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propuesta Socialista Por la Revolución Socialista Mundial |
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Editorial: Un país fracturado. Nota de tapa: El 26 no puede ser otro tiro al aire contra el TLC. Tema central: ¿Adónde va Costa Rica con el TLC?. Panorama nacional Para que tantas mechas si quedaron despelucados. La educación es un derecho. ¡La admisión sobra!. Panorama internacional ¿Qué nueva estrategia en Irak?. ¿Engañados por segunda vez? De Irak a Irán. Socialismo del siglo XXI. ¿Socialismo? "Francia amenazó con su veto en la ONU si aparecía la violación de los DDHH". Marihuana. Hoy es el mayor cultivo comercial en EEUU. Espacio permanente de la mujer La posición de las mujeres socialistas en el Día Internacional de la Mujer. Declaración |
Nota de contratapa Nahuel Moreno: a 20 años del adiós |
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En el mes de enero de este año se cumplieron 20 años de la muerte de Nahuel Moreno, fundador de la LITci y gestor, desde 1944, en Argentina, de lo que se conoce como "corriente trotskista morenista". Dado que el POScr es parte de esa historia, publicamos la intervención de Jorge Guidobono de la Liga Socialista Revolucionaria de Argentina en la conferencia nacional del Movimiento Al Socialismo de Argentina, también fundado por Moreno. En primer lugar le agradezco a los compañeros la invitación y el poder participar en un debate que tiene que ver con buena parte de mi vida. Quiero empezar por decir algo muy preciso. Yo que, precisamente, no provengo del morenismo sino que provengo del posadismo en Uruguay, del dirigente vivo que más aprendí en forma directa, fue de Moreno. A la vez, aprendí lo que hay que hacer y también lo que no hay que hacer (quizá visto esto 20 o 30 años después). En segundo lugar, quiero decir que yo, personalmente, no me considero ni me consideré nunca "morenista": no creo que el morenismo sea una corriente de pensamiento que tenga una entidad y una identidad que le dé trascendencia -tampoco Mandel, Lambert, Maitán, Posadas, Healey-. Creo que se le dio gran trascendencia a corrientes de pensamiento muy precarias que dio el movimiento trotskista en su marginalidad en la posguerra. Esto lo uno a lo que dije primero: Moreno es la persona, el dirigente trotskista de quien más aprendí, de lo que hay que hacer y también de lo que no hay que hacer. Pero quiero también tomar el problema desde un poco más atrás. Para mí no hay posibilidad de hacer un balance de nada si no es de tipo materialista. Hace algo más de un mes, un compañero me preguntó, en una reunión, por qué después de Trotsky no surgió ningún gran dirigente. Y yo le respondí, "simplemente, porque la lucha de clases no lo dio"; y porque hay una sociedad cada vez más agotada. Mientras a comienzos del siglo XX pululaban los grandes dirigentes, después de la inmensa derrota de las décadas de 1920 y 1930, no existen grandes dirigentes revolucionarios. ¿Es sólo una casualidad, un problema arbitrario? No, no es arbitrario. Tiene que ver con que ha habido una derrota histórica en los años ’20 y ’30, que significó el aplastamiento de la revolución rusa. No por sus errores, fundamentalmente -los errores son subsidiarios-, sino por la violencia contrarrevolucionaria del imperialismo mundial que durante años mantuvo a la URSS en la guerra más violenta a lo largo de 14.000 km de fronteras y con ocho ejércitos contrarrevolucionarios interviniendo. O somos materialistas, o creemos que el problema es "ideológico". Había una fuerza descomunal atacando a la revolución. Y a partir de eso -del aislamiento, de la derrota de la revolución europea, de que queda exangüe la revolución rusa- se generan los acontecimientos posteriores, y puede pasar todo lo que pasó. Pero no es la "idea" ni la "palabra" lo que está en el origen de los problemas: es la materia. Y la materia fue la acción consciente del imperialismo mundial contrarrevolucionario para aplastar a la revolución rusa, que tenía efectos deletéreos para ellos sobre toda Europa. Y el trotskismo fue -un compañero lo dijo recién- el "hilo rojo" que permitió mantener, contra la corriente contrarrevolucionaria del nazismo y del estalinismo, el tenue hilo rojo con Octubre y con el leninismo (tomado en un sentido amplio). Moreno es, sin dudas, parte de eso. Y es también parte de la crisis más general del movimiento trotskista que sufrió no un problema ideológico sino la presión material descomunal que significó el triunfo de la URSS en la segunda guerra mundial, que convirtió al estalinismo en una fuerza material de masas -contrarrevolucionaria- con un peso descomunal en particular en Europa pero también en América Latina. El Partido Comunista brasileño, por ejemplo, sacó votaciones descomunales en San Pablo y Río de Janeiro en 1946. En Uruguay, el PC sólo logró recuperar la votación de 1946 en 1971. Fue un fenómeno mundial. Mientras el trotskismo, debilitado, surgido contra la corriente, fue "arrastrado" por la corriente en la adaptación al estalinismo. No es que Pablo, Posadas, Maitán y toda esa gente, inventaron el absurdo de los "estados obreros deformados"… estados donde no se produjo una revolución. Un estado obrero de transición al socialismo es como un niño: tiene que nacer de un parto. Un estado obrero es imposible que nazca si no es de una revolución. Entonces, aquel engendro absurdo -los "estados