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| MAYO 5
SAN MAURUNCIO (701) San Mauruncio naci� en Flandes el a�o 634. Era el hijo primog�nito de San Adalbaldo y Santa Gertrudis. Pas� su juventud en la corte del rey Clodoveo II y de la reina Batilde, donde ocup� varios cargos de importancia. A la muerte de su padre, volvi� a Flandes a poner en orden los asuntos de su casa y a hacer arreglos para su propio matrimonio. Pero Dios le ten�a escogido para la vida religiosa: El instrumento del que se vali� para guiar al joven hacia su verdadero camino fue San Amando, obispo de Maestricht, que viv�a entonces retirado en el monasterio de Elnone. El santo prelado predic� un serm�n que impresion� tan profundamente a Mauruncio, que decidi� retirarse al punto al monasterio de Marchiennes. En dicho monasterio se le confiri� el diaconado. El santo construy� en sus tierras de Merville de la di�cesis de Th�rouanne la abad�a de Breuil, de la que fue primer abad. Cuando el rey Thierry III desterr� de Sens a San Amado y le mand� retirarse a Breuil, San Mauruncio, que ten�a en alta estima a San Amado, le cedi� el puesto de superior y le prest� obediencia hasta su muerte, ocurrida el a�o 690. Entonces San Mauruncio reasumi� las funciones abaciales. Santa Rictrudis, en su lecho de muerte, confi� al santo la supervisi�n del doble monasterio de Marchiennes, del que era abad Santa Clotsinda, hermana de San Mauruncio. El santo se hallaba en Marchiennes, cuando le sobrecogi� una enfermedad que le llev� al sepulcro. El art�culo sobre San Mauruncio (Acta Sanctorum, mayo, vol II) se basa casi exclusivamente en la biograf�a de Santa Rictrudis; cf. nuestro art�culo sobre dicha Santa (12 de mayo). MAYO 29 SAN SISINIO, DI�CONO: MARTIRIO, LECTOR Y SU HERMANO ALEJANDRO, M�RTIRES (397) Entre los numerosos extranjeros que viv�an en Mil�n durante el reinado de Teodosio el Grande, se contaban tres capadocios: Sisinio y los hermanos Martirio y Alejandro. San Ambrosio les profesaba tal estima, que los recomend� a San Vigilio, obispo de Trento, quien ten�a gran necesidad de misioneros. Sisinio recibi� el diaconado y Martirio el lectorado. San Vigilio confi� a los tres misioneros la evangelizaci�n de los �lpes tiroleses, donde el cristianismo hab�a hecho muy pocos progresos. El campo de sus labores fue el valle de Anaunia (Val di Non), donde, a pesar de la oposici�n y los malos tratos de que fueron objeto, ganaron numerosas almas. Sisinio construy� una iglesia en el pueblecito de Methon o Medol y en ella complet� la instrucci�n de los ne�fitos. Los paganos, furiosos al ver el �xito de los misioneros, resolvieron obligar a los cristianos recientemente bautizados a participar en una de sus celebraciones. Sisinio y sus compa�eros se opusieron a ello; los paganos los atacaron en la iglesia y los golpearon tan ferozmente, que Sisinio muri�. Tambi�n Alejandro cay� en manos de los paganos, quienes intentaron hacerle abjurar de la fe, mientras quemaban los cuerpos de sus compa�eros. Como todos sus esfuerzos resultasen in�tiles, le arrojaron en la misma hoguera. Los fieles recogieron las cenizas de los m�rtires y las llevaron a Trento. San Vigilio erigi� m�s tarde una iglesia en el sitio en que los m�rtires hab�an perecido. En Acta Sactorum, mayo, vol. VII, pueden verse las actas de Sisinio Se trata de un documento de muy reducido valor hist�rico; pero el hecho del martirio de estos santos est� fuera de duca, pues se conservan las cartas de San Vigiolio al obispo de Mil�n y a San Juan Cris�stomo. Tambi�n San Agust�n y San M�ximo de Tur�n hablan de estos m�rtires. |