propuesta Socialista

Por la Revolución Socialista Mundial

Nota de contratapa

A 66 años del asesinato de Trotsky

Al escribir el contenido de esta página, no tenemos la intención de transformarla en un panegírico de Lev Davídovich Bronstein, más conocido como León Trotsky, asesinado en la casa que habitaba en el barrio de Coyoacán, México DF, el mes de agosto de 1940 por el español Ramón Mercader, sicario de Josif Vissarionovich más conocido como José Stalin.

Lo que pretendemos es esbozar una hipótesis que permita relacionar al individuo, su actividad en la historia y la resultante política y social de todo ello. (Por pura casualidad, escribimos esto cuando se difunde la noticia de la internación de Fidel Castro en un hospital para ser sometido a una operación).

A lo largo de su vida, Trotsky ha sido un heterodoxo en tanto la lucha de clases no ponía los términos de la situación en blanco o negro, revolución o contrarrevolución. Sus enfrentamientos y diferencias Lenin, son un ejemplo de cómo dos grandes figuras de las luchas sociales pueden hacer historia sin que sea condición necesaria la plenitud de acuerdos y coincidencias, sin echar mano de aquello ya clásico de “comandante ordene”.

1905 y 1917, fueron dos grandes enseñanzas para todos aquellos que no recurren a la auto proclamación revolucionaria como forma de resolver las contradicciones. Fueron años de revoluciones y, en esas circunstancias, la obligación de un revolucionario es estar ahí, resolviendo los aspectos prácticos que plantea la dramática coyuntura, en vez de estar discurriendo acerca de tal caracterización o tal aspecto teórico como elementos de diferenciación. Trotsky estuvo ahí, en frente único con Lenin y ni uno ni el otro exigió autocríticas y ambos estuvieron de acuerdo en asumir papeles de primera importancia. No está mal que la izquierda (término muy vago, por cierto) de hoy día, pueda aprender de todo ello. No caben dudas que su aporte a la historia de la humanidad es colosal.

Tal combinación de aspectos en Trotsky, hacían de este un adversario de enorme importancia; era el hombre a vencer. Su interpretación de que el futuro de la humanidad, en la medida que se consolidara en la joven revolución rusa la casta burocrática estalinista, era la contrarrevolución, lo transformó en un escollo que había que eliminar (de acuerdo al modo de resolución de los conflictos que tiene la burguesía) para poder echar a andar el proyecto de “socialismo en un solo país”.

Pero, en realidad, Trotsky pudo ser asesinado como consecuencia del acuerdo estratégico entre la camarilla stalinista y la burguesía imperialista. Acuerdo que fue posible como resultado de la derrota de las revoluciones europeas de entonces y del consiguiente ascenso al poder de los representantes del fascismo.

Asesinado Trotsky, no fue posible, históricamente, reconstruir aquella dirección que llevó adelante la Revolución Rusa, primer ensayo serio de sociedad socialista. Hoy la humanidad se debate entre el socialismo o la barbarie; si no ha decidido suicidarse, deberá recrear nuevos Trotsky, nuevas direcciones socialista-revolucionaria. Un triunfo en Medio Oriente, puede reabrir las puertas del progreso humano y será continuar el camino del autor de la Revolución Permanente.

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