obreros deformados"- llevado a ideología, tiene que ver con la adaptación de una corriente de masas predominante en Europa. El estalinismo -a diferencia de lo que Trotsky previó- surgió de la segunda guerra mundial, como una corriente de masas como una potencia triunfadora. Y como una multiplicación sideral del agente contrarrevolucionario en el movimiento obrero. Eso marcó el comportamiento del movimiento trotskista durante muchas décadas, como mínimo hasta 1968. Yo empecé a militar en Uruguay, donde tenía mucho peso el estalinismo. Y la primera hora de conversación con cualquier activista había que dedicarla a explicar que no éramos agentes de la CIA. Hoy parece ridículo, pero era así. Eso empieza a cambiar con el Mayo Francés y, en alguna medida, con el boom económico de la segunda posguerra. Para mí, en la absoluta debilidad del trotskismo, el inmenso mérito del trotskismo es haberse mantenido como un hilo de continuidad con Octubre. Un hilo tenue, absolutamente tenue. Y, al mismo tiempo, haberse mantenido -como no podía ser de otra manera- en forma marginal. Porque la clase obrera europea era estalinista, comunista, algunos eran socialistas… Y en América Latina y buena parte del mundo, el trotskismo seguía a los movimientos nacionalistas burgueses. El problema de terminar con la "externalidad" en la Argentina de hace 40-50 años, significaba -lisa y llanamente- hacerse peronista. El intento se hizo: y se salió de él con los huesos rotos. Quienes hicieron el mismo intento más tardíamente, salieron con los huesos más rotos aún. Mi reflexión es que hay una existencia que determina la conciencia, y no al revés. El problema -y yo he tenido muchos problemas con Moreno- es que no me parece correcto "saldar cuentas" (como decía muy bien hoy Nora Ciapponi). Y no me parece bien pese a que ha habido errores descomunales y garrafales. Pero, ¡ojo!, parte de esos errores descomunales y garrafales, como "1982, empieza la revolución", no hay que cargárlos sólo a Moreno. Yo no lo hago. Porque Nora [Ciapponi], Roberto [Fanjul], Ernesto [González], Aldo [Casas], yo -y unos cuantos más- somos igualmente responsables. […] Por supuesto, había elementos contradictorios: siempre hay elementos contradictorios en la realidad. Pero esos elementos contradictorios no podían negar que no había revolución alguna. En primer lugar porque estaba intacto el aparato armado de los enemigos. Y una revolución no existe sin destruir -o como mínimo, terminar con- el monopolio de la violencia por parte del enemigo de clase. Bueno, acá, no hubo nada de eso… Buena parte de los que somos veteranos -yo estuve en casi todas las reuniones-, no podrán recordar una oposición sistemática a Moreno. Como mínimo -pese a haber encabezado una fracción política en 1979- yo me hago cargo (corresponsable) de eso en primer lugar. Si no, está mal… Es acreditar el horror de la "camarilla de los tres" con que empezó el estallido del MAS. Yo no quiero eso. Ése no es un método proletario; no es un método comunista. El balance de Nahuel Moreno, de sus errores, de sus limitaciones, tiene que hacerse en ese contexto. En el contexto de que el país era peronista; y de que, en buena medida, sigue siendo peronista. De lo contrario caemos en una discusión metafísica: "ir a la clase obrera, terminar con la externalidad…". Terminar con la externalidad hace 15 o 20 años era hacerse peronista. Eso hizo Montoneros, el Peronismo de Base, un montón de gente que terminó destruida… Siendo mucho más joven, yo le reconozco dos grandes méritos a Moreno. El primero es que, habiendo sido parte de la misma corriente que en la década de 1960 apuntó hacia la guerrilla, Moreno fue capaz de detenerse al borde del precipicio: primer gran mérito que no era fácil en esa época. (Ricardo Napurí u otros que son mayores lo pueden tener bien presente.) Y el segundo gran mérito de Moreno es haberse plantado frente a Perón. Si esta corriente existe, es por eso. Al mismo tiempo, haberse plantado "contra la corriente" hizo que, inevitablemente, todas las personas que captó el PST [Partido Socialista de los Trabajadores] tuvieran, en buena medida, elementos sectarios. Porque no hay posibilidad de mantenerse vivo cuando hay una corriente de masas imponente en contra, si no es con un gran componente de sectarismo. Ésa es la realidad, ésa es la materia. Seguramente -Moreno lo reconocía, por lo menos verbalmente- debimos haber actuado mejor. Pero es, en un sentido, una conclusión post factum. Hubo corrientes de masas que hicieron muy dificultoso el trabajo del trotskismo en la Argentina. En primer lugar, el peronismo; en segundo lugar, el foquismo. Y sin embargo se logró armar -sobre las bases que sentó Moreno; y queda claro que no estoy haciendo algún tipo de "culto a Moreno"- un partido trotskista que fue referencia en la izquierda de todo un país. Hace un rato recordábamos con Nancy [de Uruguay], que desde que yo empecé a militar 36 años atrás nunca logramos salir -desgraciadamente- de la marginalidad. Y en muchos otros países nos pasa exactamente lo mismo. Hay que preguntarse -junto a la crítica de fondo a Moreno- qué excepcionalidad hizo que el movimiento trotskista -y en particular el dirigido por Moreno- fuera capaz de ser el referente político y el principal partido de la izquierda en la Argentina… por muchos errores que se hayan cometido y que haya que corregir. |
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