam�is dioses y no lo son, no les ofrezco sacrificio alguno�. En vano trat� Beronio de dominarlo con amenazas; no surtieron �stas el menor efecto. Sin ning�n resultado tampoco, condujo a Hilario ante la estatua de H�rcules en su templo suntuoso. El obispo no tuvo m�s que desprecio y desd�n por esos dioses hechos por mano de hombres y que no pod�an hablar ni caminar. Entonces, Beronio lo hizo despojar de sus ropas y azotar con varas. Despu�s mand� que lo extendieran en el caballete y que destrozaran sus costados con garfios hasta que aparecieran las entra�as, Hilario no cesaba de cantar himnos del Se�or en medio del suplicio. Beronio orden� que se multiplicaran y variaran los suplicios. Despu�s lo encerr� en una prisi�n para aplicarle m�s tormentos a�n. Al d�a siguiente, denunciaron ante el prefecto a Taciano, el di�cono del obispo Hilario. Taciano tuvo que comparecer ante Beronio, pero todas las tentativas para hacerle sacrificar a los dioses fueron igualmente infructuosas, Los mismos tormentos aplicados a Hilario, fueron renovados en su persona. Cuando se reuni�n con Hilario en la prisi�n, �ste le salud� con alegr�a y los dos oraban juntamente al Se�or para que confundiera a los que adoraban a los �dolos. Una terrible tormenta se desencaden� en la ciudad e infundi� espanto a los paganos de Aquilea. Muchos murieron de la sola impresi�n. El templo de H�rcules se derrumb� hasta los cimientos. Beronio dio orden de decapitar a Hilario y a Taciano, a petici�n de los sacerdotes de los �dolos, Con ellos fueron inmolados otros cristianos que tambi�n hab�an sido detenidos por el nombre de Cristo. Se llamaban, F�lix, Largo y Dionisio. Todos murieron el 16 de marzo. Al d�a siguiente, el clero y los fieles consiguieron autorizaci�n para recoger sus cuerpos y enterrarlos con honores fuera de los muros de la ciudad. En los manuscritos del Martirologio Jeronimiano se encuentran s�lo los nombres de Hilario y Taciano. Este �ltimo nombre se encuentra en diversas formas: Taciano, Casiano, Daciano. Las actas de estos m�rtires que vienen en el Acta Sanctorum del 16 de ma5rzo, est�n consideradas como leyenda y de una �poca muy posterior. �P. Allard, Hist. Des pers�c., vol III p. 229 MARZO 29 SANTOS MARCOS Y CIRILO, DI�CONO (365) La Iglesia oriental conmemora en este d�a a San Marco, obispo de Aretusa en el Monte L�bano, Baronio, en el Martirologio Romano, substituy� a San Cirilo de Heli�polis, excluyendo a Marco como a un maestro de dudosa ortodoxia. La confesi�n de fe de San Marco es en s� misma intachable, pero entre los anatemas que le siguen hay un pasaje ambiguo que puede f�cilmente entenderse en sentido her�tico. Probablemente se debe a que ha sido incorrectamente transmitido y los bolandistas han vindicado la ortodoxia del obispo. De todas maneras, los encomios que le tributan a San Gregorio Nazianceno, Teodoro y Sozomeno al relatar sus sufrimientos, nos hacen concluir que aun cuando se manch� en alg�n tiempo con el semi-arrianismo, se adhiri� en seguida a la estricta ortodoxia y expi� completamente cualquier anterior vacilaci�n. Durante el reinado del emperador Constantino, Marco de Aretusa demoli� un templo pagano y construy� una iglesia, convirtiendo a muchos a la fe cristiana. Al hacer esto, se granje� el resentimiento de la poblaci�n pagana, que, sin embargo, no pudo vengarse mientras el emperador fuera cristiano. Su oportunidad lleg� cuando Juliano el Ap�stata ocup� el trono y proclam� que todos aquellos que hubieran destruido templos paganos deber�an reconstruirlas o pagar una fuerte multa. Marco, que no pod�a ni quer�a obedecer, huy� de la furia de sus enemigos, pero enter�ndose de que algunos de sus fieles hab�an sido aprehendidos, regres� y se entreg�. El anciano fue arrastrado por las cabellos a lo largo de las calles, desnudado, azotado, arrojado en una sentina de la ciudad y despu�s entregado al arbitrio de j�venes escolares para que lo punzaran y desollaran con agudos estiletes. Ataron sus piernas con correas tan apretadas, que le cortaron la carne hasta el hueso, y le arrancaron las orejas con peque�os cordeles. Finalmente, lo untaron de miel y encerr�ndolo en una especie de jaula, lo suspendieron en alto al medio d�a, bajo los ardientes rayos del sol de verano, para que fuera presa de avispas y moscones. Conserv� tanta calma en medio de sus sufrimientos que se mof� de sus verdugos por haberlo elevado m�s cerda del cielo, mientras ellos se arrastraban sobre la tierra. A la larga, la furia del pueblo se torn� en admiraci�n y lo dejaron en libertad, en tanto que el gobernador acud�a a Juliano para recabar el perd�n. Eventualmente, el emperador lo concedi�, diciendo que no era una deseo dar m�rtires a los cristianos. A�n lo ret�rico pagano, Libanio, parece haberse dado cuenta del que la crueldad que provoc� tal hero�smo solamente fortaleci� la causa cristiana, e implor� a los perseguidores que desistieran en su persecuci�n. Nos cuenta el historiador S�crates que la poblaci�n de Aretusa qued� tan impresionada con la fortaleza del obispo, que muchos pidieron ser instruidos en una religi�n capas de inspirar tal firmeza, y que muchos de ellos abrazaron el cristianismo. As� Marco fue dejado en paz hasta el fin de su vida y muri� durante el reinado de Joviano y el de Valente. San Cirilo fue di�cono de Heli�polis, ciudad cercana al L�bano. Durante el reinado de Constancio, destruy� muchos �dolos y se mereci� el odio de la poblaci�n pagana. Al advenimiento de Juliano, los paganos se lanzaron contra �l y le dieron muerte, desgarr�ndole el vientre y, seg�n se cuenta, devor�ndole el h�gado. Ver el Acta Sanctorum, marzo, vol. III y Delehaye, Synax. Constant., pp. 565568. |
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