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| NOVIEMBRE 1�.
SAN CESARIO DI�CONO Y JULIAN M�RTIRES (FECHA DESCONOCIDA) Las �ACTAS� de estos m�rtires no son aut�nticos. Suprimiendo algunos milagros estereotipados, Alban Butler las resume as�: Exist�a en Terracina, Italia, la b�rbara costumbre de que, en ciertas ocasiones solemnes, un joven se ofreciese voluntariamente en sacrificio a Apolo, que era el dios tutelar de la ciudad. Tras un peri�do en el que el pueblo satisfac�a todos los caprichos del joven elegido, �ste se ofrec�a como v�ctima y se arrojaba al mar desde un acantilado. Cesario, que era un di�cono africano, presenci� en cierta ocasi�n la escena, y no pudiendo contener su indignaci�n, habl� abiertamente contra tan abominable superstici�n. El sacerdote del templo le mand� arrestar y le acus� ante el gobernador. Al cabo de dos a�os de prisi�n. Cesario fue condenado por el gobernador a ser arrojado al mar en un saco, junto con un sacerdote cristiano llamado Juli�n. Aunque no sabemos qu� fue lo que realmente sucedi�, lo cierto es que los nombres de San Cesario y San Juli�n figuran en los martirologios primitivos. En Roma hubo desde el siglo VI una iglesia consagrada a San Cesario, que es actualmente un t�tulo cardenalicio. V�ase Acta Sanctorum, nov., vol., I, donde hay cuatro diferentes versiones de las actas y la par�frasis griega de una de ellas. La iglesia de San Cesaro est� en el Palatino. Se ha dicho que fue erigida en ese barrio imperial porque el nombre del santo recordaba el de los c�sares. V�ase Delehaye, Origines du culte des martyrs, pp. 308-409; Lanz�n, Revista di archeologia cristiana, vol. I pp. 146-148; D�chesne, Nuovo bullettino di arch. crist., 1900, pp 17 ss.; y J.P. Kirsch Des Stadtrr�mische Fest.Kalender, p. 208. TIRSO DI�CONO-PREDICADOR (�S.III?). NOVIEMBRE 1�. En la biograf�a de San Benigno de Dijon encontramos la menci�n del Di�cono Tirso enviado a predicar en las Galias. SAN BENIGNO DE DIJON, M�rtir (�Siglo III?) Aunque el Martirologio Romano afirma que San Benigo fue disc�pulo de San Policarpo en Esmirna y que fue martirizado en Dijon, durante el reinado de Marco Aurelio, Alban Butler s�lo se atreve a decir que fue un misionero romano que sufri� el martirio de Dijon, �probablemente en el reinado de Aurelio�. Pero aun esto es demasiado, ya que no sabemos d�nde naci� San Benigno, y la fecha que Butler fija es, probablemente, bastante posterior. No es imposible que San Benigno haya sido disc�pulo de San Ireneo de Lyon y que le hayan martirizado en Epagny. Aunque m�s tarde empez� a vener�rsele en Dijon, lo ciero es que, a principios del siglo VI, no se le conoc�a ah�. San Gregorio de Tours dice que, en aquella �poca, los habitantes de Dijon veneraban una tumba, y que su bisabuelo San Gregorio, obispo de Langres, opinaba que en ella estaba enterrado un pagano; pero un �ngel le revel� milagrosamente en sue�os que era el sepulcro del m�rtir San Benigno. As� pues, Gregorio de Langres restaur� el sepulcro y construy� una bas�lica sobre �l. El obispo no sab�a nada sobre la vida del m�rtir, pero ciertos peregrinos que ven�an de Italia le regalaron una copia de �La pasi�n de San Benigno�. Es muy poco probable que tal documento haya sido redactado en Roma, ya que, en realidad, el estilo de esa obra indica m�s bien que fue escrita por un contempor�neo de Gregorio de Langres en Dijon y es enteramente espuria. �La pasi�n de San Benigno� refiere que San Policarpo de Esmirna tras la muerte de San Ireneo (quien en realidad muri� cincuenta a�os despu�s de San Policarpo), vio una aparici�n del santo. A ra�z de ella, envi� a dos sacerdotes, Benigno y Adoquio, as� como al di�cono Tirso, a predicar el Evangelio en las Galias. Tras un naufragio en C�rcega, donde se uni� al grupo San And�olo, los misioneros desembarcaron en Marsella y se dirigieron a la Costa de Oro. En Autun los hosped� un tal Fausto, y San Benigno bautiz� a San Sinforiano, el hijo de su hu�sped. Los misioneros se separaron ah�. San Benigno convirti� en Langres a Santa Leonila y a sus tres nietos gemelos (cf. Sn Espeusipo, 17 de enero). Despu�s se traslad� a Dijon, donde predic� con gran �xito y obr� muchos milagros. Al estallar la persecuci�n al juez Terencio denunci� a Benigno ante el emperador Aureliano, quien estaba entonces en la Galia. (Por consiguiente, el martirio de San Benigno tuvo lugar unos cien a�os despu�s de la muerte de San Policarpo). El santo misionero fue aprehendido en Epagny, cerca de Dijon. Tras sufrir numerosos tormentos y pruebas, a las que opuso otros tantos milagros no menos extraordinarios, el verdugo le deshizo la cabeza con una barra de hierro y le perfor� el coraz�n. El cad�ver fue sepultado en una tumba que semejaba un monumento pagano para enga�ar a los perseguidores. Mons. Duchesne ha demostrado que esta leyenda constituye el primer eslab�n de una cadena de novelas religiosas, escritas a principios del siglo VI, con el objeto de describir los or�genes de las di�cesis de Autun, Besancon, Langres y Valence (los santos Andoquio y Tirso, Ferr�olo y Ferrucio, Benigno, F�lix, Aquileo y Fortunato). Tales obras no merecen el menor cr�dito y aun la existencia hist�rica de los m�rtires es dudosa. En Acta Sactorum, nov., vol. I, hay seis versiones diferentes de La pasi�n de San Benigno. Adem�s del comentario de los bolandistas, v�ase D�chense, Fastes Episcopaux, Vol. I, pp. 51-62. y Laclercq, en DAC., vol., IV, cc.835-849. |
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